Europa lleva meses organizando el mayor rearme militar desde la Guerra Fría, fijando unas prioridades presupuestarias impensables hace tan solo unos años. Lo que en el Viejo Continente era un tabú político —gastar cientos de miles de millones en defensa— ya es la nueva normalidad en el contexto de la guerra en Ucrania y bajo la creciente presión de Estados Unidos. A medida que avanza marzo de 2026, Europa apuesta a que la guerra será el escudo que protegerá su futuro, porque la factura de la histórica escalada del gasto militar todavía no se nota en los hogares de la UE.
La factura de este rearme histórico
Las cifras reflejan con crudeza esta transformación. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), el gasto militar mundial alcanzó los 2,2 billones de euros en 2025. Pero el fenómeno verdaderamente asombroso es el aumento del gasto europeo: el presupuesto para defensa del continente se ha disparado un 12,6% interanual en 2025, alcanzando los 485.000 millones de euros. Este ritmo vertiginoso contrasta con las cifras globales, donde apenas hubo un 2,5% de crecimiento del gasto total.
De cara al futuro, la trayectoria apunta hacia arriba. Desde enero de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump exige a los socios de la Alianza Atlántica «pagar lo que les toca» y los países miembros de la OTAN han acordado un nuevo objetivo del 5% del PIB para 2035, un aumento drástico con respecto al 2% anterior. Esto ha propiciado iniciativas como el plan Rearm Europe de la UE, que pretende movilizar 800.000 millones de euros en inversión en defensa para 2030, incluidos 150.000 millones de euros en préstamos de la UE a través de un mecanismo conocido como SAFE.
Presupuesto de la UE para 2026: La seguridad por encima de la cohesión social
El presupuesto de la Unión Europea para 2026, entregado a finales de 2025, es la primera muestra tangible de esta nueva era. Con compromisos previos por valor de 192.800 millones de euros, el presupuesto refleja un cambio decisivo en las prioridades de Bruselas. Si bien el presupuesto global se reduce ligeramente con respecto a 2025, la financiación para seguridad y defensa aumentó en aproximadamente 600 millones de euros en comparación con las propuestas iniciales.
Esta reasignación de recursos no ha estado exenta de polémica. Los críticos argumentan que el aumento para la defensa —que apoya el Programa Europeo de la Industria de Defensa (EDIP)— se produce a expensas del bienestar social. El Fondo de Cohesión y el Fondo Social Europeo no reciben aumentos significativos, lo que lleva a los eurodiputados de izquierdas a denunciar la iniciativa como «un presupuesto para la regresión y el agravamiento de la desigualdad». El Parlamento Europeo incluso criticó a los gobiernos de la UE por recortar fondos de programas esenciales como Erasmus para cubrir el aumento del fondo de recuperación pospandemia, al tiempo que aprobaban miles de millones para la movilidad militar y la protección civil.
Ambiciones nacionales: Alemania lidera el camino
En un rango nacional, Alemania, la mayor economía de Europa, apoya decididamente el auge del gasto militar europeo. Criticada durante mucho tiempo por su escaso gasto en defensa, aumentó su presupuesto militar un 18% en 2025, tras un incremento del 23% en 2024. Berlín tiene prevista una lista de adquisiciones para la próxima década que supera los 350.000 millones de euros en pertrechos, incluyendo hasta mil nuevos tanques de combate, cazas F35 y grandes reservas de municiones. Otros países como Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia han duplicado con creces su gasto combinado para defensa desde 2020, alcanzando los 53.700 millones de dólares en 2025.
El Reino Unido también se ha comprometido a alcanzar el 5% del PIB, y el primer ministro Keir Starmer lo ha presentado como una necesidad económica además de una cuestión de seguridad, con el objetivo de llegar al 4,1% para 2027.
El coste de la seguridad
Sin embargo, esta militarización conlleva importantes contrapartidas económicas y sociales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) constata un debilitamiento sistémico de la competitividad global de la UE, con una reducción de su brecha de PIB con respecto a EEUU y China. Para alcanzar el nuevo objetivo del 5% de la OTAN, la UE necesitaría invertir un billón de euros adicionales al año.
Los países tienen dificultades para encontrar los fondos. Francia aprobó su presupuesto de 2026 en medio de una crisis política, recortando el gasto en casi todos los sectores excepto defensa, a pesar de un déficit del 5,4% del PIB. Italia intentó hacer pasar un puente de 13.500 millones de euros en Sicilia como una inversión en defensa para cumplir los objetivos de la OTAN, pero el embajador de EEUU le advirtió que la «contabilidad creativa» no sería tolerada.
Incluso en España, donde el gobierno por fin alcanzó el umbral simbólico del 2% del PIB, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha calificado el objetivo del 5% de desmesurado, teniendo en cuenta los altos niveles de deuda y el coste de oportunidad de desviar fondos de otros sectores. Como señaló el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Alexander Grushko, los líderes europeos deberán explicar a sus contribuyentes por qué se recortan los programas sociales para financiar la maquinaria bélica.
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