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OPINIÓN

Manuel Martínez, Director del Área de Protección Activa de Tecnifuego

El falso incendio del Museo del Prado en 1891

En estos días hemos lamentado un triste suceso que ha dado la vuelta al mundo. Se trata del incendio en el Museo Nacional de Río de Janeiro, ubicado en Parque de Boa Vista (Brasil).

En él se han perdido más de 20 millones de obras de arte irrecuperables con un valor incalculable. Es por ello que viene a mi memoria lo que ocurrió cuando el Museo del Prado quedó “arrasado por completo” por un incendio similar hace ya más de un siglo.

Orson Welles, con su narración radiofónica sobre la novela La guerra de los mundos, paralizó Estados Unidos, pero 47 años antes Mariano de Cavia ya había utilizado los medios de comunicación para marcar un antes y un después sobre el poder de los mismos.

El 25 de noviembre de 1891, el periodista Mariano de Cavia relataba con tremenda ironía y gran dramatismo cómo un lamentable accidente provocaba la destrucción del valioso madrileño Museo del Prado en un artículo en el diario El Liberal bajo el titular “La catástrofe de anoche: España está de luto. Incendio en el Museo de Pinturas”. En él relató cómo las llamas consumieron el edificio completamente en un terrible incendio que se había producido la noche anterior en el entonces Real Museo de Pinturas y Esculturas de su Majestad.

El museo ardió hasta los cimientos, y con ello las grandes obras que estaban en su interior de un gran número de maestros nacionales e internacionales de varios siglos, según relataba la crónica. Además, explicaba cómo las llamas eran combatidas por el pueblo de Madrid junto con el ejército y el servicio de bomberos. El propio ministro de Fomento se precipitó dentro del museo junto a un grupo de soldados para intentar parar el avance del fuego, pero sin éxito. “Algunas personas lloraban, otras se precipitaban hacia el edificio, siguiendo a los soldados que llegaban de los próximos cuarteles. Por la puerta central salían algunos hombres arrastrando lienzos –tal vez los de menos valor, los menos interesantes–que habían logrado arrancar de los marcos, cortándolos con cuchillos y navajas”.

“Parece que el fuego se inició en uno de los desvanes del edificio, ocupados, como es sabido, a ciencia y paciencia de quien debía evitarlo, por un enjambre de empleados y dependientes de la casa”.

Pese a estar prohibido, el personal del museo vivía en las instalaciones, sótanos o desvanes, lo que era muy peligroso. El ministro de Fomento, tras la catástrofe, se lamentaba a grandes voces de la dejación de sus predecesores y sobre cómo había sido aquello posible. Si bien Mariano de Cavia estaba inventándose el episodio, lo cierto es que en el mes de julio de 1891 se habían producido dos pequeños conatos de incendio en la pinacoteca que por suerte no habían sido importantes.

Todo esto, presuntamente, sucedía el 24 de noviembre de 1891, y al día siguiente se publicó la información en una de las páginas interiores del diario El Liberal. Por aquel entonces, la maquetación de la prensa se solía hacer por el orden de llegada de las informaciones, siendo esta la de última hora. “A las dos de la madrugada, cuando ya no nos faltaban para cerrar la presente edición más que las noticias de última hora que suelen recogerse en las oficinas del Gobierno Civil, nos telefoneaban desde este centro oficial con las siguientes palabras siniestras y aterradoras: “El Museo del Prado está ardiendo”. 

La noticia se difundió por todo Madrid y la gente comenzó a acercarse hasta el Prado para comprobar el desastre que había ocasionado el incendio. Los madrileños que se dirigían hacia el museo tenían la esperanza de que los daños no hubieran sido muy grandes.

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