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OPINIÓN

Miguel Vidueira, Director técnico de Grupo Cepreven

Por favor, no nos clausuren la salida de evacuación

Los recientes siniestros acaecidos en lugares de pública concurrencia, como el Madrid Arena o la discoteca brasileña Kiss, han reabierto el debate sobre la seguridad en eventos con gran ocupación de personas.

Esto ha servido para que en no pocos casos surjan voces que abogan por la limitación, o incluso la prohibición, de tales eventos al no disponer de las medidas de seguridad requeridas. A lo largo de la historia ha habido muchos incidentes de esta tipología, algunos claramente debidos a carencias en las medidas de seguridad contra incendios y evacuación, pero en muchos otros casos, los más, causados por un uso negligente de las instalaciones.

Nosotros, los profesionales de la protección contra incendios, trabajamos para hacer más seguros estos locales, para que nuestro ocio, y el ocio de nuestros hijos, pueda transcurrir de forma segura. A estos efectos, la legislación prevé, a través del Código Técnico de la Edificación (CTE), diferentes medidas tanto de protección activa como pasiva, prestando especial importancia a la evacuación de los ocupantes. Una legislación que, desgraciadamente, se ha ido forjando a golpe de diferentes siniestros: el hotel Corona de Aragón, la discoteca Alcalá 20 o el edificio Windsord, por citar sólo algunos de los más relevantes.

 El CTE considera específicamente el “Uso de Pública Concurrencia”, como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el peligro inherente a las grandes aglomeraciones de personas. Pero en estos locales no sólo es relevante la correcta y rigurosa aplicación de las prescripciones del Código, sino que se hace necesario desarrollar e implantar correctamente un Plan de Autoprotección; aspecto, por otra parte, que es obligatorio cuando la ocupación esperada excede las 2.000 personas.

Identificar riesgos

Una de las consideraciones esenciales a la hora de redactar un Plan de Autoprotección es la correcta identificación de todos los posibles riesgos que puedan generar una situación de emergencia. Es corriente limitar esta identificación al clásico riesgo de incendio de carácter aleatorio y no provocado, y en algunos casos ampliando el alcance a avisos de bomba y actos terroristas. Pero lo cierto es que en locales de elevada ocupación, vinculados normalmente al espectáculo, no hay que descartar considerar otros posibles escenarios de riesgo. Por ejemplo, el uso de bengalas o artefactos pirotécnicos (algo bastante común en teatro y conciertos), que puede convertirse en una trampa mortal si el establecimiento en cuestión presenta revestimientos de carácter combustible o inflamable.

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Otro supuesto que no hay que dejar de considerar es la posibilidad de que tengan lugar avalanchas humanas. En este sentido, es tristemente célebre la tragedia sucedida en el estadio Heysel de Bruselas, en la final de la Copa de Europa de 1985, en la que murieron 39 personas, considerada la primera avalancha televisada en la historia deportiva. Pese a la introducción de mejoras en la seguridad de los estadios, empezando por la eliminación de las vallas que delimitaban las gradas respecto al terreno de juego, estos sucesos han venido repitiéndose de forma periódica a lo largo de los años, y su causa suele ser el enfrentamiento entre aficiones, con un detonante que puede ser una pelea o el lanzamiento de una bengala.

En algunos casos también se ha encontrado que este tipo de eventos multitudinarios requieren de la construcción de una estructura provisional cuyo dimensionado es insuficiente de acuerdo con el aforo esperado; o más bien, que el aforo se excede ampliamente por encima del límite de ocupación para el cual se calculó la estructura.

Efectivamente, muchos de los problemas en establecimientos de pública concurrencia  han venido derivados del exceso en el aforo admitido. Hay que tener en cuenta que la evacuación del local se dimensiona para una ocupación determinada. En base a eso, se dimensionan el número y las anchuras de los medios de evacuación: pasillos, escaleras, puertas… Al excederse la ocupación de cálculo, las vías de evacuación no son capaces de absorber el flujo de personas que debe circular por ellas, produciéndose caídas en el recorrido, y en consecuencia tapones y aplastamientos. Una historia trágica que se pone de manifiesto en el siniestro del Madrid Arena, donde se ha demostrado no sólo que se excedió el aforo admisible, sino que además varias de las vías de evacuación se encontraban clausuradas, restringiendo la posibilidad de salida.

