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OPINIÓN

Jon Michelena Muguerza, Director general de Cepreven

40 años aglutinando esfuerzos en prevención

Cuentan los cronistas de la época que la conclusión octava de las adoptadas por el “Primer Simposio Nacional sobre Protección y Prevención Industrial”, organizado por el INI y su Mutualidad de Seguros en el año 1969, decía textualmente: “Todos los organismos, corporaciones, centros, servicios, asociaciones, empresas y profesionales interesados directa o indirectamente en la prevención, deben coordinar sus esfuerzos mediante la creación de un centro nacional, uno de cuyos principios sea impulsar los trabajos de investigación sobre la misma, conectado con centros similares de otros países”.

A pesar de esta declaración de intenciones, la idea de la creación de un centro prevencionista no volvería a resurgir hasta 1972. Durante la celebración de la “II Semana Iberoamericana de Prevención y Seguridad”, quien fuera delegado en España de la New Hampshire, Francisco Reyes P. Aldave, dejó claro en una apasionada intervención que “el arma o instrumento principal en la estrategia de prevención es disponer de la institución o entidad adecuada que, aglutinando y coordinando esfuerzos, dedique su principal actividad a la inmensa variedad de facetas que en todos los órdenes comporta el interesante capítulo de la prevención en su más amplio sentido”.

En ese mismo foro, Ernesto Caballero, en una ponencia titulada “Principios Básicos y Configuración del Centro Nacional de Prevención”, pormenorizaba los objetivos del tan deseado centro, así como su configuración, estructura, organización y financiación. En su desarrollo planteó alguno de los principios que siempre han formado parte del ADN de esta casa: “meced a su amplitud de objetivos, el centro debe obtener el mayor número posible de colaboraciones, tanto en su etapa fundacional como posteriormente a lo largo de su desarrollo”; “por propia definición, será el órgano aglutinante de un conjunto de ellas (entidades) y el instrumento canalizador y coordinador de toda clase de esfuerzos en pro de una prevención más perfecta”; “el Centro Nacional de Prevención de España no podrá ser una excepción en este orden y, desde el primer momento, tiene que configurarse con vistas a coordinar sus esfuerzos con los de otros países, intercambiando experiencias y realizando labor de colaboración y ayuda”.

La idea ya había tomado forma, sólo era necesario pasar a la acción. La revista Actualidad Aseguradora se hacía eco de lo acontecido en la “II Semana de la Prevención y la Seguridad” en su número de diciembre de 1972. En su editorial indicaba: “lamentablemente, y hay sobradas experiencias de ello, esto no debe quedar en la efímera labor de unos actos solemnes con retóricas declaraciones de principios, y en los que portavoces de la Administración declaran acoger con simpatía estas iniciativas. […] El Centro Nacional de Prevención no debe quedar en esos meros principios, sino que es necesario y urgente arbitrar los medios necesarios para que su funcionamiento, y las consecuencias beneficiosas que de su actuación se derivarían, sean una pronta realidad”.

En una reunión mantenida el 20 de junio de 1973, la patronal de la época tomo el acuerdo de que se iniciasen los trabajos preparativos correspondientes, pero en mayo de 1974, la revista Actualidad Aseguradora publicaba una noticia bajo el título “Urge la creación del Centro Nacional de Prevención, para llevar a cabo una labor eficaz en la prevención de accidentes”, indicando que, desde que la Unión Nacional de Empresarios lo acordase y hasta la fecha, no se habían tenido noticias al respecto.

Finalmente, a lo largo del año 1975 se fue dio forma al centro. El Centro Nacional de Prevención tomó su forma y su nombre definitivo: Asociación de Investigación para la Seguridad de Vidas y Bienes, Centro Nacional de Prevención de Daños y Pérdidas–CEPREVEN, siendo desde entonces utilizada esta última forma abreviada por razones obvias.

