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I Jornada de Seguridad e Inteligencia

Inteligencia, el ingrediente imprescindible para mejorar la seguridad 19/12/2017 - Por David Marchal y Bernardo Valadés
El pasado 30 de noviembre las revistas Seguritecnia y Red Seguridad, en colaboración con la Fundación Borredá, celebraron en Madrid la primera Jornada de Seguridad e Inteligencia. Con este evento, que tendrá continuidad en próximas ediciones, se quiso hacer una aproximación a lo que representan estos conceptos unidos.
Inauguración de la Jornada de Seguridad e Inteligencia a cargo de la Fundación Borredá y las revistas Seguritecnia y red Seguridad.

Aunque se trata de un término ampliamente conocido en el ámbito de la seguridad, la inteligencia ha experimentado una evolución en los últimos años. De esta forma, y según explicó Ana Borredá, directora de la editorial Borrmart, durante la inauguración de la primera Jornada de Seguridad e Inteligencia, “este concepto se está desarrollando de forma desordenada, quizá a consecuencia de la irrupción de nuevas tecnologías, el marketing, las estrategias comerciales, etc. Esto está distorsionando el mercado, confundiendo al consumidor y pervirtiendo su empleo”, afirmó durante su intervención. Por eso, con este evento, continuó, “pretendemos mejorar el conocimiento en el sector privado, y especialmente en los departamentos de seguridad corporativa y en los directores de seguridad. Para ello, hablaremos no sólo del concepto, sino también de las aplicaciones prácticas de la inteligencia en el campo de la seguridad para que proporcionen un valor añadido”, comentó.

Tras la inauguración, tomó la palabra el primer ponente, Valentín Martínez Valero, director del Máster de inteligencia económica y experto en análisis de la Universidad Francisco de Vitoria, cuyo objetivo fue “aterrizar conceptos” en este campo. El profesional inició su ponencia confirmando la estrecha relación existente entre inteligencia y seguridad, de las que dijo que son “las dos caras de una misma moneda”, y añadió: “Las empresas necesitan seguridad integral y corporativa en la que se consideren todos los factores. Por tanto, no hay plan de seguridad sin inteligencia; no se concibe”.

A continuación, Martínez Valero se centró en establecer una definición sobre el concepto de inteligencia a partir de diversas fuentes, destacando la que dice que “es más que información, es conocimiento que ha sido especialmente preparado para las circunstancias específicas de un usuario”. A partir de ahí, continuó, “el proceso que define parcialmente la inteligencia es la continua obtención, verificación y análisis de información que permite comprender el problema o la situación de forma clara y adaptar seguidamente el producto al contexto de las circunstancias del usuario”, manifestó. Para ello se sigue un proceso a través del cual se pasa del mundo físico a los datos. “De ahí, se estructuran, se extrae información, se contextualiza, se le da significado y, finalmente, es cuando se puede hablar de inteligencia”, señaló.

Este profesional también abordó los distintos tipos de inteligencia en función de los grados de decisión existentes: táctico, operacional y estratégico. De esta forma, la inteligencia básica, es decir, la que se precisa sobre cualquier tema para poder ser utilizada como referencia, está presente en cualquiera de esos tres niveles, al igual que la actual, que hace referencia a los problemas del día a día. Finalmente, se encuentra la de alertas, que se ubica únicamente en la decisión operacional y estratégica.

A partir de aquí, se trata de extraer conocimientos de datos e información a corto (táctico), a medio (operacional) y a largo plazo (estratégico). Precisamente, “las organizaciones han de pensar estratégicamente, porque la seguridad es un bien, un servicio o un estado al que sólo se llega si se va a largo plazo”, apuntó el ponente. Eso significa saber dónde se está, hacia dónde se quiere ir, mediante qué recursos, etc. Y esto, a su vez, requiere hacer un análisis interno y externo, mirar de qué manera se pueden alcanzar los objetivos y elegir una acción. Por tanto, confirmó, “la relación entre inteligencia y estrategia es muy fuerte. No se pueden tomar decisiones del desarrollo de la inteligencia ni de su ejecución si no se cuenta con conocimiento. Toda decisión buena está asociada a la inteligencia”, concluyó.