Este hecho (puertas de evacuación clausuradas, cerradas con llave o candado) es algo característico de muchos locales de ocio nocturno, en los que las puertas de evacuación se bloquean para impedir el acceso al local desde el exterior a través de las mismas, alegando que suponen un coladero para aquellos que no quieren abonar la entrada al recinto. Conjugar Safety y Security no siempre es fácil; en el caso de estos locales de ocio se podría realizar una vigilancia física sobre dichas puertas, pero es preferible mantenerlas cerradas y bloqueadas en la creencia de que su uso no será necesario…

 Por último, hay que considerar otro factor, tal vez el más importante en esta clase de recintos: el factor humano. El componente aleatorio del comportamiento, que en caso de emergencia saca lo mejor y también, desgraciadamente, lo peor de cada uno. Aquí juegan factores como el instinto de conservación, que nos hace pasar por encima de quien sea si nuestra vida está en juego; y la tendencia al contagio del pánico. Además se ha de tener en cuenta que el usuario no suele conocer el recinto. Esto genera desorientación, desconcierto, duda. No se sabe dónde se encuentra la salida, y en la situación de pánico se sigue el recorrido del grupo mayoritario, que no siempre es el camino de la salida, pero que con certeza es el camino opuesto al lugar donde se ha generado el incidente que ha causado la emergencia.

Detectar carencias

La redacción del Plan de Autoprotección debe considerar en primer lugar una auditoría seria, concienzuda, de las medidas de seguridad del local o recinto en relación con el aforo y con la tipología de la actividad desarrollada. Esto puede detectar carencias que deberían ser resueltas con la mayor rapidez. Pero el objetivo del Plan no es conseguir la adaptación del establecimiento a una reglamentación en materia de seguridad, adaptación que en muchas ocasiones no es posible alcanzar, al tratarse de edificios existentes. Por ejemplo, si un edificio necesita para su adaptación a la actual legislación de dos escaleras protegidas para la evacuación, pero sólo dispone de una de ellas, está claro que la instalación de la segunda escalera no será viable en la mayoría de los casos. A la hora de redactarse el Plan deberá comunicarse y reflejarse esta carencia, pero el capítulo específico del Plan de Emergencia deberá ajustarse a los medios disponibles, y plantear la evacuación del edificio a través de la única escalera existente.

También deberá reflejarse claramente cuál es el aforo máximo admitido, en función de las salidas existentes. El Plan de Autoprotección deberá considerar para el establecimiento todas aquellas hipótesis de actividades o usos posibles, con sus especificidades. Por ejemplo, el Madrid Arena tiene unos recursos de evacuación diseñados para tres posibles usos: feria de muestras, concierto/espectáculo y uso deportivo. Con diferentes hipótesis de cálculo de ocupación para cada una de ellas y con unas salidas dimensionadas para la más desfavorable de estas actividades. Una planta de un centro comercial puede estar diseñada como una zona de venta con una ocupación relativamente baja, supuesto que no tiene nada que ver con la ocupación correspondiente a un evento en dicha planta en el que el ídolo de las quinceañeras se encuentra firmando discos. Considerar estos diferentes escenarios en el Plan y establecer cuál es el aforo máximo para cada uno de ellos en función de los recursos disponibles es función del redactor.

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 Como sucede con cualquier actividad dotada con un Plan de Autoprotección, debe existir una organización de emergencias, compuesta al menos por jefe de Emergencia, jefe de Intervención, equipos de primera intervención y equipos de ayuda a la evacuación. Este personal debe estar al tanto de las consignas del Plan de Autoprotección, habiendo sido formados en sus funciones específicas. En las actividades de elevada ocupación, es habitual que se contrate personal de forma específica para el evento en cuestión: personal de seguridad, de control de accesos, camareros, etc. Es importante que este personal esté instruido en el Plan de Autoprotección existente: que conozca las características del edificio, las vías de evacuación a utilizar en función de la localización del siniestro, los procedimientos de actuación y de comunicación con el exterior. Además, este personal debe ser proporcional en número al aforo esperado para poder guiar y coordinar una evacuación masiva si fuera necesario. Lamentablemente, ni lo primero ni lo segundo se suelen cumplir en este tipo de eventos.

Finalmente, para que la implantación del Plan sea efectiva, no debe dejarse de considerar la necesidad de realizar un simulacro con periodicidad anual como mínimo. Este es otro problema para este tipo de actividad: la ocupación es en ocasiones tan elevada que no es posible realizar un simulacro que se aproxime a la ocupación máxima esperable, con lo que el resultado que se pueda obtener no es siempre realista. Hay que tener en cuenta que un simulacro realizado en las condiciones adecuadas es una herramienta muy poderosa para detectar la problemática que en una emergencia real pueda surgir en materia de intervención, evacuación, o comunicación.

En definitiva, corresponde a la propiedad o al promotor del evento velar por la seguridad del personal reunido en el establecimiento, tanto en lo referente al cumplimiento de las medidas de protección requeridas, como en cuanto a la existencia e implantación de un Plan de Autoprotección. Eso sí, no es admisible el uso negligente de las instalaciones, por ejemplo incrementando la ocupación por encima del aforo admisible, clausurando las salidas existentes o permitiendo la entrada al recinto con elementos pirotécnicos u otros que puedan generar una situación de emergencia. Nuestro deber como técnicos es hacer las cosas bien en materia de prevención, pero nuestra labor como ciudadanos es exigir el cumplimiento de estas medidas de seguridad para que nosotros y nuestros hijos podamos disfrutar de un ocio seguro. Para que no tengamos que lamentar más muertes inútiles.  

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