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126 SEGURITECNIA Diciembre 2015 Opinión D esde tiempos inmemoria- les, el rumor va ligado de un modo u otro a la conspiración y, mire usted por dónde, jamás con fi- nes benéficos. Más bien todo lo contra- rio, para adueñarse de lo ajeno en un sentido amplio, como destruir el presti- gio o acabar con los competidores mo- lestos. Sea cual fuere la pretensión, el objetivo final siempre es quedarse con los caudales, economías, haciendas o recursos del semejante. El rumor divulga con gran eficacia la información social, pues posee un for- midable potencial manipulador, dado que los humanos tendemos a adecuar nuestra propia percepción del mundo a la idea que de éste tienen los otros. Uno piensa, disculpen ustedes, que es- tamos en esta sociedad sobre un esce- nario donde la parvedad humana para sobrevivir induce a los sujetos a procu- rarse un puesto de mayor importancia o relevancia. Empeñados en alcanzar el prestigio que ostenta el antagonista, sin importarle, en la mayoría de las ocasio- nes, manchar la reputación del rival o destruirlo comercialmente; sobre todo si el atacante carece de tecnología, de ideas o esfuerzo creativo, mediante el envenenado lanzamiento del chisme. Las murmuraciones, comadreos o pa- trañas fueron y son aplicados desde siem- pre como herramienta política de uso in- dividual para aventajar al adversario o de- jarlo en mal lugar. En cualquier caso, se pretende lograr mayor autoridad en las familias o en los centros de decisión, sin olvidar el denominador común: logar el poder y el dinero, ambos inseparables. Gobiernos y políticos de cualquier tipo, al elaborar los planes para derri- bar, arruinar, desmantelar, en definitiva destruir a sus enemigos, no dudan en emplear en primer lugar siempre el ru- mor; falsos testimonios para, acto se- guido, proceder al empleo de la cons- piración, secuestros, atentados, asesi- natos e incluso golpes de Estado. Es decir, el entendimiento secreto entre varios miembros, donde se precisan mayor número de personal y medios para llevarla a buen puerto. Como ma- nifestó Ralph Waldo Emerson: “La so- ciedad es en todos los sitios una cons- piración contra la personalidad de cada uno de sus miembros.” Basta con echar mano de los recuer- dos, rebuscar en la memoria, para re- montarnos a la niñez y evocar la hora del recreo. Un compañero se acercaba al grupo y casi de inmediato el silen- cio inundaba el patio, lo que confir- maba que una hablilla, noticia, chisme sobre algo o alguien pronto iba a ex- tenderse. Ya en aquel entonces, comen- zamos a saber cómo defendernos de los rumores. La vida es aprendizaje, nos instruimos para sobrevivir a los rumores desde niños, a conocer que son espe- culaciones sin confirmar, con mala uva, que pretenden sus emisores sean acep- tadas como ciertas para, de este modo, condicionar el comportamiento ajeno. Para concluir, sólo resta señalar que el rumor nunca será una información con- firmada, al tiempo que rara vez se di- funde de forma abierta, por lo cual es in- evitable que podamos impedir que se extienda de manera rápida, boca a boca. Lo malo es que hoy cuenta con la ayuda de la Red, la omnipresente Internet. S Antonio Ávila Chuliá El rumor “Sería necesario imponer esta regla: no repetir jamás una afirmación malévola sin verificar su contenido. Aunque es cierto que así nunca se hablaría de nada.” André Maurois El rumor divulga con gran eficacia la información social, pues posee un formidable potencial manipulador

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