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OPINIÓN

La prevención y la tecnología, claves para minimizar el riesgo de incendio forestal

03/08/2018 - Comité de Defensa contra Incendios Forestales de Tecnifuego
Detener o minimizar los incendios forestales es uno de los grandes retos del futuro. Si hace unos años era un tema casi exclusivamente tratado y dirigido a los expertos, ahora este tipo de incendios crea alarma social debido a su proximidad a las poblaciones.

Durante 2017 tuvieron lugar 56 grandes incendios forestales –categoría que incluye aquellos que superan las 500 hectáreas forestales afectadas– y se han quemado 178.233 hectáreas, o lo que es lo mismo, tres veces la ciudad de Madrid.

Otro problema es que la mayoría de las poblaciones y urbanizaciones carecen de una red de hidrantes contra incendios. Igualmente, y aunque es obligatorio, el 80 por ciento de los municipios carece del plan de autoprotección de incendios forestales, según datos de 2018 de Greenpeace.

Prioridades

Cuando las llamas afectan a la interfaz urbano-forestal cambian las condiciones a las que se enfrentan los equipos de extinción. Entonces existe una nueva prioridad de emergencia: primero las personas, luego los bienes y, por último, el monte.

Para poder tomar decisiones adecuadas es imprescindible que las urbanizaciones estén preparadas para la autoprotección y que prevean una evaluación de riesgos, actuaciones de prevención, medidas de vigilancia y alarma, medios materiales y humanos en caso de incendio, medidas de evacuación y planificación ante una emergencia.

Igualmente, un factor que ayuda a minimizar los incendios son las tecnologías para la extinción. Las empresas de seguridad contra incendios invierten anualmente en I+D+i para aportar soluciones eficaces a la sociedad y a los equipos de emergencias, cuerpos de bomberos y todo el personal que se dedica al área de extinción de incendios forestales.

Un ejemplo es instalar redes de hidrantes dentro de la urbanización para que los servicios de extinción puedan recargar sus equipos, aunque una alternativa es usar agua reutilizada. Así, la reserva disponible para extinción de incendios será menos dependiente de los otros consumos circunstanciales. Las mangueras y lanzas han tenido una buena evolución atendiendo a las necesidades del personal de los servicios de emergencias. Mangueras que resisten el calor y que aportan más caudal, con mejor radio de curvatura y más flexibles y manejables; igualmente, las lanzas han evolucionado en la distribución del agua, cumpliendo la norma europea de lanzas EN 15182 de bajo mantenimiento con caudales pequeños.

También cabe destacar la utilización de técnicas de simulación avanzadas para investigar incendios producidos, analizar y/o verificar riesgos de zonas concretas y estudiar cuál es la efectividad de los medios de extinción. 

Además, se encuentran los nuevos vehículos contra incendios de última generación con categoría G (todo terreno), que permiten a los cuerpos de bomberos llegar y transportar sus equipos y reservas de agua por zonas de difícil acceso; y que vienen equipados con potentes bombas capaces de alcanzar presiones de agua de hasta 25 bar en media presión y 40 bar en alta presión, así como con mangueras de alta presión para uso profesional y servicio duro, de elevada resistencia a las duras condiciones de este tipo de incendios, y con lanzas de caudal regulable.

Puede acceder al artículo completo en el siguiente enlace.

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