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7 SEGURITECNIA Abril 2018 Editorial “Ser lo que soy, no es nada sin la Seguridad” (Shakespeare) L historia de la Seguridad Privada da cuenta de la constante voluntad de mejorar la protección de perso- nas o instalaciones, más allá de la intervención de la seguridad pública promovida por el Estado. Tran- sitamos así desde los orígenes, en los que la protección de los bienes se fiaba a los hombres de buena opinión y fama, hasta el presente, en que compañías privadas proveen servicios integrales de seguridad. Pro- gresivamente, la organización de recursos fue configurando sus propios cuadros directivos, que a la entrada en vigor de la primera Ley de Seguridad Privada estaban diseñados únicamente para las empresas de segu- ridad. Sucesivamente, se vio la necesidad de que los usuarios dispusieran de sus propias estructuras y sur- gió así la figura del director de Seguridad. Cuando apareció, el sector no contaba con profesionales capaces de asumir sus funciones en número suficiente y esa carencia se suplió con la incorporación de miembros de las Fuerzas Armadas y, mayoritariamente, de la Policía Nacional, perfectamente preparados para entender las funciones propias de los departamentos de Seguridad. El tras- vase fue de tal magnitud, que invita a considerarlo una estrategia de Estado, acertada sin duda porque la calidad de los profesionales de la seguridad pública incorporados al sector privado contribuyó a favo- recer su desarrollo. Desde hace algún tiempo asistimos a lo que podemos definir como un cambio de estrategia, en virtud de la cual miembros de los servicios de inteligencia del Estado están asumiendo la responsabilidad de la se- guridad corporativa de grandes organizaciones. Como declaración de intenciones tiene todo el sentido, dado el carácter estratégico de estas empresas, en muchas ocasiones con presencia en zonas o ámbitos de enorme interés para la seguridad nacional. El acierto de entender esta dimensión de la seguridad privada debe hacernos reflexionar sobre la organización del sistema y la necesidad de mejorar la fiabilidad de sus servicios, construyendo un modelo de garantías. Por otra parte, una vez más, se pone de manifiesto la importancia del director de seguridad y la necesidad de mejorar su perfil, incluso facilitando el acceso a sus fun- ciones del personal procedente del propio sector para mejorar también el conocimiento interno. Pero en los inicios del desarrollo de esta nueva estrategia, no podemos dejar de plantearnos algunos interro- gantes. Es obvio que la seguridad de nuestras empresas más estratégicas resulta del máximo interés para la seguridad nacional y justifica el desembarco de agentes de los servicios de inteligencia del Estado. Ahora bien, ¿serán capaces estos profesionales, con su cultura y procedimientos, de aportar los valores que requieren los servicios privados de seguridad, además de servir a los intereses del Estado? ¿Existen otras fórmulas para me- jorar las sinergias entre la seguridad privada y los servicios de inteligencia del Estado? Por otro lado, cada vez son más los directores de seguridad que proceden del propio sector privado, sin pa- sar por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o las Fuerzas Armadas; pero el desarrollo de esta profesión se ve lastrado por la constante incorporación de miembros de la seguridad pública. En este sentido, ¿perjudicará esta estrategia, como lo hizo la anterior, el desarrollo profesional y el espíritu propio del personal del sector? El tiempo dará respuesta a estos interrogantes, pero entretanto Seguritecnia seguirá apostando por la seguri- dad corporativa, confiando en que las nuevas incorporaciones vengan a mejorar las condiciones de los profe- sionales actuales y, entre todos, mejoremos nuestra seguridad. S Fuga o estrategia Asistimos a lo que podemos definir como un cambio de estrategia, en virtud de la cual miembros de los servicios de inteligencia están asumiendo la responsabilidad de la seguridad corporativa

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