Miguel Ángel Peñalba
Miguel A. Peñalba de la Torre Responsable de Comunicación e Imagen corporativa OSICH

Gestión de la seguridad en los hospitales: la era postCOVID

Tiendas de campaña sanitarias

Parece que fue hace una eternidad cuando el 14 de marzo del año 2020 se declaró el estado de alarma y nos vimos de un día para otro encerrados en nuestras casas a causa de la COVID-19. Puede ser que el cerebro humano olvide más pronto que tarde este tipo de situaciones traumáticas como forma de defensa y supervivencia ante hechos tan significativamente trágicos y en algunos casos irreparables.

Es ahora, en octubre de 2022, cuando me planteo qué tipo de aprendizajes hemos interiorizado de toda esta situación desde el punto de vista de la seguridad, qué situaciones vividas durante la pandemia nos llevaron a aplicar nuevas medidas y formas de trabajar o adoptar otras que hacía tiempo que no se aplicaban para gestionar la seguridad de nuestros hospitales y cuáles de todas ellas se quedarán entre nosotros. Eso sí, sin olvidarnos de que todavía seguimos teniendo los mismos problemas de antes de vivir este episodio y que debemos dar solución o reducir el impacto en nuestras instituciones.

Adaptación de la seguridad en los hospitales

Nuestras organizaciones se han tenido que adaptar durante toda la pandemia a situaciones que no habíamos vivido desde hace mucho tiempo, o por lo menos en la era moderna. La importancia de una correcta gestión de la seguridad llevó en innumerables casos a poder asegurar el suministro y utilización de recursos y materiales muy valiosos, al igual que el cumplimiento de una normativa fundamental para controlar la propagación de dicha enfermedad. Fue primordial la figura del director de seguridad al frente de dicha gestión, marcando la diferencia entre las instituciones que lo poseían y las que no. El departamento de Seguridad se convirtió en un referente para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para el continuo intercambio de colaboración y ayuda, fundamentales para la resolución de situaciones críticas.

No cabe duda, y no es por ser pesimista o agorero, de que debemos aprender de esta pandemia y de todas esas situaciones vividas. La idea es poder contemplar nuevos escenarios, cada uno en el ámbito en el que nos movamos, con el objeto de intentar tener la mayoría de situaciones contempladas, programando o dimensionando correctamente las medidas y los medios destinados a solventarlos. Y teniendo siempre como fundamento la seguridad integral y la persistencia de la atención sanitaria como fin último ante las posibles pandemias que podamos sufrir de ahora en adelante –que alguna más habrá–, debido a la situación de la gestión de los recursos y la globalización del mundo en que vivimos.

Atrás quedaron esos balcones a las ocho de la tarde, donde la población salía a aplaudir a sus sanitarios por el esfuerzo y exposición ante una enfermedad tan desconocida y de los cuales también nos sentíamos un poco participes todo el personal de los centros que no siendo sanitarios, como el de seguridad, entre otros, no faltamos ningún día a nuestro trabajo haciendo frente a lo que se nos exigía con igual valentía que nuestros compañeros. Pocos meses trascurrieron de esos aplauso, hasta recuperar las agresiones hacia nuestro personal, porque como mencioné antes, el cerebro humano olvida pronto y donde antes considerábamos un héroe ahora para algunos seguimos considerándolo, como antes de la pandemia, un enemigo.

Centros con restricciones

Los hospitales, que en los últimos años han sido conceptuados como centros de puertas abiertas sin casi discriminación alguna para el acceso de usuarios, familiares y pacientes, se trasformaron de un día para otro en lugares con unas restricciones de entrada casi totales para estos dos últimos. Poco a poco se fue recuperando, llegándose a utilizar métodos de control que llevaban años sin aplicarse, como tarjetas de visita, pases, autorizaciones, etc. A día de hoy, alguna de estas restricciones permanece y posiblemente tengamos que convivir con ellas debido a las ventajas, que, al parecer, han proporcionado para la atención sanitaria, siempre respetando la humanización del trato tanto a pacientes como a familiares.

