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Revista Seguritecnia Edición impresa
OPINIÓN

Vicepresidente de ASIS España, Alfonso Castaño García

Inteligencia artificial, ‘Big Data’ y realidades digitales:

¿Las nuevas armas del director de seguridad?

Si hay tres tendencias de las que todo el mundo habla en torno a la seguridad operativa en estos momentos son la inteligencia artificial, el Big Data y las realidades digitales.

Pero como casi siempre sucede en este mundo, ni son tan nuevas, ni significan en sí mismas un paso decisivo para la seguridad tal y como hoy las entendemos. No dejan de ser unas nuevas herramientas en este gremio, pero de las que se precisa del artesano más hábil para sacar el mejor partido.

Inteligencia artificial

La inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) engloba un conjunto de acciones automatizadas que permiten la gestión de incidencias de un modo predictivo, en el que la enseñanza de esta metodología parte de un estudio de patrones de comportamiento y entorno realizados por una maquina siguiendo e imitando el comportamiento humano.

Cualquiera que haya tenido oportunidad de conducir un coche automático moderno habrá notado que éste realiza los cambios siguiendo su estilo de conducción. Si el conductor es tranquilo, cambiará a pocas revoluciones por minuto, y si es agresivo apurará las marchas. Como ven, nada nuevo tecnológicamente hablando, si bien ahora es cuando estamos viviendo la madurez de este tipo de tecnologías en nuestro sector.

Concretamente en el mundo de la seguridad, la AI está asentándose como una mejora sustancial de la analítica de video, y a este respecto me gustaría aclarar una duda que me plantean muchas veces: ¿qué es analítica y que es AI? El análisis, por definición, es el estudio de una situación y sus conclusiones son estadísticas. Si miramos cuántos coches circulan por una autovía, podemos clasificarlos por tamaños, contarlos y medir sus velocidades, incluso fijar zonas donde no deban estacionarse y que nos dé una alarma cuando esto suceda.

Evidentemente a medida que el patrón se vuelve más anómalo, más y mejor trabaja la analítica. Un vehículo en sentido contrario de la marcha será realmente fácil de detectar para la analítica más básica, ya esté instalada en la cámara o en un sistema. ¿Pero qué me dicen de buscar todos los monovolúmenes blancos que circulen por el carril central de una autopista en un periodo de tiempo determinado? Aquí es donde cobra sentido la inteligencia artificial, y este dilema puede complicarse aún más cuando buscamos que sea de una marca concreta o que lleve un número de ocupantes determinado.

La AI permite fijar un patrón de búsqueda sobre una trama de video procesada, de minutos u horas, y establecer los filtros de búsqueda que hayamos definido, mostrarnos los resultados coincidentes e incluso nos permite compararlos con otros similares para llegar a identificaciones definitivas, lo mismo que hacemos cuando buscamos a alguien entre la multitud con nuestro ojo y nuestro cerebro.

¿Fantástico verdad? Bien, antes de que se froten las manos ante tan buena nueva, he de decirles que el estado actual de la tecnología solo permite realizar con efectividad este proceso en forense,es decir, sobre grabaciones ya realizadas, que no es poco. Y como toda nueva medicina, tiene sus efectos secundarios y sus contraindicaciones.

El primer efecto secundario es la necesidad de utilizar servidores muy potentes para gestionar el enorme caudal de información que se procesa. Volviendo al ejemplo de la autopista, imaginen el número de coches que pueden grabarse en movimiento en una hora punta.

Esto nos lleva (al menos para mí como director de seguridad) a volver a encontrarnos con nuestras raíces. Los que peinamos canas recordamos cuando grabábamos en un time lapse por multiplexacion, rezando para que se grabara justo el incidente y que no se perdiera mucha información cuando se saltaba de cámara. Después, con la grabación digital, comprendimos qué debíamos seleccionar, qué cámaras, en qué horas y siempre por detección de movimiento para poder aprovechar al máximo esta nueva tecnología. Luego, el desarrollo del hardware nos “pervirtió” y perdimos el camino, y pasamos a grabar todo, todo el tiempo, fuera o no importante; era barato y posible, lo difícil era encontrar el incidente buscado cuando no se sabía en qué momento había ocurrido, obligándonos al tedioso visionado de horas y horas de video grabado.

Bien, pues para aprovechar plenamente esta nueva tecnología debemos volver a los orígenes, ya que no es recomendable, ni técnica ni económicamente, dotar de inteligencia a un parque de 500 cámaras o procesar días completos de grabación, ni hacerlo en aquellas en las que prácticamente no hay movimientos que grabar durante horas.

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