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Lluís Marín Perpiñá Business Development Manager Detnov

Detección y alarma de incendios, retos de hoy para un sector en transformación

Detección y alarma de incendios.

En el último cuarto del siglo pasado se establece la estructura normativa de sistemas de detección y alarma de incendios de la que se ha dotado Europa. Una arquitectura que se construye sobre la base introductoria que define la EN54-1 que define las partes y finalidad de cada uno de los componentes de lo que llamamos un sistema de detección y alarma de incendios.

Ésta se elabora con la finalidad de establecer un modelo europeo común y define la función de un sistema de detección y alarma de incendios es detectar incendios con la máxima anticipación posible y facilitar las señales para llevar a cabo las acciones de protección necesarias.

En posteriores ediciones se han ido extendiendo funciones y añadiendo claridad en el modo en que estos componentes se instalan. Los nuevos elementos y funciones buscan dar coherencia al sistema y determina las bases en las que se combina con otros sistemas necesarios para su buen funcionamiento durante su vida útil.

El foco principal del desarrollo de los productos de detección y alarma de incendios y, en consecuencia, la regulación asociada, ha sido la de dotarlos de mayor fiabilidad, consistencia, disponibilidad y accesibilidad en el momento de uso. Por ello, en consonancia con la regulación del producto se han desarrollado recomendaciones, o reglamentos de aplicación que definen diseño, instalación, puesta en marcha y el mantenimiento.

La misión de los sistemas de detección y alarma de incendios no se limita a su puesta en marcha, este es solo un comienzo. El propietario y/o responsable de la instalación debe asegurarse de que esta se garantiza siempre. Verificar, comprobar, corregir y adecuar a nuevos parámetros de protección es crítico para asegurar una respuesta a tiempo en el plan de autoprotección.

El efecto del fuego implica daños que pueden ser irreparables en lo humano y entrañan costes sociales y económicos como la suspensión de la actividad actual y/o futura. Cuantas empresas que sufrieron incendios en sus instalaciones vieron no sólo paralizado su crecimiento, sino que en que entre 1 o 5 años tuvieron que cesar en su actividad.

Los sistemas actuales son todavía muy parecidos a los que se desarrollaron en ese último cuarto de siglo pasado, sin embargo, queramos o no aceptarlo, algunos cambios se van a producir y las regulaciones y el sector deberá adaptarse. Tal vez, el hecho de tener una estructura normativa tan amplia y regulada dificulte la adopción de algunos, no obstante, es un hecho innegable que el cambio está aquí y el sector debe anticiparse y convertirlo en una ventaja.

Nuestra misión sigue siendo identificar el posible incendio o conato sin retrasos, con la mayor precisión y certidumbre, poniendo en marcha a la mayor brevedad los mecanismos de autoprotección e intervención. En todos estos aspectos han trabajado los fabricantes invirtiendo muchos recursos en desarrollo y certificación.

Tecnología de sensores

El único elemento actual de detección y alarma de incendios de propósito general es el detector óptico. Este es un detector que funciona bien en fuegos de progresión lenta, sin gran carga térmica y es menos eficiente cuando el incendio es abierto. Aún así, responde dentro de los parámetros de tiempo y densidad exigidos. