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OPINIÓN

El tímido auge de la inteligencia

04/12/2018
A lo largo de la Historia se han producido sucesivos acontecimientos que han cambiado el paradigma de la seguridad en un sentido amplio. No hace falta remontarse a la Paz de Westfalia; tenemos referencias más cercanas como el final de la Guerra Fría o, la más reciente, los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Con la eclosión de las amenazas en la Red, parece que cada vez nos encontramos más cerca de ese hito que finalmente inaugure una nueva etapa en torno a la seguridad y defensa nacionales. Vivimos en un escenario cambiante con algunos riesgos impredecibles que se ha venido a popularizar como VUCA (siglas de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, de su traducción del inglés), para el cual resultan también necesarias todas las herramientas posibles para tratar de anticiparse a lo que está por venir. En ese sentido, la generación de inteligencia es un recurso de gran valor que muy pocas empresas han alcanzado a ver todavía.

La inteligencia, entendida como la generación de conocimiento para la toma de decisiones, representa una herramienta inestimable para el desarrollo y crecimiento de las organizaciones. En el caso de la seguridad o de la economía, proporciona mejores elementos de juicio no solo en el ámbito de la protección, sino también en el del propio negocio. Contribuye a descifrar dónde se encuentran los riesgos y amenazas de una acción concreta y cuáles son las opciones más adecuadas para no errar en las resoluciones de la alta dirección. No se trata de adivinar el futuro, sino de contar con todos los elementos posibles para adoptar una decisión. 

Desde hace tiempo, los especialistas en seguridad defienden la conveniencia de alinear la actividad de sus departamentos dentro de las empresas con el propio negocio. Es decir, sus acciones deben estar orientadas a la consecución de los objetivos económicos de la compañía. La inteligencia contribuirá a este cometido sin duda, por lo que las organizaciones han de contemplarla como una nueva disciplina a desarrollar, bien sea con la creación de departamentos o unidades específicas, bien a través de los servicios de proveedores realmente especializados (también es cierto, en torno a esto último, que la palabra “inteligencia” se ha convertido en un término del que se abusa con objetivos comerciales).

Como señalábamos, son pocas las empresas que actualmente apuestan por la generación de inteligencia como uno más de sus procesos. Por lo general se trata de organizaciones de gran tamaño que, incluso, han incorporado a sus plantillas a especialistas pertenecientes a la comunidad de inteligencia, entre ellos antiguos miembros del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Esa dinámica debe trasladarse a otras compañías que, a pesar de su capacidad, todavía no la han añadido a sus departamentos de Seguridad; e igualmente a otras empresas que cuentan con menos recursos pero que pueden obtenerla a través de la contratación de servicios de inteligencia (insistimos, teniendo claro que se trata de proveedores realmente acreditados para ello).

En definitiva, la inteligencia está experimentando un tímido auge que probablemente irá a más en los próximos años ante la necesidad de contar con conocimiento de valor para tomar decisiones en un entorno tan cambiante. Y también para contribuir a la seguridad nacional mediante la colaboración público-privada que se pueda establecer con organismos como el CNI o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Sería un paso más en aquel proyecto iniciado por el propio CNI, poco después de su creación, cuyo objetivo era trasladar una "cultura de inteligencia" a la sociedad, que hasta el momento solo ha tenido visibilidad en el mundo académico.

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