sector de la seguridad privada, empresas de seguridad, empresas de servicios, revista Seguritecnia, ciberseguridad
Revista Seguritecnia Edición impresa
Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
OPINIÓN

César Álvarez Fernández , Coordinador de proyectos de la Fundación Borredá

Introspectiva: el valor de la Fundación

En el otoño de 2011 tuve el privilegio de compartir confidencias con Ana Borredá sobre un proyecto que ella misma iba conformando en aquellos días: la puesta en marcha de una Fundación dedicada a la seguridad.

La idea era tan sencilla como aprovechar el conocimiento que la Editorial Borrmart acumulaba, a través de sus publicaciones técnicas especializadas en seguridad, ampliarlo con sus propios estudios e investigaciones y ponerlo a disposición de todos, Administración y sector privado, para buscar fórmulas alejadas de cualquier interés comercial que permitiesen la creación de sinergias para mejorar la posición de todos los actores del escenario de la seguridad en España.

El proyecto me cautivó desde el minuto uno porque, a la sazón, yo también estaba inmerso en un apasionante proceso para mejorar la interlocución entre la seguridad pública y la privada. Por otra parte, mi experiencia profesional anterior en zonas donde el terrorismo autóctono golpeaba salvajemente a sus objetivos de cualquier naturaleza me había hecho desarrollar un espíritu de solidaridad que me llevaba, y me sigue llevando, a sumar siempre el máximo de esfuerzos para mejorar la seguridad de todos y a despreciar a los vendedores de humo capaces de jugar con esa seguridad por miserables beneficios económicos o de posición personal. 

En consecuencia, apoyé esa iniciativa convencido de su conveniencia y ofrecí, además del personal, todo el apoyo institucional que pudiera brindarle desde mi posición. Más tarde, concluido ya mi tiempo de servicio activo en la Guardia Civil, encontré en la Fundación la mejor fórmula para seguir desarrollando mi vocación de servicio al interés general. Pero para entonces la criatura que vimos nacer en 2012 ya había dado sus primeros pasos con exquisito cuidado y había crecido lo suficiente como para convertirse en referencia de una forma mejor de hacer las cosas.

Se cumplen ahora los primeros siete otoños de aquella idea y, para mí, mi primer año completo con la Fundación. Buen momento para hacer una reflexión sobre el camino recorrido y valorar nuestra posición para alcanzar los objetivos señalados:

Los cimientos

La idea original de huir de cualquier interés económico y buscar exclusivamente el mejor servicio al interés general con rigor y seriedad, huyendo de la publicidad fácil para vender posiciones inventadas, ha sido el sello distintivo de la Fundación desde el primer momento de su existencia. Gracias a ello, contamos hoy con la confianza tanto del sector privado de la seguridad como de la Administración porque, en ambos casos, saben que nuestras propuestas no esconden intereses espurios y les conceden un plus de credibilidad.

Este mensaje ha calado también entre nuestros socios protectores, que aportan los recursos necesarios para que podamos seguir adelante en nuestra andadura. Ellos han sabido entender que nuestros valores constituyen un extraordinario vector para promocionar sus intereses, pero lo verdaderamente singular y característico es que no apoyan a la Fundación esperando un retorno de su inversión vía publicidad, sino que, juntos, hemos configurado un ecosistema confiable en el que todos compartimos nuestras visiones desde los mismos principios. Más aún, ellos mismos intervienen a la hora de dirigir nuestra acción y orientarla en la dirección más adecuada para alinearse con las necesidades detectadas sobre el terreno. Esta perfecta sincronía entre los objetivos planteados y las carencias existentes es la mejor garantía de éxito.

No puedo dejar de señalar en este punto la magnífica aportación que hace a nuestro proyecto esa categoría especial de colaboradores a los que conocemos como “Amigos de la Fundación”. Más allá de su contribución económica, constituyen el tejido social básico del que recibimos la primera orientación fiable sobre el acierto de nuestras acciones y los apoyos de todo tipo para mejorar nuestro conocimiento sobre aquellos temas que desarrollamos en cada momento. Esta información de primera mano marca la calidad de nuestros estudios e informes.

Por último, pero lo primero en importancia, la impronta de la familia Borredá, que da su nombre a la Fundación, ciertamente con la mirada puesta en el legado de don Ramón Borredá, al que siento no haber tenido el honor de conocer. Hace falta mucha vocación de servicio y mucha ilusión, como la que ellos tienen, para dedicar sus recursos a este proyecto. En este núcleo familiar es de justicia incluir a grandes amigos de la familia, que contribuyen con su siempre generoso esfuerzo a la consecución de nuestros fines, como Francisco Muñoz Usano, patrono que ayudó a poner los sólidos cimientos sobre los que construimos la Fundación, o Miguel Merino, impulsor infatigable de la creciente comunidad de profesionales que la conforman. Quiero destacar también la figura de Laura Borredá, ejemplo de ilusión y entrega, y pilar que permite mirar con optimismo nuestro futuro.

Puede acceder al contenido completo en el siguiente enlace.

Volver