En cuestión de meses, presumiblemente desde la primavera de 2026, en España los taxistas, repartidores, profesores de autoescuela y conductores profesionales tendrían que ponerse el cinturón en trayectos urbanos. La Dirección General de Tráfico pretende suprimir una exención que llevaba vigente más de tres décadas.
Fin de la exención: taxistas y repartidores deben ponerse el cinturón
La medida derogará el artículo del Reglamento General de Vehículos (RGV) que permitía circular sin él en zonas pobladas “cuando la naturaleza del servicio lo exigiera”. Ahora, el único pasajero que se libra de la obligación legal es el de la plaza central trasera de un taxi sin cinturón disponible. En cualquier otro caso, la multa sería de 200 euros con pérdida de tres puntos del carné.
Como base argumental del cambio subyacen las cifras de siniestralidad urbana: el 30% de los atropellos mortales en ciudad afecta a profesionales del volante que no llevan el arnés abrochado. Según indica la Dirección General de Tráfico (DGT), un conductor sin cinturón multiplica por cinco el riesgo de muerte si sale despedido del coche. Por eso, las campañas urbanas de vigilancia intensiva del uso del cinturón incluyen cámaras de vigilancia urbana y patrullas motociclistas que supervisan el comportamiento de las furgonetas y taxis en movimiento.
España se alinea con países europeos como Francia o Alemania
En esta cuestión, España se alinea con países como Francia o Alemania donde el cinturón es obligatorio incluso en trayectos de 50 metros. La norma no solo busca salvar vidas, sino cambiar la cultura de seguridad vial: en ciudad el riesgo no desaparece, pero se reduce significativamente con un simple clic.
El sector ha reaccionado de manera dispar sobre un tema que suscita una diversidad de opiniones. Las organizaciones nacionales del sector taxi consideran a sus conductores profesionales un colectivo vulnerable. Argumentan que al trabajar de espaldas al cliente, no llevar el cinturón de seguridad puede ser clave para salvar la vida en situaciones de riesgo, como en robos a mano armada. No estando sujeto, el taxista puede salir deprisa del coche y evitar sufrir una agresión.
Para el repartidor, la novedad obligaría a abrocharse después de cada parada. Los fabricantes ya comercializan hebillas rápidas que se enganchan con una mano en 0,8 segundos. Las apps de reparto integrarán un recordatorio sonoro que no permite finalizar el servicio hasta que el GPS detecta que el conductor lleva 200 metros con el cinturón puesto.
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