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OPINIÓN

Luis Serrano, Líder global del área de Crisis y Riesgos de Llorente & Cuenca

La hipervulnerabilidad en la comunicación corporativa

El pasado 12 de mayo de 2017 un modesto ramsonware ponía reputacionalmente contra las cuerdas a miles de empresas en 150 países del mundo. Un ataque que, según los expertos, usó la vulnerabilidad Eternal Blue, desarrollada por la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, para afectar a cerca de 150.000 computadoras que usaban el sistema operativo de Microsoft Windows.

Solo unos pocos minutos después, empresas de todo el mundo se veían obligadas a ordenar apagar sus ordenadores. Los empleados, convertidos en portavoces no autorizados de las compañías, comenzaban a compartir el ataque a través de WhatsApp. La viralidad en redes sociales y su difusión a las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo estaba servida.

Aquel día, una vez más, fuimos testigos de lo que denomino como el Real Time de la crisis. Antes de que los comités de crisis de empresas públicas y privadas de medio mundo fueran conscientes de la dimensión de lo ocurrido, la información estaba en la Red. Todavía muchas de aquellas empresas tardaron horas en reunir a sus comités de crisis para tomar las primeras decisiones estratégicas.

Lo que pasó aquella jornada no fue una excepción. Es el día a día de los que gestionamos este tipo de situaciones y venimos siendo testigos, desde la llegada de las redes sociales, de un auténtico cambio de paradigma en la comunicación de crisis y emergencias. Ya nada volverá a ser como antes. El mundo está cada vez más hiperconectado, al tiempo que nos volvemos más hipervulnerables. Unamos a esto que el tráfico de datos, que en caso de crisis o emergencias se va a producir, ha crecido de manera exponencial en los últimos años. No solo estamos más expuestos y cada vez se producen más bulos y rumores, sino quecada vez éstos surgen más rápido en medio de un océano de datos que amenazan con inundar el escritorio de aquellos gestores de crisis que intentan poner orden en el caos que, por lo general, es un war room.

Es el día a día de los nuevos riesgos corporativos que nos afectan a todos. Atentados como los de Charlie Hebdo, Bataclan, Niza, Mánchester, Londres o Barcelona, demuestran cómo, en caso de ataque, la primera información ya no es la que procede de los servicios de emergencia y los medios de comunicación. Las noticias surgen antes y en directo en las redes sociales. Twitter y Facebook inundan de relatos deslavazados la Red coadyuvando a aumentar la alarma social. Sabedor de esto, el Daesh diseñó toda su estrategia contando con que los testigos se convertirían en los mejores propagandistas del terror. No solo eso, sino que también eran conscientes de que a los pocos minutos los vídeos y fotos distribuidas compartirían espacio en la Red, y en algunos medios, con otras falsas o procedentes de atentados distintos.

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