sector de la seguridad privada, empresas de seguridad, empresas de servicios, revista Seguritecnia, ciberseguridad
Revista Seguritecnia Edición impresa
Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
OPINIÓN

Gestión de riesgos y turismo activo

Alberto Ayora, Teniente Coronel del Ejército de Tierra, Escuela Militar de Montaña y de Operaciones Especiales

Pedro Carrasco, Gerente de la Asociación de Empresas de Turismo Activo (ANETA)

22/09/2014
El 24 de julio de 1821 se fundaba la Compañía de Guías de Chamonix. Uno de sus pilares fundacionales, y que todavía hoy mantiene, fue la Caisse de Secours, un fondo solidario al que cada guía aportaba un porcentaje de lo que cobraba por sus jornadas de trabajo, a fin de ayudar a los familiares de los guías fallecidos en accidentes de montaña.

Era un sistema de asistencia social propio del mutualismo y de los gremios medievales, que se ponía en marcha cuando todavía no había nacido en Europa lo que conocemos como Seguridad Social. Lo que quedaba claramente de manifiesto desde sus orígenes era que la protección de los guías constituía un valor incuestionable y que esto había motivado la misma fundación de la Compañía de Guías de Chamonix.

En la actualidad, la vieja profesión de guía de montaña ha visto nacer otras actividades y profesiones que en ocasiones comparten su terreno de juego. Bajo la denominación de turismo activo, se recogen muchas actividades diferentes, desde el barranquismo, el alpinismo y el senderismo, pasando por el esquí, los paseos o travesías a caballo o bicicleta, hasta el rafting, el puenting, el kayak de mar, el coasteering, o el buceo deportivo. En cualquier caso, los profesionales y empresas que venden tales servicios, además de ofrecer a sus clientes experiencias inolvidables, están vendiendo un nivel de seguridad adecuado al riesgo de la actividad. Protección física a la que, por otra parte, les obliga la legislación de consumidores y usuarios y, en casi todas las comunidades autónomas, también la misma normativa específica de turismo activo.

411_montaña2

Las sentencias condenatorias, tanto en vía civil (indemnizaciones) como penal (penas de prisión, multas, inhabilitaciones), que se han ido dictando desde los años noventa del siglo pasado contra guías benévolos y guías profesionales han hecho que no sólo se generalicen los seguros de responsabilidad civil y de accidentes, sino también que haya una creciente preocupación por los sistemas de gestión de riesgos y emergencias que tienen las empresas de turismo activo; a fin de evitar, lógicamente, que los clientes sufran accidentes, así como que la empresa y su personal se vean sometidos a la incertidumbre de un proceso judicial. A esta preocupación se suma, como consecuencia de los recortes en los presupuestos públicos, el cobro de los rescates y, según se está viendo ahora en Aragón, los costes de asistencia sanitaria y hospitalaria derivada de accidentes en montaña; costes éstos que son mucho más elevados que el coste del rescate, incluso helitransportado.

En España, nos guste más o menos, ha calado rápidamente la cultura litigiosa que predomina en Estados Unidos. Aunque los jueces españoles no son tan proclives a conceder indemnizaciones multimillonarias como los estadounidenses, no conviene perder de vista lo que ya está ocurriendo al otro lado del Atlántico. El Tribunal del Distrito de Connecticut dictó, el 27 de marzo de 2013, la sentencia que resolvió el caso Cara Munn versus The Hotchkiss School, en el que una joven de 15 años  sufrió, en el momento del accidente, una encefalitis vírica como consecuencia de la mordedura de una garrapata durante un viaje de estudios al noreste de China; concretamente en una excursión al Monte Panshan (Tianjin). Además del largo proceso de rehabilitación, Cara sufre una parálisis parcial que le impide hablar, comer, beber o controlar la saliva. El colegio fue condenado a indemnizar a Cara con un total de 41,7 millones de dólares, y la mayor parte (31,5 millones) fue por daño moral.

Prevención externa

No es extraño, por lo tanto, que preocupe tanto la seguridad de los clientes de las empresas de turismo activo y que la prevención de riesgos en estas empresas se focalice casi exclusivamente en ellos, olvidándose habitualmente las medidas centradas en la seguridad y salud laboral de los guías, técnicos y monitores que conducen las actividades deportivas o recreativas en la naturaleza, los cuales trabajan normalmente por cuenta ajena para tales empresas, aunque sea a tiempo parcial. Ciertamente, estos trabajadores suelen tener un mejor nivel técnico y físico que los clientes, y comparten con ellos muchos riesgos del entorno y de la actividad. Ello se suele traducir en entender que trabajar por la seguridad de los clientes protege, de alguna forma, también a los guías, técnicos y monitores. Sin embargo, este planteamiento olvida tres factores:

La frecuencia con la que se exponen los guías, técnicos y monitores a los peligros derivados de las actividades en el medio natural es mucho mayor que la exposición puntual de los clientes.

Esto no sólo incrementa notablemente su nivel de riesgo, sino que además les expone a riesgos higiénicos, ergonómicos y psicosociales derivados de la reiteración y frecuencia con la que realizan tales actividades, y que no sufren los clientes.Los guías, técnicos y monitores se exponen a situaciones más peligrosas que los clientes, precisamente para reducir el nivel de riesgo y dar protección a éstos.Los trabajadores de las empresas de turismo activo suelen realizar, antes y después de las actividades propiamente dichas, toda una serie de tareas de preparación, reconocimiento, equipamiento/acondicionamiento, mantenimiento (limpieza, almacenamiento, etc.) o transporte que asumen en exclusiva y que les exponen nuevamente a peligros y riesgos específicos que no comparten con los clientes.

