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OPINIÓN

Seguridad bajo el agua: protegernos en la oscuridad

José Bausa Sahogar, Director general de Marepolis

Enrique Polanco, Consultor de Seguridad Global de Global Technology 4E

20/11/2014
Cuando miramos hacia el agua, nos quedamos pensando en la brillante superficie por la que pensamos que puede aparecer cualquier embarcación “enemiga” (terroristas, contrabandistas, ladrones, activistas…), sin darnos cuenta de que ese brillo del agua nos puede ocultar el peligro que se esconde bajo su lámina.

La seguridad integral, global y convergente debe contemplar los cuatro subespacios que, hoy día nadie lo duda, conforman el espacio general de las batallas: tierra, aire, agua y ciberespacio. No obstante, como comentamos en otro artículo (Seguritecnia, mayo de 2014) sobre las mil y una puertas que existen en los puertos de mar, una de ellas, la subacuática, era sistemáticamente obviada en la mayoría de los estudios de seguridad, ya fuera por no darle la importancia de la que su elevado riesgo le hace acreedora, como por la dificultad de abordar el estudio de riesgos y sus consiguientes contramedidas en algo prácticamente desconocido. Por ello, quisiéramos profundizar un poco más en esta “vulnerabilidad” para ayudar a que deje de serlo y se convierta en un espacio tan controlado como los otros tres.

Para empezar, cuando miramos hacia el agua, nos quedamos pensando en la brillante superficie por la que pensamos que puede aparecer cualquier embarcación “enemiga” (terroristas, contrabandistas, ladrones, activistas…), sin darnos cuenta de que ese brillo del agua nos puede ocultar el peligro que se esconde bajo su lámina. Esto nos puede recordar a aquellos documentales en los que un caimán que no vemos sale de repente del fondo, opaco y cenagoso, y atrapa a su presa. Al fin y al cabo, el único error que ha cometido la víctima es carecer de sistemas de detección y alerta. Si no queremos ser sorprendidos de la misma forma, no nos queda otra que bajar al submundo y conseguir dominarlo como una parte más de nuestro entorno de control.

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El espacio subacuático, al igual que ocurre con los otros, debemos medirlo también como un volumen que contemple sus tres dimensiones y al que deberíamos incluso añadir una cuarta, el tiempo. Este es un factor clave por la dificultad añadida, para atacantes y defensores, de mantenerse en un ambiente que necesita de medios que permitan la respiración artificial y adaptarse a las limitaciones temporales del cuerpo humano en la profundidad. Ello nos obligará a establecer parámetros y reglas de actuación totalmente distintas de las contempladas en otros entornos.

Otro punto que añade complejidad a este ambiente es la dificultad operacional, debida a los medios tan especializados necesarios para operar bajo el agua y que se nos pueden antojar excesivamente complejos y costosos. Realmente no lo son en absoluto y nos proporcionarán un importante aumento del nivel de seguridad con una baja relación coste/eficacia. Estos medios y equipos necesarios dependerán mucho del análisis de riesgos y amenazas que se deban combatir, así como del nivel de autonomía que se precise debido a la escasez de recursos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bomberos, Fuerzas Armadas u otros organismos con competencias en estas materias. Éstos normalmente no pueden atender a esas tareas con la asiduidad y la urgencia necesaria que este tipo de actuaciones suelen requerir, tanto por la distancia a la que se suelen encontrar, como por estar dedicados a otras misiones de diversa índole que tienen encomendadas. No es raro, sino habitual, que en situaciones de emergencia, como los rescates subacuáticos en los que el tiempo apremia, se tenga que contar por tanto con ayuda de buceadores profesionales o deportivos disponibles en la zona.

