Silvia Arroyo Varela, Universidad de Málaga
Silvia Arroyo Varela Profesora de Dirección Estratégica Universidad de Málaga

Inteligencia y seguridad: la clave del éxito en los procesos de innovación empresarial

En artículos anteriores hemos hablado de la necesidad que tienen las organizaciones de implementar la inteligencia competitiva como una herramienta que, alineada a la estrategia empresarial, conduzca de forma más certera al logro de una ventaja competitiva sostenible. En este trabajo, enfocamos concretamente los procesos de innovación como un factor clave del éxito para aquellas empresas que, como en el caso de nuestro país, deben competir diferenciándose de sus adversarios, llegando así a la conclusión de que la gestión óptima de la innovación dentro de una empresa debe ir ligada a la inteligencia para conseguir el objetivo deseado. Sin embargo, todo este esfuerzo carecerá de lógica si no se incorporan las medidas de seguridad oportunas para impedir que los logros conseguidos caigan en manos del adversario.

Introducción

Desde que Michael Porter publicó su libro Competitive Strategy en 1980, el mundo no ha dejado de cambiar, pero la esencia de gran parte de su obra sigue siendo perfectamente aplicable a la realidad empresarial, pues considera que las estrategias que utilizan las empresas son una combinación de factores que las hacen únicas y describe tres estrategias para competir: liderazgo en costes, diferenciación y enfoque. En nuestro país, los directivos son perfectamente conscientes de que sus empresas no pueden competir en costes con empresas de otros países que disponen de mano de obra barata, acceso preferente a materias primas estratégicas y poca o ninguna regulación salarial ni laboral ni horaria, y que les permite obtener unos márgenes mucho más ajustados. La única vía factible para consolidarse es apostar por la diferenciación, y esto implica ser capaces de ofrecer algún producto o servicio que sea verdaderamente valorado por los posibles clientes.

Si a esto unimos que los acontecimientos de los últimos años, y del presente, aumentan de forma exponencial los niveles de incertidumbre y turbulencia del entorno (donde, incluso, el orden mundial está cada día más cuestionado), las empresas necesitan, más que nunca, ser capaces de tomar decisiones sobre las necesidades de los clientes, sobre el nivel de mercado en el que les gustaría, o deberían, competir, y sobre las capacidades o habilidades clave necesarias para competir de la forma elegida. De hecho, las empresas deben optar por algún atributo diferenciador que les permita lograr y consolidar ventajas sostenibles. Y uno de los que se posiciona como claro ganador en esta búsqueda de la diferenciación es la innovación.

Procesos de innovación estratégica

El concepto de innovación ha ido, como casi todo, evolucionando y adaptándose a los tiempos y a los entornos de la empresa y, en la actualidad, se entiende en un sentido mucho más amplio. Una empresa innovadora no tiene que ser exclusivamente una empresa de base tecnológica que desarrolla un producto o mejora un proceso dentro de un departamento de investigación y desarrollo. Esta acepción se correspondía con el término “innovación tecnológica”, donde el foco de interés se centraba exclusivamente –hasta hace relativamente poco tiempo– en crear o mejorar significativamente el producto o proceso de la empresa, empleando para ello herramientas como la vigilancia tecnológica e, incluso, la inteligencia tecnológica.

Pero, en las condiciones de competencia descritas, es demasiado arriesgado, para una empresa, tomar decisiones sobre su producto o proceso de forma aislada, sin analizar el entorno general y competitivo. Especialmente, deben considerarse las tendencias de la industria y los movimientos de los competidores, así como factores de tipo económico, social, legal, cultural, medioambiental, político y, evidentemente, tecnológico. También es fundamental observar los cambios que se están produciendo en sus clientes actuales, en su industria e, incluso, identificar posibles clientes potenciales.

Centrarse exclusivamente en el producto o proceso sin tener en cuenta el entorno y la competencia supone asumir riesgos innecesarios

Además, esta concepción excluye a otros tipos de empresas que, por sus características, no desarrollan específicamente líneas de investigación y desarrollo sobre el producto o proceso, pero que sí se replantean continuamente la naturaleza de su negocio y toman decisiones en esta línea. Surgen nuevas concepciones, como la innovación organizativa, cuando el cambio ocurre en la dirección y organización bajo la cual se desarrolla la actividad productiva y comercial de la empresa mediante nuevos modelos de negocio que logren satisfacer vacíos estratégicos de la industria, que cubran las nuevas necesidades de los clientes e, incluso, que creen nuevas necesidades en los clientes actuales.

Por ello, es necesario considerar todos los aspectos de un proceso de innovación, porque centrarse exclusivamente en el producto o proceso sin tener en cuenta el entorno y la competencia supone asumir riesgos innecesarios, igual que centrarse exclusivamente en los clientes para tomar decisiones de tipo estratégico, sin considerar la competencia global.

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