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OPINIÓN

Joan Bergadà Giménez, Jefe de la División de Protección Portuaria e intendente jefe de la Policía Portuaria del Puerto de Tarragona

Puerto de Tarragona

El factor humano, eje vertebrador de nuestra seguridad

En septiembre de 2017, poníamos al alcance de todos los lectores de Seguritecnia un relato sobre los motivos, circunstancias y estructura por los cuales, a mediados de 2012, iniciamos el atractivo reto de dar respuesta a los nuevos requisitos legales de seguridad en nuestro Puerto de Tarragona.

Haciendo un pequeño viaje al pasado y situándonos en aquel año, todos recordaremos fácilmente cómo la importante crisis económica nos ‘golpeaba’ y nos limitaba contundentemente, sobre todo en aquellos aspectos relacionados con la contratación de personal y gestión de presupuestos.

Concretamente en el Puerto de Tarragona, encontrándonos en ese complicado y dificultoso escenario de cumplimiento preceptivo y de crisis, decidimos evaluar las demandas legislativas y analizar profundamente nuestra situación de vulnerabilidad. Todo ello nos llevó al diseño de un ambicioso proyecto destinado a dar una respuesta eficaz tanto a los nuevos preceptos normativos como a las necesidades de seguridad preventiva y operativa para nuestra instalación portuaria.

Este proyecto se planteó paralelamente desde dos ámbitos diferentes, pero estrechamente relacionados entre sí, de manera que el éxito de uno dependía del éxito del otro. Por un lado, uno contemplaba la implantación de nuevos recursos tecnológicos de primera línea, los cuales, aparte de suplir la paulatina disminución de recursos humanos, nos permitirían conseguir una mayor eficacia y eficiencia en nuestro sistema de protección y vigilancia portuaria. Y por otro lado, había un segundo proyecto dirigido a promover un ambicioso plan de mejora, de cambio de modelo y de cultura en el seno de nuestra Policía Portuaria, con el claro objetivo de convertirla en el eje vertebrador sobre el cual pivotar el total de seguridad portuaria.

Puerto de Tarragona

El primero, dada su envergadura y como primicia e iniciativa pionera hasta la fecha, ha sido motivo de referencia para otras instalaciones, así como objeto de diferentes artículos, presentaciones en jornadas y reconocimientos, como el premio concedido por Seguritecnia al Mejor Sistema de Seguridad implantado en España 2014.

El segundo proyecto también ha tenido una gran importancia en el conjunto de nuestros objetivos corporativos de seguridad, pero a pesar de su relevancia –y de forma ciertamente injusta– siempre ha coexistido en la sombra del primero.

Una de las principales experiencias adquiridas en este doble proyecto de gran envergadura y complejidad se ha raducido en aquello que al inicio del mismo ya sospechábamos. Difícilmente podría tratarse de una aventura exitosa si paralelamente a la incorporación de nuevos medios tecnológicos no contábamos transversal e internamente con el compromiso de las personas implicadas en la implantación y posterior funcionamiento de dichos medios.

Plan de mejora

Así, para la consecución de este fin y muy centrados en la organización de la Policía Portuaria, se elaboró el referido plan de mejora y profesionalización. Se planteó como la herramienta dirigida a provocar el compromiso y la implicación colectivos que eran necesarios para conseguir el éxito y la eficacia en la implantación de los nuevos sistemas tecnológicos de gestión de nuestra seguridad portuaria. 

De esta forma, convencidos de estar preparados para afrontar ese desafío profesional, empezamos a enumerar y recoger tanto los requisitos como la documentación para llevar a cabo las diferentes licitaciones necesarias para el proyecto de adquisición e implantación de los medios de seguridad física y tecnológica identificados en la evaluación previa. 

Fue en ese momento cuando nos asaltó una nueva incertidumbre y adquirimos conciencia de que irían apareciendo nuevos actores en el escenario de nuestros planes: los proveedores e integradores de los productos y servicios relacionados con el proyecto. 

Esa incógnita hacía referencia a un intangible difícil de hacer constar como una exigencia en la licitación y que, sin duda, va más allá de la simple contratación de un servicio. El compromiso, la implicación y el interés de los equipos de personas que representasen a esas empresas proveedoras se revelaba como ese valor inmaterial de precisa importancia y necesidad para la conquista de nuestros objetivos.

Inicialmente, según nuestras expectativas y pretensiones frente a los proveedores, requería que estos se encontrasen, como mínimo, alineados en el mismo nivel de compromiso y motivación que los futuros usuarios de estas tecnologías, y de ser posible incluso provocar que fuera en aumento.

Esto nos dibujaba un escenario imaginario donde la convergencia público-privada se convertía en una convivencia y colaboración muy cercana para el proyecto, donde el interés común se situaba por encima del rendimiento empresarial y comercial, idealizando un trabajo en equipo sin fisuras y basado en la confianza mutua.

El mercado, a través de importantes empresas y conocidas marcas comerciales del sector, nos ofrecía una importante variedad de productos tecnológicos de primerísima línea que se adaptaban perfectamente a las necesidades detectadas; pero nuestra inquietud sobrepasaba las excelencias de las prestaciones de esas soluciones. Para nuestra organización, la atención de primer nivel y el acompañamiento continuado y sin condicionantes al nuevo usuario eran, como ya se ha dicho anteriormente, cuestiones trascendentales para nuestro cambio de modelo, así como para conseguir la futura eficacia que nos planteábamos en aquel entonces.

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