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OPINIÓN

Mi deseo se ha hecho realidad...

Carta de la Directora 27/05/2014
En abril de 2012, me dirigía a ustedes desde estas páginas en una carta titulada “Mi deseo... una profunda y eficiente reforma de la Ley de Seguridad Privada”. Un deseo que llevábamos tanto tiempo pidiendo que resulta extraño referirse a la Ley en presente, verla en el BOE, saber que en breve será una norma plenamente vigente. Y que, además, ha nacido con el reconocimiento, casi unánime, de su capacidad para dar respuesta a las necesidades planteadas desde todos los ámbitos.

Seguritecnia ha sido fiel testigo del largo camino recorrido: tiempos heroicos, algo lejanos, en los que algunos visionarios emprendieron el incierto camino de desarrollar servicios privados que dieran respuesta a las nuevas necesidades de seguridad que iban surgiendo; a medida que demostraron su eficacia y crecieron, se hizo necesario ordenar ese crecimiento y se promulgó una ley en 1992 para asegurar su control. Pero, en aquel momento, nadie podía prever ni el desarrollo de los propios servicios privados, ni el devenir de la demanda de seguridad.

Hoy, las sociedades evolucionan con un movimiento uniformemente acelerado y los cambios se suceden a una velocidad vertiginosa. También las demandas de seguridad. La globalización ha generado tal cantidad de amenazas emergentes que los estados no disponen de suficientes recursos con que proteger a sus ciudadanos y sólo desarrollando estrategias de seguridad que busquen la participación de la sociedad en su conjunto, pueden alcanzarse niveles aceptables de confianza.

En esa estrategia deben jugar un papel primordial los servicios privados de seguridad. Por eso, resultaba absolutamente imprescindible crear un nuevo marco legal que no sólo regulase su prestación y contratación, sino que buscase la fórmula para conseguir su integración con la Seguridad Pública. La crisis económica nos ofreció esa faceta de oportunidad y la búsqueda de la eficiencia nos impulsó a todos, Administración y administrados, a mejorar nuestros modelos.

La vieja Ley de 1992, ya podemos llamarla así, nos ha traído hasta aquí. Despidámosla con el agradecimiento debido a una guía que, con las limitaciones propias de su prematuro envejecimiento, ha contribuido al desarrollo armónico de un sector que, hoy, puede presumir de madurez y capacidad para ofrecer soluciones a los problemas reales.

Ante nosotros se abre un nuevo camino, con pretensiones de autopista, que debe contribuir a que el sector privado avance sin sobresaltos hacia las cotas de desarrollo que le permita su propia fiabilidad. Como dice la Ley, transitemos desde la concepción de control y sanción hasta el aprovechamiento de las enormes potencialidades que presenta la Seguridad Privada desde la perspectiva del interés público.  

El nuevo marco contiene suficientes previsiones como para permitirnos mirar al futuro con optimismo: seguridad jurídica, mejora de la calidad, buenas prácticas. Pero, como decía Ganivet, para destruir las malas prácticas, “la ley es mucho menos útil que los esfuerzos individuales”. Esforcémonos, pues, todos en asegurar este avance desde nuestras respectivas responsabilidades y antes de pensar cómo puedo servirme del modelo, veamos qué podemos hacer nosotros para mejorarlo.

Quiero poner de manifiesto dos circunstancias que han contribuido decisivamente a la aparición de este esperanzador horizonte: de un lado, la evolución de la percepción que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tenían de la Seguridad Privada, alcanzando a ver el potencial de los servicios privados y desarrollando planes de colaboración que han supuesto un salto cualitativo de extraordinaria importancia en la relación entre la seguridad pública y seguridad privada.

Pero hay otra feliz circunstancia, el destino ha querido que coincidan dos excepcionales y cualificados profesionales, con los que el sector de la Seguridad Privada estará eternamente en deuda, el comisario Esteban Gándara del Cuerpo Nacional de Policía y el coronel César Álvarez de la Guardia Civil a quienes se atribuye la “paternidad” de la ley y de cuyo esfuerzo e implicación nos beneficiaremos todos. Gracias a su talante, el sector ha podido disfrutar también de un amplio protagonismo en el cambio de modelo. A su trabajo hay que añadir la presencia del secretario general técnico del Ministerio del Interior, Juan Antonio Puigserver, dirigiendo de forma impecable el grupo de trabajo que redactó el borrador del Anteproyecto de Ley. La gran labor de todos ellos y de sus equipos ha resultado decisiva para la elaboración de un texto jurídicamente impecable en el que se suceden ordenadamente las medidas que, con flexibilidad para adaptarse a situaciones cambiantes, deberán dar respuesta a las necesidades presentes y futuras.

Desde aquí les felicitamos a todos ellos y nos felicitamos nosotros porque, por fin, disponemos de un marco nuevo que nos ayudará a crecer en seguridad. Amplío mi deseo para que la tarea emprendida continúe sin demora y se elabore la normativa de desarrollo que culmine los avances emprendidos con el mismo espíritu de generosidad.  

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