Es difícil llevar mascarilla o protector respiratorio durante tanto tiempo y la sociedad tuvo que aprender a hacerlo. Tanto es así que cuando se fue retirando su obligación casi se celebró como el final de la enfermedad. Sin embargo, a día de hoy, y quizás por más tiempo del que nos podamos pensar, aún es obligatorio este tipo de protección en centros hospitalarios y sanitarios, lo que implica un choque para muchos usuarios que ya olvidaron tal utilización, provocando altercados casi diarios.

La sociedad y todas las instituciones se pusieron a prueba y se midió la resiliencia de cada una de ellas. El sistema sanitario español, partiendo de una base que se pensaba buena y resistente, fue pieza clave en la gestión de la pandemia. Por tal motivo vimos cómo ciertos aspectos y la criticidad de las situaciones provocaron el colapso o la falta de asistencia a la población, pudiendo vivir en nuestras carnes, de forma más cercana o lejana, que la no declaración de infraestructura crítica fue un error que alguien debería asumir. Esperemos que se aprenda de los errores y se modifiquen tales aspectos dotando de más protección a estas infraestructuras, reforzando la gestión de la seguridad de forma profesional y siendo previsores ante situaciones similares en un futuro.

Por desgracia, en muchas ocasiones no se destinan recursos económicos ni efectivos en seguridad si no hay una norma que te obliga a ello, cuando debería verse como un aspecto que aumenta la calidad del servicio principal que se presta. Más aun este aspecto adquiere un valor mayor cuando el servicio prestado es el cuidado y preservación de la salud de las personas.

Equipamiento

Importante y decisivo fue el equipamiento médico para la atención sanitaria durante la pandemia. Afortunados eran los pacientes que disponían de un respirador llegado el momento. Se llegaron a improvisar mil maneras para poder sustituir o crear estos elementos y otros esenciales para el tratamiento de esta enfermedad. Queda demostrada la importancia que este tipo de equipamiento y material tiene en la atención sanitaria.

Por tal motivo, debemos seguir protegiéndolo, aún con más empeño, sabiendo que nos siguen acechando las bandas organizadas cuyo objeto es robarnos el material endoscópico, entre otros. Y que no esperaron mucho en reanudar su actividad (septiembre de 2020), aun con la pandemia en pleno auge.

Otro aspecto clave de la seguridad en otros ámbitos fue la gestión de los exitus y los objetos personales. Las restricciones sanitarias provocaron la imposibilidad de una gestión más humana de nuestros difuntos, al igual que la supervisión y control de unos protocolos muy escrupulosos en la gestión de su salida del hospital. La frenética actividad, surgida por momentos, también llevó a no realizar una gestión óptima de las pertenencias, tanto de pacientes ingresados como de las personas fallecidas, que además se aderezaba con el desconocimiento de poder contraer la enfermedad por la manipulación de estos. De ambas situaciones hemos aprendido y corregido nuestros procedimientos y recursos tanto en lo que afecta al personal de seguridad como al sanitario para incidir en la implicación y responsabilidad de estos últimos, que quizás estuviera más descuidada de lo debido.

Es a partir de ahora cuando no debemos relajarnos y seguir trabajando con todos estos procedimientos y procesos surgidos de esta crisis, así como adaptarlos tanto para las situaciones cotidianas como para futuras que pudieran suceder.

Es en estos momentos de crisis cuando se presenta la oportunidad de hacer valer toda la calidad que a diario prestamos en nuestras organizaciones. Y es que es en esos instantes, por desgracia, cuando algunas direcciones de hospitales se dan cuenta de la valía que tienen dentro de sus organizaciones; o por lo contrario, se lamentan de lo que carecen ya demasiado tarde.

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