En España, sobre todo desde que en 1995 se traspusiera al ordenamiento jurídico nacional una Directiva europea, se ha desarrollado todo un gran conjunto de normas jurídicas y técnicas en materia de seguridad e higiene en el trabajo que, por supuesto, también se aplica a las empresas de turismo activo y sus trabajadores por cuenta ajena. Esta trasposición no fue todo lo fiel que debería haber sido al texto y el espíritu de la Directiva europea, y acabó incentivando que las empresas eligieran contratar a otras empresas externas especializadas y autorizadas por la autoridad laboral (denominadas servicios de prevención ajenos) para gestionar la prevención de riesgos laborales de sus trabajadores.

Los últimos dato s de la Encuesta Nacional de Gestión de la Seguridad y Salud en las Empresas (2009) indican que el 72,8 por ciento de las empresas contrata a un servicio de prevención ajeno para que organice su prevención. En el turismo activo, aunque no hay ninguna estadística que lo confirme, el reducido tamaño de las empresas hace que la opción de contratar a un servicio de prevención ajeno se eleve probablemente hasta la casi totalidad de las que tienen trabajadores contratados y se preocupan por garantizar la seguridad e higiene de su personal. Llegados a este punto, la pregunta es si esta situación supone un problema real. La respuesta es que, aunque no debería serlo, de hecho lo está siendo.

Tres problemas

El primer problema es que los sistemas de gestión de la seguridad y salud laboral se desarrollaron a la vez que la industrialización y los riesgos tecnológicos asociados, con lo que los métodos de evaluación de riesgos y planificación preventiva que utilizan los servicios de prevención ajenos y sus técnicos no están adaptados a los riesgos derivados de las actividades deportivas o recreativas que se realizan en el entorno natural. De ahí que desconozcan realmente lo que hacen los trabajadores de las empresas de turismo activo y no evalúen adecuadamente los riesgos de estos empleados y sus correspondientes medidas de seguridad.

411_montaña1

El segundo problema es que el sector de los servicios de prevención ajenos ha sufrido una competencia de precios brutal. Eso ha redundado en la progresiva pérdida de calidad del servicio que prestan sus técnicos que, a lo sumo, hacen una visita a la empresa para la evaluación inicial y se limitan prácticamente a “copiar y pegar” los planes de prevención de riesgos laborales de unas empresas a otras, sin una necesaria individualización.

El tercer problema es que hay compañías de turismo activo que, bien por problemas económicos, bien por falta de cultura de seguridad, o por ambos motivos, apuestan por el servicio de prevención ajeno más barato que les da un gran dossier de papel, que guardan automáticamente en cualquier armario o cajón y que les permite mantener la ficción de que tienen las “espaldas cubiertas” si tuvieran una visita de la Inspección de Trabajo, ya que podrían desplazar su responsabilidad al servicio de prevención ajeno. Sin embargo, se trata de una “prevención de papel”, en la que los riesgos específicos de los guías, técnicos y monitores no suelen estar evaluados, y, en consecuencia, no reciben la formación e información adecuadas. Esto, además de infracciones administrativas y multas importantes, puede suponer la comisión de un delito contra la seguridad de los trabajadores, y, en caso de accidente, un delito de homicidio o lesiones por imprudencia.

La solución

La solución a este círculo vicioso pasa por la asunción por el empresario de su propia prevención de riesgos laborales o por la designación de un trabajador que se encargue de tales funciones. La gran mayoría de empresas de turismo activo, dada su dimensión y sus actividades, pueden acogerse a estas modalidades preventivas, salvo aquellas que realicen actividades de buceo deportivo. El pasado mes de junio se realizó, junto con la Asociación Nacional de Empresas de Turismo Activo (ANETA), la formación de la primera promoción de Técnicos en Prevención de Riesgos Laborales de Nivel Básico en el sector del turismo activo. A partir de ahora, estos empresarios y profesionales del turismo activo podrán gestionar ellos mismos directamente su propia prevención de riesgos, con las siguientes ventajas:

▪ Se ahorran cada año el coste del servicio de prevención ajeno.

▪ Tienen una prevención de riesgos específica para su empresa y sus trabajadores, la cual comprenden, la saben manejar y explicar, para cumplir con todos los requerimientos legales.

▪ La prevención de riesgos del personal y la de los clientes está integrada y coordinada.

▪ Además, los trabajadores de una empresa de turismo activo tienen la opción de que les salga gratis y su empresa recupere el coste de la matrícula aplicando las bonificaciones de la Fundación Tripartita.

Éste es un camino que se inicia en nuestro país y que debe tener su continuidad en certificaciones de calidad y seguridad, así como en auditorías especializadas en el sector del turismo activo, porque un auténtico sistema de gestión de la seguridad en las empresas de turismo activo es mucho más que contratar seguros y conseguir papeles. Requiere de la construcción de una cultura de la seguridad y de una planificación preventiva que sea integral, eficaz y que esté implantada en todos los niveles de la empresa en un marco tan maravilloso como es el medio natural.  

Volver