Inteligencia e investigación 

Seguidamente, tomó la palabra José Carlos Díaz Trigo, general de Brigada de la Guardia Civil y especialista en investigación e información, quien comenzó aclarando que “la inteligencia no es un fin en sí misma, sino un medio, un procedimiento de apoyo para la toma de decisiones”. Y continuó: “Cuando se aborda como un fin, que a veces pasa, se convierte en objeto de negocio, y entonces hablamos de otra cosa”, manifestó.

Ana Borredá en uno de los momentos de la jornada sobre Seguridad e Inteligencia
Ana Borredá en uno de los momentos de la jornada de Seguridad e Inteligencia.

Por tanto, se trata del conjunto de procedimientos de integración de información que permiten alcanzar conclusiones válidas para planificar actuaciones y toma de decisiones. Esto coge forma a través de lo que se conoce como “el ciclo de la inteligencia”, el cual parte del estudio de la situación y las circunstancias, necesario para alcanzar el objetivo marcado, y para lo cual a veces hay que apoyarse en distintas fuentes. Así, una vez obtenida la información, según Díaz, “hay que hacer un análisis detallado de lo que nos ha sido dado. Toda esa información es integrada para elaborar un primer proyecto que debemos difundir a la persona que tiene la responsabilidad de decidir”, explicó.

Lo que sucede es que, en ocasiones, se confunde inteligencia con investigación, cuando no es lo mismo y depende de cómo se produce la obtención de información, que puede tener dos orígenes: fuentes de información y agentes de información. “Las primeras permiten conocer datos fácilmente obtenibles por cualquiera, ya que son abiertas y al alcance de todo el mundo”, afirmó. En cuanto a los segundos, cualquier persona se puede constituir en órgano de obtención en el marco del desarrollo de la actividad de la inteligencia. “Esto le diferencia de la fuente en que ese agente debe indagar, buscar, preguntar, localizar y realizar determinadas acciones para conseguir la información”, afirmó Díaz Trigo.

Por tanto, esta última parte se considera investigación, y como tal, está regulada en el ámbito público y privado. “La ley define procedimientos de actuación en investigación, no así en la obtención de la información, y también exige una determinada cualificación a los agentes que desarrollan la investigación”, apuntó el ponente. Todo ello, además, tiene diferentes límites, como la validez de la información obtenida, a qué fin se destina, cuáles son los procedimientos de obtención, etc.

Por todo lo dicho, concluyó, hay que evitar confundir ambos términos y utilizar cada uno de ellos para la situación que le corresponda.

Hacia la seguridad 

Avanzar hacia el concepto de seguridad a través de la inteligencia fue el objetivo de la intervención de José María Blanco, director del Centro de Análisis y Prospectiva de la Guardia Civil. Desde el principio, el ponente dejó claro la importancia de conocer el entorno para hacer inteligencia. Y es que, si no se hace así y no se atienden las señales de cómo cambia el mundo, no es posible llegar a conclusiones acertadas. “Por lo general, parte de las soluciones ya están dadas. De hecho, muchas de ellas ya están en el pasado. Simplemente hay que conocerlas”, afirmó.

Es más, a veces se suele hablar de fenómenos como si fueran nuevos cuando, en realidad, no lo son, pero se adaptan en tiempo y lugar. Y los hay de diversos tipos. Por ejemplo, desde el punto de vista político, se encuentran las crisis internacionales de poder, los extremismos, la corrupción, los nacionalismos. En el ámbito económico están las crisis financieras, la desigualdad, el desempleo, el proteccionismo, las formas de pago, etc.; en el social las migraciones, la urbanización, la globalización, los nuevos valores…; en el tecnológico Internet, el Big Data, las nuevas tecnologías, la biotecnología, etc.; y en el medioambiental el cambio climático, los recursos escasos, los desastres naturales…

Todos estos entornos tienen unos efectos directos en la seguridad, que se manifiestan en hechos como los conflictos urbanos, la lucha por los recursos, los delitos de odio, el espionaje y la militarización, entre otros. Paralelamente, también da lugar a riesgos para las empresas que, a juicio de Blanco, se pueden dividir en cuatro apartados: globales en entornos VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad), operacionales, reputaciones y legales. Además, hay otro problema, según el ponente: “Nos enfrentamos a una asimetría. Y es que el ámbito criminal no tiene reglas ni normas, pero nosotros sí. Todo dependerá, por tanto, de que cómo seamos capaces de reducir esa asimetría”, reconoció.

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