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Revista Seguritecnia Edición impresa
OPINIÓN

Francisco Canto Berrocal , Director de Seguridad de Selenta Hospitality Group

Seguridad, una exigencia más de la calidad hotelera

Estamos finalizando el invierno y, a las puertas de la próxima temporada estival, España y concretamente su sector turístico se posicionan en primerísima línea como motor de nuestra economía.

España es un país eminentemente turístico, y los datos lo avalan. En 2018 se recibió la cifra récord de 82,6 millones de turistas internacionales, lo que supone un 0,9 por ciento más que un año antes. Además, se produjo un incremento del gasto del 3,1 por ciento, rozando la friolera de los 90.000 millones de euros (según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo).

Estas cifras mantienen a España como principal destino competitivo mundial y nos anima a todos a seguir trabajando para consolidar estos flujos. Pero, ¿nos tenemos que dejar “dormir” y pensar que los años venideros serán iguales? La respuesta es clara y rotunda: ¡para nada! Y el que lo haga, se estará equivocando gravemente.

Bien es cierto que, en términos generales, nuestros establecimientos hoteleros cuentan con un prestigio avalado por años de profesionalidad y experiencia, donde la calidad se enfoca hacia la satisfacción de nuestros huéspedes. Esto, hoy más que nunca, pasa por que se sientan totalmente seguros.

La seguridad, que si bien debe pasar desapercibida, está cada vez más demandada por nuestros clientes, los cuales, si perciben ese clima de tranquilidad y confort en una primera visita no dudarán en escoger y recomendar el establecimiento como su lugar de descanso o trabajo.

Las compañías que nos dedicamos a la gestión de establecimientos hoteleros somos conscientes de la importancia que tiene –y cada vez más– la inversión en seguridad: desde la identificación y prevención de los riesgos antisociales más cotidianos, y no por eso menos importantes (fundamentalmente delitos leves de robos al descuido), pasando por aquellos riesgos derivados de fraudes y sabotajes, riesgos propios de la situación terrorista identificada en nuestros entornos occidentales y, por último con un especial énfasis, todos aquellos derivados de la propia actividad hotelera que se generan en instalaciones de pública concurrencia (accidentes y principalmente incendios).

Lo primero es lo primero

Los que nos dedicamos profesionalmente a gestionar riesgos (identificándolos, midiéndolos y proponiendo las medidas correctoras más adecuadas) siempre tenemos el mismo discurso: “lo primero es lo primero”. A primera vista sientes que tienes muchas cosas que hacer, pero necesariamente se deben priorizar y administrar las situaciones para que las más importantes sean las primeras y no las últimas. Parece fácil, pero en el día a día se complica.

Lo importante queda relegado por lo urgente; de esta manera estamos siempre atendiendo “lo urgente”, que no debería ser lo primero si hubiéramos gestionado en base a una planificación previa con una detallada evaluación e identificación de todos los posibles riesgos y la adopción de las medidas preventivas más adecuadas. Os aseguro que de esta forma aparecerían menos “urgencias” que relegasen a un segundo término a todo aquello que consideramos “lo primero” en nuestro quehacer diario.

En la fase de diseño, cuando se construye o reforma un hotel y se definen los espacios y usos que de dichos espacios se esperan, debe contarse plenamente con el departamento de Seguridad y no relegarlo a un segundo plano porque se considere equivocadamente que todo lo relacionado con la seguridad es “solo un gasto adicional”.

Los hoteles estamos expuestos a un importante catálogo de amenazas que, básicamente, no ha cambiado: incendios, robos, hurtos, estafas, impagos, acciones terroristas, etc. Lo que sí ha ido variando son los métodos y modus operandi para llevar a cabo estas acciones. Los delincuentes que se van especializando en el sector hotelero son cada vez más “profesionales”, ya que, siendo conscientes de la evolución de la seguridad en nuestros establecimientos, estudian y perfeccionan la manera de desempeñar sus actividades delictivas. Para hacer frente a esto debemos estar prevenidos actualizando nuestros equipos y sistemas de seguridad en función de los peligros a los que nos vemos sometidos y creando o modificando los protocolos y procedimientos de seguridad correspondientes.

Por suerte, y cada vez más, en esa fase de diseño los propietarios se comprometen con los aspectos de seguridad y calidad, facilitando e incorporando al departamento de Seguridad en todas aquellas decisiones que emanan de las previas evaluaciones de riesgos. En ellas se valora la instalación de sistemas y subsistemas de seguridad que, una vez integrados, se posicionan como un factor de valor determinante para la gestión diaria y como un requisito de calidad irrenunciable para nuestros huéspedes y clientes. De no ser así, la instalación posterior sería más difícil y costosa, además de conllevar las lógicas molestias que se hubiesen podido causar a nuestros clientes.

Es así como lo primero es lo primero, planificando y llevando a cabo lo planificado; en definitiva, anticipándonos en la fase de diseño.

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