Los incendios constituyen un riesgo real para cualquier tipo de organización, y su gestión requiere una visión integral. La protección contra incendios (PCI) avanza, pero persisten una serie de desafíos a los que el sector tiene que hacer frente. En este sentido, la digitalización está transformando de manera decisiva la detección, la monitorización y la respuesta operativa.
Con este contexto de fondo, el pasado 4 de diciembre tuvo lugar el desayuno de trabajo Protección contra incendios: necesidades en la era digital, organizado por Seguritecnia, con el patrocinio de Kidde Commercial. En este encuentro, responsables de seguridad y representantes de empresas proveedoras se dieron cita para debatir y analizar los nuevos desafíos —técnicos, organizativos y normativos— que impone la PCI. Estas medidas, que buscan combatir y minimizar los efectos del fuego, son esenciales para garantizar la seguridad de las personas y la integridad de las instalaciones.
En este encuentro participaron Emilio Raduán, presidente de las Asociación Española de Directores de Seguridad (AEDS); Santiago García San Martín, director de Seguridad del Hospital Gregorio Marañón y presidente del Observatorio de Seguridad en Centros Hospitalarios (OSICH); José Olmedilla, director de Seguridad del Hospital Universitario José Germain y secretario y tesorero del OSICH; Francisco Fernández, director de Seguridad del Hospital de Getafe; Antonio Tortosa, vicepresidente de Tecnifuego; Jaime Ortega, director técnico de Iberext; Daniel Campos, director de la división de incendios de Casmar; Rafael de Castro, director de Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid; Ibon Urrutikoetxea, director técnico de Leroy Merlin; Farshad Arjomandi, director regional de España y Portugal de Kidde Commercial, y Jorge Muñoz, responsable de proyectos de sistemas de fuego de esta misma compañía. Enrique González Herrero, subdirector de Seguritecnia, fue el encargado de moderar el encuentro.
Nuevas tecnologías de protección contra incendios, nuevos retos
Una de las primeras cuestiones sobre las que se debatió fue si el desafío que supone el riesgo de incendios sigue siendo una prioridad para las empresas en esta nueva era digital en la que se ven inmersas las organizaciones.
Emilio Raduán señaló que la protección contra incendios “sigue siendo una de las grandes prioridades”. Sin embargo, destacó que ahora las empresas se enfrentan a nuevos retos en esta materia como consecuencia, por ejemplo, de la proliferación de centros de datos o de baterías de alta capacidad. El presidente de AEDS indicó que estas nuevas fuentes de riesgo que hasta ahora no existían hacen que sea necesario “buscar nuevas tecnologías de detección”.
Por su parte, Santiago García trasladó que el riesgo de incendios es una de las mayores vulnerabilidades de los centros hospitalarios por las propias características de estos edificios y quienes allí se encuentran. Señaló, además, que dichos centros cuentan con instalaciones antiguas y en muchos casos “mal mantenidas”, a lo que se suman las dificultades para que los trabajadores reciban una formación adecuada en materia de riesgos laborales y PCI debido a los cambios constantes de turno. “El incendio es el riesgo al que más tiempo y recursos dedicamos”, sentenció el director de Seguridad del Hospital Gregorio Marañón. Señaló, asimismo, que el principal problema al que se enfrenta en relación con el riesgo de incendio es la gran variedad de centralitas de la que dispone el centro hospitalario, que añade una tremenda complejidad a la gestión de estos sistemas.
José Olmedilla comentó que, al ser él director de seguridad de un hospital dedicado a la salud mental, tienen muy presente siempre el riesgo de incendio. Sin embargo, en el caso de los hospitales existen dificultades tanto por el presupuesto asignado como por la configuración de los edificios, que dificultan la instalación, mantenimiento o cambio de sistemas de protección contra incendios. “Adaptar la detección de incendios supone un esfuerzo financiero importante, lo cual repercute en obviar otros riesgos”, indicó en torno a lo primero. Olmedilla manifestó que uno de los problemas a los que se enfrentan los hospitales públicos, al ser parte de la Administración, tiene que ver con la licitación de los contratos y los requisitos que se establecen, que suelen ser generalizados y no específicos para cada hospital.
