Las calles de nuestras ciudades atraviesan en estos años recientes una mutación tal vez no detectada por la ciudadanía, pero no por ello menos preocupante. El patinete eléctrico, concebido como una solución de movilidad sostenible y práctica, no solo provoca accidentes de gravedad variable, sino que también sirve como herramienta para cometer delitos. Lejos de ser una moda pasajera o un hecho puntual constituido por varios casos aislados, es catalogable como un nuevo modelo delincuencial. Tampoco es exclusivo de España. Los cuerpos policiales de otras ciudades europeas también registran el incremento sostenido del uso de este vehículo como utensilio para perpetrar robos con intimidación.
El patinete como herramienta delictiva
Ingeniosamente simole, la lógica delictiva opera en este caso con un alto nivel de eficacia. El patinete ofrece una velocidad de huida muy superior a la carrera a pie de cualquier víctima. A esto se suma una maniobrabilidad que permite sortear atascos, aceras estrechas y zonas peatonales donde un coche o una moto quedarían inmovilizados. El delincuente puede acercarse sigilosamente, intimidar a la persona elegida —con una navaja o pistola— y desaparecer en cuestión de segundos por callejuelas o parques donde la persecución es prácticamente imposible.
Las zonas urbanas donde los peatones sufren este tipo de asalto son los cruces peatonales, las salidas de estaciones de metro, los aparcamientos y las esquinas mal iluminadas. El patinete permite al agresor estudiar a su presa desde una distancia que no produce inquietud, acelerando en el último momento y bloqueando cualquier intento de huida. La víctima, sorprendida y con el tiempo contado, rara vez puede reaccionar con la suficiente presencia de ánimo como para memorizar características físicas o números de matrícula.
A la pérdida material —móvil, bolso, cartera, joyas, relojes— hay que añadir el impacto psicológico. Las personas que experimentan uno de estos tirones callejeros guardan una sensación de vulnerabilidad que altera su noción del espacio público. La acera deja de ser un lugar seguro para considerarse un espacio amenazante. Esta interferencia en la relación con el entorno urbano es un daño colateral de este tipo de delito urbano.
Respuestas institucionales y prevención ciudadana
Con la lentitud característica de la burocracia, los gobiernos locales han empezado a reaccionar tarde, actualizando las normativas que regulan el uso del patinete o Vehículo de Movilidad Personal (VMP). Algunas ciudades españolas han restringido la circulación de patinetes en las zonas peatonales durante la noche, mientras otras van reforzando la vigilancia en puntos críticos, instalando cámaras inteligentes que leen matrículas y destacando unidades policiales de respuesta rápida a las zonas problemáticas. Pero la naturaleza ágil del vehículo dificulta el control exhaustivo.
Dicho esto, la prevención individual es la primera línea de defensa. Estas precauciones reducen significativamente la probabilidad de ser elegido como blanco de un robo con patinete eléctrico:
- Prestar atención al entorno inmediato, evitando las distracciones que pueden propiciar un robo.
- No distraerse usando el móvil al andar por la calle y, en especial, al cruzar en semáforos o pasos de cebra.
- Elegir trayectos iluminados y transitados, procurando no caminar por sectores mal señalizados.
- Duplicar la cautela al hacer transiciones urbanas como salir de un edificio, cruzar un aparcamiento y esperar en una parada de autobús
El patinete en los accidentes de movilidad urbana
En 2025, en España hubo más de 500 accidentes con patinetes, casi un 40% más que el año anterior, constatando un aumento durante los dos años previos al actual, según datos de la Fundación Mapfre. Estos sucesos de movilidad produjeron un total de 572 personas heridas y 19 fallecidas, de las que 16 murieron como usuarios de estos vehículos. En uno de los siniestros perdieron la vida un motociclista y dos peatones, atropellados por patinetes eléctricos.
Pese a todos estos datos, debe recalcarse que el patinete no tiene por qué considerarse un vehículo peligroso. Bastaría con que los gobiernos municipales tengan claro que todo avance en movilidad urbana exige un desarrollo paralelo en estrategias de convivencia y seguridad. La ciudad del futuro debe ser, ante todo, una ciudad donde la innovación se use siempre a favor de sus habitantes, nunca en contra.
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