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Revista Seguritecnia Edición impresa
OPINIÓN

Carlos Blanco Torres, Jefe de la Unidad de Inteligencia de EULEN Seguridad

Inteligencia: desmontando mitos

Comencemos por establecer una definición –hay varias– del concepto de inteligencia que se utilizará en este artículo. Inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) es el producto, proceso o actividad relacionado con la inteligencia (conocimiento) generada a partir de información accesible públicamente.

Esta información es recogida, analizada y difundida de forma apropiada a los usuarios adecuados, para que estos puedan tomar decisiones rebajando la incertidumbre asociada las mismas.

La práctica de la inteligencia en nuestro país requiere todavía de la realización de ciertos esfuerzos de desmitificación de lo que supone en cuanto a medios, acciones y objetivos. Esto ocurre, en parte, porque la inteligencia aplicada desde el ámbito civil-privado es un desarrollo relativamente reciente en España, lo que ha provocado el arrastre de estereotipos procedentes, en muchos casos, de la cultura popular. Este problema no es exclusivo de España, pero nos afecta en un contexto global en el que países de nuestro entorno –Francia, Reino Unido, Alemania– han avanzado mucho en la estructuración de sus comunidades de inteligencia.

Además, este hecho ha sido asumido durante mucho tiempo por los propios profesionales del ámbito de la inteligencia (procedentes, sobre todo hace un par de décadas, de los servicios de inteligencia del Estado –CESID-CNI, ejército, fuerzas policiales–), quienes han tenido que pasar por una fase de conversión al mundo civil, con todo lo que ello implica.

Por último, las empresas que han nacido al calor de la demanda de estos servicios también han tenido –hemos tenido– que ‘aprender’ a explicar, definir y caracterizar lo que en esencia es una profesión de carácter multi/interdisciplinar. Se da aquí el caso de que tanto proveedores como clientes han tenido que subirse a un tren en marcha, el del aprovechamiento de la información como elemento indispensable para el robustecimiento de las políticas corporativas de seguridad y la aceptación definitiva del paradigma de la seguridad integral.

Mitos y lugares comunes 

Lo que sigue es una serie de ejemplos de estereotipos comúnmente asignados al mundo de la inteligencia; generalidades inciertas –especialmente en el caso de las empresas que proveen inteligencia desde el sector privado– que impiden mediante su propia existencia la asunción de un estatus de normalidad para esta actividad. Se presentan tres, relacionados con la naturaleza de la inteligencia y los servicios prestados, con el trabajo de los analistas y con la organización de las unidades de inteligencia empresariales.

La inteligencia como espionaje: partiendo de la base de que la inteligencia como actividad sí puede ser espionaje, en realidad la mayoría de las veces consiste en la obtención de datos y su análisis para transformarla en conocimiento. Es decir, no se implementan procedimientos encubiertos de extracción de información, sino que se lleva a cabo un trabajo estructurado de revisión y consulta de fuentes –sobre todo abiertas– para poder así cumplir con un requisito de conocimiento dado.

Las tareas habituales de inteligencia son la supervisión del estado de determinadas situaciones –políticas, sociales, económicas–, la elaboración de análisis sobre objetos determinados –personas, empresas, tecnología, etc. – y la elaboración de documentos que apoyen a los consumidores a la hora de tomar decisiones.

Los analistas como agentes: un analista de inteligencia que se dedique a la extracción y análisis de información de fuentes abiertas en el sector privado, se tratará, en el 99 por ciento de los casos, de un especialista universitario de una materia concreta. Generalmente, los analistas proceden del ámbito de las ciencias sociales, dada la tradicional simbiosis de las mismas con los aspectos en los que la inteligencia ha sido más explotada: seguridad y política internacional, relaciones internacionales, economía, etc. Las matemáticas y, de forma más reducida, la estadística, también producen un buen número de analistas. La psicología es un caladero habitual de analistas, y la criminología, que ha experimentado un aumento potente de popularidad en España en los últimos años, también está cada vez más presente entre los conocimientos específicos de los integrantes de las unidades de inteligencia privadas.

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