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Revista Seguritecnia Edición impresa
OPINIÓN

César Álvarez Fernández , Coordinador de proyectos de la Fundación Borredá

La implicación de la alta dirección

El 15 de noviembre de 2017 será recordado como la memorable fecha en que se escenificó, de forma contundente, que la alta dirección de las empresas entiende de seguridad y, además, tiene mucho que decir en la materia.

El impacto fue tremendo: por primera vez, en el 5º Congreso sobre Protección de Infraestructuras Críticas y Servicios Esenciales (Congreso PIC) tuvimos la oportunidad de ver a los representantes de grandes compañías españolas, designadas operadores críticos, opinando con conocimiento de causa sobre la seguridad de sus empresas y reconociendo su importancia para la consecución de sus objetivos.

Cada uno de ellos nos dejó su pincelada del sentido de la seguridad en sus organizaciones. Así, el entonces presidente de Telefónica dio su visión de la seguridad como función transversal que es responsabilidad de todos y no solo del director de seguridad, para lo cual resulta imprescindible la creación de una adecuada cultura de seguridad. Mientras, el presidente de Red Eléctrica de España expuso la necesidad de considerar la seguridad en su acepción más integradora, para lo cual es necesario contar con un director de seguridad integral. Por su parte, el máximo responsable de Enagas hizo referencia a los problemas de seguridad que genera la integración entre IT (Information Technology) OT (Operation Technology), como una de las razones para mantener su política de seguridad interna.

Magistral fue también la intervención del presidente de Renfe, que dejó tres notas para la seguridad corporativa: su carácter integral, horizontal y vertical; su condición de adaptativa y evolutiva, como algo vivo; y su disposición a colaborar con las entidades públicas y con otros operadores. No menos impactante fue la del presidente de Bankia, que expuso los factores de criticidad de la banca (flujos cobros-pagos y manejo de información) que imponen una seguridad integral de calidad, en lo cual este sector invierte el triple que la media. Llamativamente, también se refirió a la colaboración público-privada y, en materia de seguridad, con los competidores.

Cambio de paradigma

La trascendencia de este acto y su significado se contraponen al rancio concepto de la seguridad manejado a veces en el pasado por muchas empresas, en cuya virtud, cuando no se consideraba otra obligación legal, se entendía como protección personal de determinados directivos, dirigida también a la protección patrimonial sobre activos tangibles. Como consecuencia, en muchos ámbitos, la seguridad era considerada más como gasto que como inversión y no era extraño ver a empresas del Ibex sin estructuras de seguridad corporativa. Afortunadamente, la puesta en marcha de las medidas para la protección de las infraestructuras críticas ha supuesto un cambio de paradigma y las propias empresas, en la medida que, junto a la Administración, toman conciencia de su trascendencia para la sociedad y de sus vulnerabilidades, incorporan la seguridad a los factores que les permiten alcanzar sus objetivos.

Tomando como referencia el último Estudio de Seguridad Corporativa de la Fundación Borredá, de 2016, vemos que en el 78 por ciento de las empresas se percibe a la seguridad corporativa como un valor añadido; pero hay que destacar que, todavía, un 15 por ciento la consideran aún como una exigencia legal. Igualmente, entre las dificultades de las organizaciones para desarrollar políticas de seguridad corporativa, se destacaban en tercer y cuarto lugar, en un 22 por ciento de los casos, la falta de visibilidad e influencia en la organización (aumentando respecto a la anterior edición) y la carencia de recursos de los departamentos de seguridad. Para corroborar el cambio de paradigma, el 32 por ciento de las empresas señalaban como principal impacto de su entrada en el Sistema de Protección de Infraestructuras Críticas la mayor concienciación de la alta dirección en materia de seguridad.

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