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OPINIÓN

Jon Michelena Muguerza, Director General de Cepreven

Por la profesionalización de la protección pasiva

El sistema de construcción utilizado tradicionalmente en España presenta un buen comportamiento en lo relativo a la protección de las estructuras de los edificios frente al fuego. El hormigón armado y el ladrillo tienen unas características idóneas que evitan que el propio edificio aporte combustible a un posible incendio, manteniendo su capacidad portante durante horas, lo que permite la evacuación y la actuación de los bomberos en caso de necesidad.

Es cierto que, por lo general, los riesgos no los genera el continente, sino el contenido. Nosotros, los ocupantes de los edificios, nos empeñamos en introducir una ingente cantidad de materiales de todo tipo, cuyo comportamiento al fuego en la mayoría de los casos nos es desconocido, por no hablar de la posible interacción de los productos de la combustión de los diferentes enseres en caso de incendio.

La legislación ha tratado este tema desde hace muchos años. Ya a principios del siglo pasado se publicaron las primeras disposiciones tras el incendio del Teatro Novedades. La primera norma general en este ámbito fue la Norma Básica de la Edificación-Condiciones de protección contra incendios (PCI), promulgada en 1981 y cuyo origen fue el incendio del hotel Corona de Aragón en 1979. En la actualidad, es el Código Técnico de la Edificación-Documento Básico de Seguridad Contra Incendios el que regula este tema.

Pero la normativa también ha avanzado en otros aspectos relacionados con la sostenibilidad, la habitabilidad y el aislamiento térmico, entre otros, lo que ha conllevado la aparición de nuevos materiales y nuevas formas de construir y provocado la aparición de nuevos riesgos, no siempre contemplados. Un claro ejemplo de este hecho es el incendio de la Torre Grenfell, en Londres, el año pasado. El deseo de rehabilitar un edificio, aislándolo térmicamente y modernizándolo estéticamente, dio lugar a un proyecto bien planteado que fue ejecutado por alguien cuyo desconocimiento resultó trágicamente palpable. La sustitución de una placa de fachada por otra “prácticamente igual”, de menor coste, provocó la tragedia que todos conocemos.

Protección pasiva

A diferencia de las instalaciones de protección activa contra incendios, que son instaladas por empresas especialistas que han de estar autorizadas por las delegaciones de industria, la protección pasiva es habitualmente erigida por trabajadores de la construcción, que por lo general carecen del conocimiento necesario y que tratan los materiales de protección contra incendios sin diferenciarlos, instalando una puerta cortafuegos como si fuese la del baño o un panel resistente al fuego como si fuese una placa de cartón-yeso.

A pesar de la insistente petición de los especialistas, el legislador no acomete la tarea de profesionalizar el sector. El nuevo Reglamento de Instalaciones de Protección Contra Incendios, publicado el año pasado, tampoco estableció ningún requisito para los instaladores de pasiva por problemas de competencias ministeriales.

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