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OPINIÓN

Encontrar el equilibrio

23/09/2014
El año 2014 está siendo uno de los peores que se recuerdan para la aviación civil.

 En los últimos meses, destacan especialmente la desaparición de una aeronave comercial en extrañas circunstancias en el océano Índico, el accidente en Mali atribuido a las malas condiciones atmosféricas y el derribo de un avión en Ucrania, que será recordado como uno de los episodios más oscuros del transporte aéreo. En tierra, también recientemente, Estados Unidos ha decretado la máxima alerta para sus aeropuertos ante la posibilidad de un ataque yihadista, a lo que se ha sumado la expansión del Ébola en África, que ha obligado a establecer protocolos de seguridad específicos en los aeródromos.

Todos estos sucesos no hacen que varíe la consideración del avión como la manera más segura de viajar, pero su impacto en la opinión pública es enorme por el número de víctimas mortales que se producen. Las autoridades aeroportuarias trabajan incesantemente en la búsqueda de medidas de seguridad que hagan frente a todas las amenazas posibles, como queda patente con las constantes revisiones de los protocolos y medidas de seguridad en el seno de la Unión Europea. En España, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) está llevando a cabo diferentes trabajos para adaptar en este país los cambios que se avecinan vía Reglamentos y Decisiones de la Comisión Europea; especialmente en lo referente a las medidas de detección de explosivos, tanto para viajeros como para carga, o a la formación de los profesionales de la seguridad en este entorno.

Esos cambios normativos han tenido, por otra parte, una repercusión en los costes de las empresas de seguridad privada que prestan servicios en los aeropuertos españoles. A mayores amenazas para la aviación, mayores son las exigencias a las que se ven sometidas estas compañías por parte de los operadores, lo que requiere un esfuerzo en recursos que, en la situación económica actual, representa un esfuerzo nada fácil de asumir. La participación del sector privado en la seguridad aeroportuaria es imprescindible para garantizar la protección de los pasajeros y la carga, pero el peso presupuestario resta interés para las empresas. 

Aunque los niveles de seguridad se han mantenido constantemente al margen de vicisitudes económicas, a operadores y compañías no les queda más remedio que acercar posturas para, por un lado, mantener un servicio a los pasajeros con las mayores garantías de seguridad y comodidad y, por otro, seguir apostando por los aeropuertos como un segmento de mercado interesante. Conjugar seguridad y facilitación es un ejercicio complicado que además supone grandes esfuerzos económicos tanto por parte de los operadores como de los prestatarios de servicios. Pero si la seguridad es una aspiración irrenunciable en los entornos aeroportuarios, es necesario apostar por la calidad, que también tiene una lectura económica.

Seguridad, facilitación, amenazas, desafíos, formación y, también, presupuesto o economía son palabras que se escucharan a buen seguro en la tercera Jornada de Seguridad Aeroportuaria que organiza la Fundación Borredá, AESA y Seguritecnia el 23 de octubre en Madrid. Expertos en gestión y seguridad aeroportuaria se darán cita en este encuentro, que reflejará la evolución constante que experimenta la protección en estos entornos y los esfuerzos para que el avión no deje nunca de ser el medio más seguro de viajar.  

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