Buzos expertos

El hecho de tener que contar habitualmente con buzos de la zona, nos introduce en otra dificultad añadida, que es la pertinaz falta de visibilidad en las aguas de los puertos y otras aguas confinadas. Son múltiples las causas de baja visibilidad que en ellos convergen: limo, vertidos, contaminación, movimiento de barcos, etc., y que hace que la actividad subacuática sólo sea verdaderamente efectiva si la realiza personal que conozca perfectamente esos fondos, con sus recovecos y peligros. Ser capaces de descubrir la presencia de cualquier objeto que no estuviera allí anteriormente sólo se puede conseguir disponiendo de un equipo de buzos local y perfectamente integrado con el resto de los equipos de seguridad del puerto. Estos buzos también podrían actuar como guías de otros equipos de apoyo de mayor nivel, al igual que se requiere el guiado de un divemaster conocedor de la zona en las inmersiones de recreo o se solicita un práctico para la entrada y atraque de grandes buques en un puerto.

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Ahora, también debemos pensar en los equipos que se necesitarían para poder adquirir unas capacidades medias iniciales que les permitieran realizar su labor. Para empezar, los buzos deberían disponer de un equipo estándar de buceo (trajes, botellas, regulador, gafas, aletas, etc.) y sistemas que garanticen su seguridad, como los equipos de comunicación subacuática o los equipos de oxigenación para tratar accidentes en medio hiperbárico. Además, sería conveniente añadir cierto material de apoyo que permita la necesaria autonomía que ya hemos comentado, como un compresor de aire o la embarcación que facilite los desplazamientos por el agua. Así mismo, serían necesarias determinadas herramientas dependiendo de los cometidos y capacidades que quisiéramos dotar al equipo de buceadores: elementos elevadores para recuperación, elementos de corte subacuático, torpedos para grandes desplazamientos, etc.

La ya comentada carencia de unidades especializadas de las diversas administraciones y servicios, que pudieran actuar con la celeridad requerida en este complicado entorno, acrecienta la necesidad de disponer de medios propios que les provean de esta imprescindible capacidad. Para ello, tal vez nadie mejor para ejercer este importante cometido que la Policía Portuaria, como así se está haciendo en otros países de nuestro entorno y, aunque en fase incipiente de planificación, en algún puerto de España. A esta policía se le puede dotar muy fácilmente de esta capacidad, proveyéndoles con la formación y medios que les permitirían cumplir eficazmente las misiones de seguridad subacuática.

No debemos obviar tampoco la importantísima capacidad adquirida de salvar vidas que sólo será posible si se dispone de los medios y capacidades en el lugar y momento necesarios. Estos equipos locales serían perfectos conocedores del territorio sumergido de su entorno y estarían bien entrenados ante cualquier evento mediante simulacros y maniobras realizadas conjuntamente con el resto de los equipos de seguridad de superficie. Estos simulacros permitirán un control y mantenimiento adecuados del equipo de buceo, así como un reciclaje constante de sus capacidades.

Además de estos equipos de buceo especializados, otro factor que debemos tener en cuenta para implementar la seguridad subacuática son los medios submarinos de detección y detención. Al igual que se estructura para los sistemas de seguridad de superficie, se debe configurar una red perimetral subacuática que cierre los accesos y zonas críticas de especial riesgo, permitiendo la detección de la intrusión y proporcionando el tiempo necesario para permitir la actuación de los equipos de seguridad anfibios. Entre estos medios podríamos destacar los sonares activos y pasivos, sonar de imagen, sonoboyas, redes y obstáculos submarinos, cámaras de vídeo sumergidas, iluminación, enrejados de salidas de cloacas, sensores sísmicos, magnéticos y térmicos, etc. Incluso en determinadas situaciones temporales de riesgo extremo, se podrían utilizar minisubmarinos de vigilancia a modo de patrullas, dotados de sus propios sensores y cámaras.

Ya sabemos que la seguridad es necesaria para salvaguardar nuestros activos, pero además, y como valor añadido, en los puertos se convierte en un aumento de la capacidad de negocio al poder ofertar un alto nivel de seguridad en un entorno tan tradicionalmente inseguro y atraerá sin duda a las grandes empresas de transporte, navieras, barcos de recreo e incluso a las armadas extranjeras en busca de un refugio seguro donde descansar y gastar el dinero acumulado en los largos meses de navegación.

