Seguritecnia 493

/ Enero-Febrero 2022 188 Opinión multánea, se tendrían que realizar eva- cuaciones, rescates, asistencias técni- cas, extinción de incendios, evaluación de estructuras… La complejidad de la planificación era notable por la magni- tud de la emergencia y el nivel de se- guridad para los intervinientes debía ser acorde a la respuesta que de nosotros se esperaba. Se ha dado por extinguido el 25 de diciembre, pero los peligros no han desaparecido en su totalidad, han cam- biado, y con ello también hemos modi- ficado nuestra respuesta y, por consi- guiente, nuestra forma de protegernos. Equipos de protección En las primeras proyecciones, las uni- dades y el personal iban equipados con los equipos de protección completos, tanto para intervenciones que requi- rieran nivel 1 como para rescates y asistencias técnicas; equipos que, para primeras intervenciones en un entorno y peligro desconocido, valoramos como suficientes. Pero la emergencia evoluciona, es un continuo cambio al que hay que adap- tarse. Como decía Charles Darwing, “no sobrevive el más fuerte ni el más listo, sino el que mejor se adapta”; por ello, como buen servicio de emergencias, hicimos nuestra esa frase. Desde la je- fatura se realizaban constantes reunio- nes, evaluaciones y aportaciones para ir optimizando nuestra respuesta sin bajar en ningún momento la seguridad. En siguientes proyecciones, mientras las semanas transcurrían, fuimos adap- tándonos, pasamos a conocer el terre- no, le íbamos cogiendo el pulso, pero le perdíamos la mirada. En ese proceso de cambio −que iba de la mano de la evolución de la emer- gencia volcánica y la entrada del otoño, con posibles lluvias− adaptamos la se- guridad del interviniente. En los prime- ros momentos íbamos con los recursos que trabajamos de manera ordinaria. Con el paso de los días −y viendo las necesidades a las que nos enfren- tábamos−, vimos preciso completar la protección respiratoria. Las mascarillas FPP2 y FPP3 se complementaron con máscaras específicas para los gases a los que en ciertas ocasiones estába- mos expuestos y con filtros suficientes para varios días de trabajo. También se hizo patente que tanto las gafas de pro- tección como el casco técnico no eran suficientes, por lo que completamos la protección visual con gafas más ergo- nómicas y a la vez más seguras ante la lluvia continua de ceniza (cierto es que al final estas fueron proporcionadas por la propia dirección técnica de la emergencia). En estas últimas fechas, y nuevamente en este proceso de adap- tación, hemos añadido equipos de pro- tección ante posibles lluvias. Los equipos de trabajo también su- frieron modificaciones: por ejemplo, al comenzar el proceso de limpiar techos por la acumulación de cenizas que podían llegar a colapsarlos, se deter- minó la incorporación de los equipos de trabajo en altura, que se trajeron desde nuestro servicio en Gran Cana- ria. La posibilidad de lluvias que nos obligaran a intervenir en un ambiente más complejo lo solventamos con la incorporación de los trajes de lluvia del servicio y equipos de achique es- pecíficos para la situación a la que nos enfrentamos. Los detectores de gases La complejidad de la planificación era notable por la magnitud de la emergencia. El nivel de seguridad para los intervinientes debía ser acorde a la respuesta

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