El director de seguridad del Hospital de Getafe, Francisco Fernández, añadió por su parte tres aspectos fundamentales en relación con el riesgo de incendio: “el cambio climático y el consecuente aumento de las temperaturas, la transformación tecnológica y la sostenibilidad en la edificación”. En torno a esto último, Fernández incidió en que “es preciso adecuar la normativa en materia de sostenibilidad en la edificación”, pues en ocasiones está obsoleta o no existe en aspectos concretos.
Desde Tecnifuego, Antonio Tortosa apuntó a la profesionalización del sector como factor primordial. Señaló que, desde su asociación, la única que hay en Europa en la que está integrado todo el sector (instaladores, mantenedores, consultorías y laboratorios), las inquietudes que el sector tiene se asientan en esta cuestión. No obstante, matizó que “no todo vale” a la hora de capacitar a los profesionales en esta materia.
Por otro lado, Tortosa señaló que el mantenimiento se sostiene sobre dos ejes: “la preparación del personal que hace el mantenimiento y el coste económico de esa persona”. También explicó que, cuando en una licitación se contemplan precios bajos para su adjudicación, “los números salen”; pero, a la hora de la verdad, en muchos casos no se conocen las instalaciones. “Desde Tecnifuego hemos apostado por la digitalización y por cuestiones como la conexión de las centrales de incendios a las centrales receptoras”, comentó Tortosa a modo de ejemplo de posibles avances en este sentido.
Profesionalización y cultura de detección
Jaime Ortega apuntaló respecto a la era digital que lo que ha evolucionado “es el tipo de riesgo”. Puso como ejemplo los centros de datos, un sector que va a crecer en los próximos años para cuyos riesgos “no estamos tan preparados”. El director técnico de Iberext señaló que es en esa evolución en la que hay que invertir más. Ortega destacó también como una restricción a algunos avances la sostenibilidad, si bien reconoció que es necesario “seguir invirtiendo en ello”. Coincidió con Tortosa en que habría que abordar los problemas desde la raíz que, en este caso, él situó en la formación.
Daniel Campos, por su parte, expuso la perspectiva del distribuidor de sistemas de seguridad, subrayando que, para quienes operan dentro del sector, la PCI “siempre ha sido una prioridad”. No obstante, matizó que esta percepción no es homogénea: “Para los hospitales está clarísimo, pero lamentablemente hay otros sectores en los que no es así”, comentó el director de la división de incendios de Casmar. Según explicó, aún “falta un largo camino por recorrer” en determinadas actividades y segmentos del mercado respecto a la concienciación en los peligros del fuego. Aún con ello, Campos destacó el impacto que tuvo la publicación del Reglamento de Instalaciones de Protección contra Incendios (RIPCI), en 2017, pues marcó “un salto cualitativo importante en la manera de trabajar, en las empresas y en las regulaciones”. Esto, continuó, ha evidenciado un avance notable en la profesionalización del sector, incluso teniendo en cuenta que España es “un país en que falta cultura de detección”.
Desde una entidad pública como la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Rafael De Castro ofreció una visión marcada por la complejidad operativa de los grandes campus universitarios. En ese sentido, afirmó que “la era digital no solo cambia el paradigma, sino que redefine completamente el riesgo”, al coexistir nuevas tecnologías, instalaciones heterogéneas y una elevada afluencia de personas. En su caso, la UAM gestiona diariamente “tres millones de metros cuadrados y 30.000 alumnos”, lo que agrava la necesidad de sistemas fiables y actualizados. Sin embargo, el director de Seguridad advirtió: “tenemos todos los riesgos y no tenemos presupuestos”, lo cual es una limitación estructural que condiciona cualquier avance.
Su diagnóstico fue contundente: la diversidad de centralitas, la falta de mantenimiento adecuado y la escasa formación técnica complican la operatividad diaria. “La mitad no funciona y las otras no se mantienen”, señaló el director de Seguridad del complejo, criticando además que los servicios externalizados no aportan personal especializado. Tal y como manifestó De Castro, los factores críticos se concentran en la elevada carga térmica, los materiales combustibles y la ausencia de mantenimiento predictivo. “Solo se actúa cuando algo se rompe”, apuntaló el experto, a lo que sumó un desafío que sintetiza el trasfondo del problema: “La digitalización nos aporta mucho, pero no hemos terminado de arreglar la parte analógica”.

