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OPINIÓN

Juan Manuel Zarco, Director de Seguridad y Gestión del Efectivo de Bankia

La larga sombra del fraude

Price Waterhouse ha publicado recientemente una encuesta sobre el fraude en las empresas –'Pulling fraud out of the shadows' (Sacando el fraude de las sombras)– con unos resultados que los autores del trabajo han cuestionado de inmediato por su dudosa credibilidad: solo el 49 por ciento reconoció haber sido víctima de un fraude.

El director del estudio, Didier Lavion, principal de la compañía en Estados Unidos, formulaba un pronóstico seguido de un interrogante: “sabemos que la cifra de fraude podría ser mucho mayor. Luego, ¿qué pasa con el otro 51 por ciento?”. El alcance del sondeo es especialmente significativo, pues se ha obtenido de 7.200 encuestados procedentes de 123 territorios.

La distancia entre los procedimientos de fraude “tradicional” y tecnológico es cada vez más grande. Aunque, por ejemplo, se sigue sustrayendo a empresas y particulares cheques de cuenta corriente o pagarés, que son objeto de una manipulación más o menos lograda, las diferencias operativas y los objetivos de lucro con determinados procedimientos de fraude tecnológico son abismales. En el primer caso, para no levantar las sospechas de los empleados de las sucursales, el importe de los primeros no suele superar los 3.000 euros, cuyo perjuicio es asumido por las entidades financieras en general, mientras que algunos fraudes tecnológicos, como el conocido por el nombre “del CEO”, le han costado a algunas empresas cientos de miles de euros.

El fraude está cambiando el paso a las empresas, con normas y objetivos más precisos que incluso empiezan a tener alcance transfronterizo como respuesta a ese mismo marco territorial de los ataques de los defraudadores. Lo veremos en el relato de algunas actuaciones policiales. Como señala el informe de Price, “las organizaciones se enfrentan a una tormenta perfecta de fraude con riesgos relacionados: internos, externos, regulatorios y reputacionales. Ha llegado el momento de adoptar una nueva y más holística visión del fraude”.

La encuesta de Price, que tiene como protagonistas a ejecutivos senior (52%), empresas que cotizan en Bolsa (42%) y un 55 por ciento con más de 1.000 empleados, enfrenta una pregunta a otras a modo de respuestas: “la pregunta importante no es si su organización es víctima de un fraude, sino si sabe cómo le está afectando el fraude o si está luchando con los ojos vendados o bien abiertos”. El sondeo finaliza su resumen ejecutivo con cuatro recomendaciones básicas para luchar contra el fraude: reconozca el fraude cuando lo vea, tome una aproximación dinámica, aproveche el poder protector de la tecnología e invierta en personas, no solo en máquinas. 

Nuevas tecnologías

Un número significativo de los nuevos delitos que sufrimos hoy las entidades financieras no son más que consecuencia de las viejas tipologías delictivas ayudadas por herramientas digitales (por ejemplo, la falsificación de los cheques robados mediante el escaneo), la facilidad para que el cliente pueda realizar todo tipo de operaciones bancarias de manera sencilla y rápida y, en no pocos casos, la débil custodia de los documentos o la deficiente protección de los medios técnicos de comunicación (ordenadores, móviles, etc.) por parte de la víctima. 

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