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Revista Seguritecnia Edición impresa
OPINIÓN

Lluís Martínez Moreno, Instructor en Seguridad, Emergencias y PRL en el Centro de Formación de Can Padró Barcelona

La formación en emergencias evita riesgos

Para los profesionales de las emergencias, la prevención y gestión de los riesgos en la emergencia es algo fundamental. Evitar nuevos accidentes supone a menudo un completo rompecabezas para bomberos policías o personal sanitario y emergencias.

La prevención de riesgos y protección de los trabajadores de la emergencia es un concepto tan amplio que inicialmente puede parecernos muy complejo. Pero si nos tomamos de referencia la gestión de la prevención de riesgos en otros ámbitos del trabajo, aceptamos que para tener máximas garantías de seguridad deberíamos articularla en cuatro grandes columnas: 

  • Formación suficiente y adecuada sobre los riesgos y sus medidas preventivas. 
  • Equipos de protección colectiva que protejan a todos los trabajadores de las zonas con riesgo. 
  • Equipos de protección individual (EPI) que nos protejan a todos y cada uno de los trabajadores de las zonas de riesgo. 
  • Procedimientos normalizados de trabajo que indiquen cómo se deben realizar las operaciones de forma segura.

En este artículo me gustaría introducirme en el primero de los puntos: la formación. Mis años de experiencia en el sector de la emergencia y la formación me han demostrado que ninguno de ellos es más importante que los otros puntos; uno sin el resto no tiene sentido y no sirve para proteger al bombero, sanitario, etc., pero la complementariedad entre ellos nos ofrece al trabajador de la emergencia unos resultados calidad-seguridad del servicio óptimo. Por ejemplo, por muy buena formación que haya tenido si no dispongo de equipos de protección o protocolos acabaremos sufriendo daños, y asimismo si no tengo formación no sabremos usar correctamente los EPI ni aplicar los protocolos de seguridad.

Aun así, las características y el papel de la formación en la prevención de accidentes le otorgan a la formación en las emergencias un papel particular que la diferencia del resto. Por un lado, la formación es lo primero que debe recibir un trabajador, y en ésta se sientan las bases para la resolución segura de las futuras emergencias a las que nos enfrentemos. Por otro lado, la ausencia de regulación o la ambigüedad actual, tanto a nivel industrial, donde solo se pide que la formación de las brigadas de equipos de intervención sea “suficiente y adecuada”, como a nivel profesional donde, hasta ahora, cada servicio de bomberos se ha venido autorregulando y formando.

¿Cómo lo integramos?

Lo que ahora nos puede parecer difícil sería cómo aplicar cuatro bloques dentro de una formación. ¿Cómo lo integramos? A continuación lo expongo con algunos ejemplos.

Formación: Es muy importante que dentro de una formación en todos los tipos de emergencia (sanitario, incendios, rescates, accidentes químicos) no solo se hable de los aspectos formales de las materias (extinción de incendios, rescates, etc.) y se le empiece a introducir al futuro profesional de la emergencia la importancia del resto de puntos anteriormente mencionados: protecciones colectivas, individuales y procedimientos de trabajo. Sería igualmente necesario en las prácticas formativas de riesgos comentar previamente los riesgos de la misma, que finalmente se asimilarán a los riesgos intrínsecos de una futura emergencia real. Incluso se debería comentar y disponer siempre de la existencia del plan de emergencia por si la práctica falla. Por último, comentar que el formador debe ser alguien que previamente disponga de una alta capacitación y conozca los riesgos a fondo de cada maniobra formativa a realizar, manteniendo siempre un alto nivel de atención.

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EPC-Equipos de protección colectiva: Con el fin de proteger a todos alumnos y mostrar cómo generar espacios de trabajo seguros debidamente señalizados –incluso durante las formaciones prácticas– debemos empezar a ser formadores muy procedimentales y ordenados. Por ejemplo: generar áreas de trabajo seguras donde ubicamos a los alumnos que observan y zonas de trabajo en caliente donde solo entre el alumno que practica. Por otro lado, en maniobras de fuego montaríamos una línea de mangueras de seguridad con alumnos y otro formador equipados y preparados por si la maniobra practica falla. Por último, es necesario disponer de una ratio formador del alumno adecuado, lo ideal sería que nunca se supere los 8-10 alumnos por formador.  De esta forma protegemos a todos.

EPI: En los cursos en los que trabajo se les da especial interés, antes de nada, a la elección y uso correcto de los equipos de protección, algo tan sencillo como el uso del casco de bomberos o el chaquetón y cubrepantalón, a menudo  se pasa por alto. Asimismo, es muy importante que el formador siempre tome conciencia de dar ejemplo y usarlos siempre. No podemos olvidar que somos un ejemplo y aunque solo se explique algo tan sencillo cómo sujetar una manguera o lanza, el riesgo existe con lo que es necesario el uso de EPI el casco y guantes. 

PNT-Procedimientos normalizados de trabajo: Practicar dentro del desarrollo de las formaciones es practicar siempre procedimientos de trabajo seguros sobre todo en cursos de riesgo como extinción de incendios. Si se entrena continuamente estos procedimientos y el alumno ve al formador trabajando conforme a los protocolos, al final el alumno acabará trabajando igual. Por ejemplo: durante un curso de fuego es adecuado montar siempre una línea de trabajo y delegar en algún grupo de alumnos el papel del equipo de socorro, o en formaciones de incendios de interiores montar un control de accesos con control ERA. A través del ensayo error y repetición de estos, se pretende lograr que el alumno y futuro profesional de la emergencia acabe realizando de forma instintiva y natural las secuencias valorar-proteger-actuar.

Trabajando de este modo el alumno acabará cogiendo como propio una metodología de trabajo que le será muy útil el día de mañana durante el desarrollo de su trabajo en la emergencia.

Con todo esto, los alumnos no solo están aprendiendo y practicando la resolución segura de futuras emergencias; asimismo estamos garantizando una formación segura en maniobras prácticas con riesgo.

Para todo ello, es necesario que las entidades y empresas de formación tomemos conciencia de la responsabilidad y el papel que tenemos de cara al futuro profesional, aplicar de forma constante estas pautas, y lograr así trasladar esto a la situación real durante la emergencia. Y por último, es necesaria la implicación de las administraciones públicas en una regulación y normalización de las formaciones de emergencias, ya sea para formaciones de brigadas de emergencias de las empresas como en los servicios de bomberos. Hay que comentar que, en este aspecto, las administraciones competentes ya han empezado a aplicar el embrión de lo que será el futuro para la formación de los bomberos con la creación del técnico superior en prevención, extinción de incendios y salvamentos. Esto es un tema que debemos celebrar a la espera de su definitiva implantación a nivel nacional. No podemos quedarnos aquí dado que siempre es posible mejorar, y de la misma forma que se ha hecho con los equipos de protecci´´on colectivos e individuales, se puede definitivamente regular para igualar criterios de formación en otros campos.

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