Inversión y digitalización en protección contra incendios
Ibon Urrutikoetxea contextualizó su intervención recordando que la compañía en la que trabaja, Leroy Merlin, opera “150 edificios en España, junto con varias naves logísticas de hasta 9.000 metros”, lo que la convierte probablemente en “el retailer con mayor carga de fuego del sector”. Esta realidad, unida a dos siniestros significativos —el incendio de una tienda en 2011 y el ocurrido este verano en una nave de Meco (en Madrid)—, ha consolidado una fuerte cultura interna de prevención. “Hemos pasado de ver la protección contra incendios como un coste, con ingenierías imaginativas para justificar no instalar ciertos sistemas, a ser totalmente estrictos con la normativa”, señaló Urrutikoetxea. Explicó, además, que la compañía de seguros que tienen contratada actúa como un vector adicional de exigencia, imponiendo requerimientos que obligan a diseñar las nuevas tiendas con los máximos estándares. De hecho, señaló que Leroy Merlin invierte entre cuatro y cinco millones de euros al año en actualizar instalaciones. En contraste, la detección no ha avanzado al mismo ritmo.
Farshad Arjomandi, por su parte, planteó tres dimensiones clave de la digitalización y su impacto en la PCI. En primer lugar, se refirió al ámbito puramente tecnológico, donde entran en juego la conectividad y la ciberseguridad. En segundo término, señaló que la digitalización es consecuencia de los avances tecnológicos de las últimas dos décadas: “La proliferación de baterías de ion-litio, los vehículos eléctricos, las placas solares o los centros de datos son beneficiosos”, pero aumentan los riesgos de incendio. Por este motivo, Arjomandi considera que “la PCI es una prioridad aún mayor que antes”. El tercer aspecto que destacó fue el retraso que arrastra la propia industria: “La digitalización de la PCI va 20 años por detrás de la seguridad electrónica”, señaló. A juicio del director regional de España y Portugal de Kidde Commercial, esta brecha se explica por la fuerte regulación del sector.
Desde la perspectiva de los fabricantes, Jorge Muñoz añadió varios problemas recurrentes: “Falta presupuesto, falta de profesionalidad, falta de mantenimiento y falta de integración”. El responsable de proyectos de sistemas de fuego para Iberia Fire Systems de Kidde Commercial subrayó, asimismo, que en el terreno práctico conviven “sistemas de muchas clases y de muy diversa índole”, lo que obliga a un esfuerzo permanente por unificar criterios y facilitar la interoperabilidad.
En ese sentido, Tortosa recordó que, en España, la protección contra incendios ha ocupado históricamente “una segunda posición” frente a la seguridad ante intrusión o la protección de recintos, lo que ha dejado claros desafíos de integración y normativa. Señaló que en muchos casos “las instalaciones contra incendios se han conectado a través de las de intrusión en una central receptora, y eso no se puede hacer”. Recordó que la legislación exige que la central de incendios sea independiente y cumpla con parámetros específicos de digitalización. Subrayó igualmente la importancia de esta independencia porque “es primordial que dé alarma de fuego y evacuación”, sentenció Tortosa. En nombre de Tecnifuego, reconoció también la responsabilidad del propio sector: “Desde la asociación empezamos a promover la conexión de la central receptora de incendios, pero algunos fabricantes lo veían como algo lejano, ya que todavía no disponían del módulo certificado”.
En este caso, Santiago García puso el foco en un desafío estructural del sector: la escasa integración de la PCI dentro de las organizaciones y la falta de reconocimiento de la figura del director de seguridad. En la actualidad, explicó, “cuesta que se nombre un director de Seguridad que asuma todas las competencias” y subrayó que, si el responsable gestiona el plan de emergencia, también debería encargarse del mantenimiento del sistema de protección contra incendios, porque “no tiene sentido” desvincular estas funciones.
Además, el director de Seguridad del Hospital Gregorio Marañón señaló un problema recurrente en licitaciones y contratación: la presencia de empresas poco fiables afecta a la operatividad de los sistemas. En este sentido, manifestó cómo la profesionalización y la profesionalidad de los proveedores son factores críticos para la seguridad de las instalaciones.
