La política de defensa europea ocupa el centro del debate con Donald Trump como protagonista indudable de la política global tras conseguir el Acuerdo de Paz en Gaza. Sus insistentes declaraciones sobre la OTAN y el gasto militar de los países miembros reavivan las tensiones sobre el compromiso económico de Europa en materia de seguridad. En este contexto, España acapara estos meses la atención internacional por su bajo gasto en Defensa, una situación que podría tener consecuencias estratégicas y diplomáticas en los próximos años.
Trump ya venía criticando abiertamente a los países europeos que no cumplen con el objetivo del 5% del PIB en gasto militar, establecido por la OTAN. Los 32 miembros de la Alianza Atlántica han acordado llegar en 2035 a esa cifra, desglosada en un 3,5% para defensa básica más un 1,5% en gasto militar adicional. Este umbral, marcado en la cumbre de La Haya en junio de este año, busca garantizar una mayor equidad en el esfuerzo defensivo común.
Sin embargo, España sigue lejos de esta meta: en 2024, el gasto en defensa español rondó el 1,3% del PIB, cifra que sitúa a nuestro país entre los miembros con menor inversión proporcional. En palabras del líder estadounidense, España es «el último de la clase», pese a tener una situación económica boyante, como alardea con frecuencia el actual presidente Pedro Sánchez. Trump asegura que la conducta de España es una injusticia con los países miembros que sí pagan, garantizando una protección militar que nuestro país consigue por un precio de saldo, por así decirlo.
España y el gasto en Defensa: en el punto de mira de Trump y la OTAN
El presidente del gobierno español Pedro Sánchez firmó la declaración de La Haya, pero aseguró que nuestro país solo alcanzará el 2,1% del PIB en gasto defensivo al supuestamente haber obtenido un aval de la Alianza Atlántica. Esta posición plantea varios desafíos. Por un lado, España es un socio estratégico en el flanco sur de la Alianza, con un papel relevante en la seguridad del Mediterráneo y en misiones internacionales. Por otro, su infrafinanciación en Defensa genera críticas tanto internas como externas, especialmente cuando Estados Unidos presiona para que Europa asuma una mayor responsabilidad en su seguridad.
Durante su primer mandato, Donald Trump llegó a sugerir que Estados Unidos no defendería militarmente a los países que incumplieran con sus obligaciones económicas dentro de la OTAN. Esta amenaza, poco realista desde el punto de vista operativo, tuvo un impacto simbólico importante. En este segundo mandato está escenificando una reducción del compromiso estadounidense con Europa, actuando como el «gran jefe» de la Alianza y presionando a los países que no honran su compromiso como socios. El triunfo indudable de la Paz de Gaza le da autoridad moral para tratar a los líderes mundiales como si fueran peones en su corte, como se vio en la Cumbre de Egipto, donde por enésima vez le lanzó una estocada verbal a Pedro Sánchez.
En resumen, la combinación de factores geopolíticos, la creciente tensión global, la presión interna de la Alianza y el regreso de Trump a la Casa Blanca convierten el gasto militar en un asunto prioritario para España. Aumentar la inversión en defensa no solo reforzaría su credibilidad internacional, sino que también mejoraría su capacidad de respuesta ante amenazas híbridas, ciberataques y crisis internacionales.
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