Eduardo Ruiz
Eduardo Ruiz Responsable de Mercado Civil y Seguridad SAES

Las amenazas submarinas en las infraestructuras críticas

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La preocupación por el desafío que suponen las amenazas asimétricas en el entorno marino para los campos de seguridad y defensa ha crecido internacionalmente. La amenaza de sabotaje a buques amarrados, a puntos de carga de gas e hidrocarburos y a las propias instalaciones portuarias por intrusiones desde la lámina de agua es un riesgo con un alto nivel de impacto para la propia infraestructura.

Hechos como el atentado contra el USS Cole en octubre de 2000 marcaron un antes y un después en la evaluación de estas amenazas. Perpetrado por una lancha que se aproximó al costado del buque fondeado en un puerto que se consideraba seguro, supuso la muerte de 17 miembros de la tripulación. Además, 30 personas sufrieron heridas de diversa consideración, aparte de los desperfectos ocasionados al buque.

Incluso un explosivo improvisado de poca potencia podría ocasionar en un buque amarrado o fondeado daños que afecten a su maniobra

Más recientemente, los sucesos de mayo y junio de 2019 en el Golfo Pérsico volvieron a recalcar los efectos de la amenaza asimétrica submarina para el tráfico marítimo. Un primer suceso, en mayo, cuando dos petroleros saudíes resultaron dañados por una aparente acción de sabotaje, se vio seguido por un segundo ataque contra otros dos petroleros (de propiedades noruega y japonesa). Aunque se llegó a mencionar la posibilidad de que el ataque fuera cometido por armamento naval (torpedos o minas navales), las características ‘quirúrgicas’ del daño hicieron más plausible que se produjera por la acción de minas lapa; un tipo de explosivo que se adhiere mediante imanes al casco del buque por buceadores de operaciones especiales. Esta hipótesis se vio reforzada por la detección, por efectivos de la Marina estadounidense, de dispositivos de este tipo adosados a otros buques.

Riesgos del sabotaje

Aun cuando los hechos indicados anteriormente puedan parecer lejanos y ubicados en zonas ‘calientes’, no se puede desdeñar la amenaza terrorista en el territorio español y europeo.

Incluso un explosivo improvisado de poca potencia podría ocasionar en un buque amarrado o fondeado daños que afecten a su maniobra o que obliguen a su inmovilización en puerto, produciendo riesgos para el propio buque, para la navegación en la dársena afectada o para el bloqueo del punto de atraque.

Los puntos de carga y descarga de gas e hidrocarburos precisan de altos requerimientos de seguridad para evitar el sabotaje de estas instalaciones, por el riesgo de incendio y explosión. También para los enseres y las personas, así como para evitar daños al medioambiente por vertido de hidrocarburos.

Otras instalaciones críticas susceptibles de ser víctimas de la amenaza acuática son las centrales energéticas (tomas de agua de refrigeración), instalaciones offshore de gas y petróleo e instalaciones hidroeléctricas.

En resumen, riesgos de daños materiales a buques e instalaciones, daños económicos por la parada de actividad y riesgo para la vida de los operarios de estas infraestructuras.

Otro elemento que considerar en la vigilancia de las instalaciones portuarias y el tráfico marítimo es la actividad del narcotráfico que emplea, cada vez con mayor asiduidad, nuevos medios. Entre estos medios se encuentran cargas adosadas a los cascos de los buques (por medio de buceadores sin conocimiento de la tripulación), embarcaciones de alta velocidad e incluso embarcaciones semisumergidas (conocidas como narcosubmarinos). Estas actividades entrañan riesgo para el tráfico marítimo y para la operación de las instalaciones portuarias.

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Vehículo de superficie Vendaval de Navantia desplegando sensores submarinos.

La protección infraestructuras críticas marinas

Las amenazas de índole acuático (superficie o submarino) hacen necesario extender a este medio (la lámina de agua) la protección que puertos y otras infraestructuras han aplicado a nivel de seguridad perimetral terrestre en consonancia con las normativas de protección de infraestructuras críticas y estratégicas, de ámbito europeo, o de protección de buques e instalaciones portuarias, de carácter internacional.

Para vigilar el acceso marítimo en superficie existen diversos sistemas de protección perimetral que pueden aplicarse directamente o con adaptaciones:

  • Sistemas de videocámaras: requieren adaptación a la vigilancia de la lámina de agua para evitar, por ejemplo, efectos adversos del oleaje. Tienen una mayor efectividad en zonas de proximidad.
  • Sistemas radar: originalmente orientados a sistemas de control de tráfico marítimo, suelen presentar mayor cobertura que los sistemas de vídeo, en acimut y distancia, además de mayor ventaja a distancias lejanas.
  • Barreras físicas: están especialmente diseñadas para detener pequeñas embarcaciones de superficie. Presentan el inconveniente de limitar también el movimiento de embarcaciones autorizadas, requiriendo sofisticados sistemas de puertas móviles o una limitación a áreas concretas.

Para vigilar el acceso marítimo vía submarina, la protección requiere de sistemas menos usuales:

  • Barreras de protección submarina: con ventajas e inconvenientes similares a los anteriormente descritos.
  • Sistemas de inspección de cascos/fondos: como sonares de barrido lateral, remolcados por buques o incluso por un vehículo submarino no tripulado (USV). Permiten localizar objetos en los fondos marinos, facilitando la detección de obstáculos que puedan afectar a la operación del puerto en sus canales o en las zonas de aproximación o fondeaderos próximos.
  • Sonares de alta resolución: facilitan la detección de objetos adosados a buques, desplegados desde un medio de superficie (lancha o USV). Tanto en este caso como en el anterior, es importante destacar que mediante técnicas avanzadas de procesamiento de señal se puede detectar automáticamente la presencia de objetos potencialmente peligrosos (cargas que puedan desprenderse o artefactos explosivos).
  • Sonares de detección de buceadores: son sonares de alta frecuencia diseñados específicamente para la protección contra amenazas submarinas de baja detectabilidad por medios pasivos, como el caso de buceadores, y en entornos de un alto nivel de ruido ambiente. De reducido tamaño, facilitan tanto el montaje fijo a instalaciones estáticas (muelles o plataformas offshore) como el despliegue portátil desde buques fondeados o por el costado de buques amarrados a muelles.
  • Vehículos autónomos: se trata de un elemento complementario que amplía las posibilidades de despliegue de sensores y sonares, permitiendo desplazar estos a una zona más próxima a la amenaza detectada y facilitando su identificación y una posible actuación sobre ella.

La diversidad de sensores de superficie y submarinos necesarios para proteger la lámina de agua invita a su integración en sistemas de seguridad multisensor con características específicas para este medio. Diversas empresas ya están trabajando en estas integraciones para complementar los sistemas de seguridad perimetral de superficie, ampliar su cobertura añadiendo la vigilancia submarina y no dejar ninguna fisura a la seguridad de las instalaciones.