Sistemas de alarma contra incendios
Una de las cuestiones que se abordó fue el mantenimiento de los sistemas de alarma. En este sentido, Rafael De Castro puso de relieve el retraso de muchas instalaciones en materia de digitalización: “Los sistemas de vigilancia no han cambiado en 20 años”, por lo que “las instalaciones no se pueden digitalizar”. El director de Seguridad de la UAM abogó por el empleo de un sistema único. “Estoy intentando lograr que todos los sistemas de las centralitas de todos los edificios envíen un mensaje al teléfono único de emergencia para saber dónde se ha producido el evento”, puso como ejemplo. Sin embargo, señaló que los concursos públicos “no dejan mucho lugar a interpretación, más que la económica”.
Emilio Raduán, por su parte, planteó la necesidad de “elevar los estándares”. En su opinión, desde la propia industria se debería trabajar a máximos. “O la propia industria se empieza a autoexigir o vamos a continuar igual, porque hay empresas que no dan la talla y no todos están capacitados para hacer de todo”, expuso el presidente de AEDS. Jaime Ortega coincidió en este aspecto y planteó cómo “la certificación puede ser un filtro”.
Farshad Arjomandi subrayó, sin embargo, la ausencia de criterios homogéneos: “No existe una estandarización como tal”, subrayó. Sin embargo, incidió en la relevancia de los avances tecnológicos como parte de la solución, tal y como han hecho en Kidde: “Hemos desarrollado una nueva serie de detectores que reducen las falsas alarmas, porque estas son un problema”. Arjomandi comentó que el siguiente paso en cuanto a desarrollo tecnológico “son los sistemas que pueden autoaprender”. Estos incorporan chips con inteligencia que recogen datos y determinan qué incidentes y recurrencias existen. “El sistema va aprendiendo del entorno y se va autoajustando, como lo hace ya nuestro sistema de detección por aspiración, ModuLaser”, comentó. También son importantes la conectividad y la ciberseguridad”, explicó.
En Iberia Fire Systems, por ejemplo, se “apuesta por la digitalización en cuanto a tecnología nueva”, explicó Jorge Muñoz, señalando que las falsas alarmas han generado mala imagen y que “cambiar la conciencia, la cultura y conectar los paneles” resulta fundamental. Ibon Urrutikoetxea añadió a esto la utilidad del acceso remoto, aunque advirtió que “el rearme tiene que ser local”. Incidió en que siempre será necesaria una verificación humana para activar el “código fuego” y avisar a bomberos. Rafael De Castro insistió en que “no hay una normativa clara” y que esta ausencia complica la certificación de datos, la interoperabilidad y la protección frente a ciberataques, reclamando una normativa específica.
Por su parte, Daniel Campos resaltó la labor de Casmar impulsando sistemas universales de transmisión para evitar que “un incendio en una nave lo vea antes un vecino que los bomberos… y cuando estos lleguen, ya sea tarde”. Jaime Ortega añadió que, para los fabricantes, se requiere de tiempo y una estandarización que permita integrar sistemas y disponer de información útil para la toma de decisiones.
En este punto, Tortosa explicó los avances en la digitalización de la central receptora de incendios y anunció en primicia que pronto saldrá publicada una guía de procedimientos elaborada por Tecnifuego y la asociación AESCRA para ayudar a los usuarios, destacando que la digitalización consiste en “solucionar y actualizar los sistemas en remoto”. En este punto, Francisco Fernández recordó que centralizar implica “un solo punto de fallo” y exige cultura de seguridad, mientras que José Olmedilla insistió en que “el mínimo no vale, hay que ir a máximos” y que la integración debe acompañarse de requisitos de certificación. Precisamente, Santiago García apuntó la necesidad de “integración y monitorización” y avanzar hacia centros de control homologados como centrales receptoras de alarmas, mientras que Emilio Raduán subrayó que el reto reside en si se quiere invertir o externalizar.
Finalmente, Jorge Muñoz retomó la cuestión normativa recordando que la conexión a central receptora de incendios es “recomendable, pero no obligatoria”, y señaló los avances en torno al desarrollo de un panel de incendios unificado para los bomberos, la necesidad de adaptación al Código Técnico de la Edificación, mayor concienciación y la capacidad de integrar nuevos sistemas en los ya existentes.
En este sentido, el encuentro puso de manifiesto que la protección contra incendios atraviesa un momento decisivo, marcado por la necesidad de profesionalización, actualización tecnológica y mayor coordinación entre todos los actores. La digitalización, lejos de ser un complemento, se perfila como un pilar imprescindible para avanzar hacia sistemas más fiables, integrados y eficientes.
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