Entendida así la necesidad de disponer de estas capacidades complementarias de seguridad, veamos algunas de las misiones que serían típicas de estos equipos: rescates, búsqueda y recuperación, desatascos y liberación de objetos, reparaciones, vigilancia de accesos, revisión de cascos, muelles y pantalanes, etc.

Rescate subacuático

Las misiones de rescate requieren de una actuación inmediata y de un equipo perfectamente conocedor del entorno para que realmente sean efectivas. Estos rescates pueden ser de personas, objetos valiosos fácilmente deteriorables o la precipitación desde los muelles al agua durante operaciones de trabajo en el puerto, de vehículos de motor o grúas tripuladas.

Respecto a la búsqueda y recuperación, también es frecuente la perdida o caída de objetos importantes, voluminosos o pequeños, en las aguas de un puerto. Pueden ir desde anclas de barcos deportivos o comerciales, mercancías o equipajes, hasta paquetes de contrabando que pueden quedar perfectamente ocultos bajo las aguas. Cuando hay una alerta o sospecha, el equipo de intervención puede iniciar un trazado de búsqueda subacuática, localizar el objeto e izarlo a la superficie con facilidad ayudado por grúas o globos elevadores. Nos sorprendería ver todo lo que se puede encontrar buceando en las aguas de un puerto y que ha quedado yaciendo en el fondo por la imposibilidad de ser recuperado.

Si no queremos ser sorprendidos, no nos queda otra que bajar al submundo y conseguir dominarlo como una parte más de nuestro entorno de control

De forma similar, podría ser necesario actuar en misiones de desatascos y liberación de objetos o reparaciones bajo el agua. A veces, tras temporales climatológicos, también pueden aparecer bloqueos o cambios en el calado en ciertas zonas del puerto que harán necesaria la intervención de buzos para remover las ramas, piedras u otros obstáculos causantes del problema. También será frecuente la necesidad de realizar reparaciones menores y desatascos en estructuras sumergidas que resulten afectadas o resolver el enganche de cabuyería en hélices, bocinas o timones de grandes barcos. Sin olvidar por supuesto las reparaciones o desenganches en boyas de señalización, tan importantes para la seguridad del tráfico marítimo.

Por supuesto, no se puede olvidar la importante seguridad medioambiental, ejerciendo la vigilancia y revisión de entornos naturales aledaños a los puertos, donde por ejemplo se pueden producir descargas de productos químicos o entradas de crudo y basuras. Los equipos subacuáticos pueden desarrollar a la perfección estas funciones de manera independiente; de hecho, su mera presencia puede ser disuasoria y determinante en la prevención de catástrofes medioambientales.

Por último, pero no menos importante, tenemos la misión de vigilancia de accesos submarinos como las bocanas, ríos y canales internos y la revisión de cascos, muelles y pantalanes. Estas misiones son las que clasificaríamos especialmente como de “seguridad subacuática” y que, como se ha comentado antes, comportan, además del incremento del nivel general de seguridad, un servicio de valor añadido que los puertos comerciales pueden ofrecer a sus clientes. La revisión de cascos es tremendamente útil para determinar cualquier elemento adosado, daños estructurales o vías de agua. En cuanto a las revisiones de pantalanes, pueden ser necesarias en caso de clientes que necesiten altos grados de seguridad pre-atraque como es el caso de buques militares, mercancías peligrosas y otros barcos de alto riesgo por su valor simbólico o especiales pasajeros.

Como colofón, solo añadir que estos sistemas de seguridad subacuática, al igual que todos los demás sistemas de seguridad integral que conforman el entramado de seguridad del puerto, no son un apéndice suelto más, sino que deben ser producto del resultado de un análisis de riesgos global e integrados en un Sistema Avanzado de Mando y Control que aglutine, gestione y coordine todas nuestras capacidades como un todo, permitiendo la interacción de todas ellas para conseguir un solo objetivo: el mayor y más eficiente nivel de seguridad posible.  

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