Ya en 1976, se firmó el acta fundacional de la asociación el día 20 de enero, para un mes después celebrar la primera asamblea, de la que salió elegido el primer Consejo de Dirección, en el que se dieron cita personajes ilustres como Félix Mansilla, Luis Monzó, Pedro Lamet, Ernesto Caballero, Carlos Sunyer, José Luis Esteva, entre otros. Se nombró al almirante Leopoldo Boado y Endeiza como primer presidente y a Francisco Reyes P. Aldave como vicepresidente, siendo su secretario Miguel Angel Saldaña que, de forma casi milagrosa, y como director de CEPREVEN, consiguió situar a la asociación como la entidad de mayor prestigio en el sector de la prevención y perpetuarla hasta su jubilación en 2007. Para ello contó con el apoyo de un reducido equipo de personas y de un amplio abanico de colaboradores, que confió en el buen hacer de CEPREVEN. Entre todos dotaron de contenido a la idea primigenia de sus promotores.

Tiempos difíciles

No fue un camino fácil. Pronto desaparecieron las ayudas oficiales y la sociedad cambiaba a velocidad de vértigo. No podemos perder la perspectiva histórica del momento de su gestación. Ésta se inició en las postrimerías del régimen franquista y finalizó en un periodo de incertidumbre política en el que la sociedad española clamaba por la libertad. Había que ser atrevido, era necesario romper con lo establecido, todo lo nuevo era bienvenido y se asimilaba con avidez, incluso con agresividad. La mesura ni la prudencia estaban bien vistas, eran actitudes reaccionarias, eran sinónimos de miedo y cobardía. España tenía que cambiar. Eran tiempos de transición.

Realmente fueron tiempos difíciles para hablar de prevención, pero a pesar de ello la idea de estos pioneros cuajó y dio lugar a la asociación que hoy tengo el honor de dirigir. 

Cuarenta años después, CEPREVEN continúa rigiéndose por los mismos ideales y principios de aquellos visionarios que se adelantaron a su tiempo: colaboración e imparcialidad. Colaboración en un objetivo común con todas las entidades comprometidas con la prevención, dentro y fuera de nuestras fronteras, empezando por las más cercanas, aquellas que participan directamente en nuestro consejo, como TECNIFUEGO-AESPI, UNESPA o APCAS, y continuando con todas las demás asociaciones que tienen alguna conexión con nuestras actividades. Queremos trabajar con todos y para todos, con la clara idea de aglutinar esfuerzos, sumando acciones para multiplicar resultados. Imparcialidad y objetividad, que son nuestras señas de identidad. Creemos que es la mejor forma de mejorar los niveles de seguridad frente a los riesgos clásicos y a los nuevos riesgos. La búsqueda del conocimiento allá donde se encuentre, y su trasmisión de forma veraz y transparente al conjunto de la sociedad es una de nuestras mayores inquietudes. 

Fruto de nuestro trabajo, que ha sido el de todas las personas comprometidas con la prevención, hemos avanzado mucho, pero todavía nos queda mucho camino por andar. Probablemente nunca alcancemos el destino, porque los nuevos riesgos (tecnológicos, ciberseguridad, terrorismo, cambio climático…) y los riesgos de siempre que se ven afectados por las nuevas costumbres o por los nuevos materiales alargan el camino hacia la ansiada seguridad de vidas y bienes. Como escribió Machado, haremos camino al andar, todos juntos y en la misma dirección, y aunque el futuro sea incierto, siempre podremos volver la vista atrás y comprobar todo el camino que hemos avanzado.

Y seguiremos avanzando…

No quiero finalizar sin dejar de agradecer, de corazón, a todas aquellas personas que en algún momento hayan compartido con nosotros esta tarea, a veces ingrata e ilusionante la mayoría de las ocasiones. Yo estoy convencido de que, con la acción continuada de estos 40 años, entre todos habremos salvado alguna vida y evitado alguna catástrofe. 

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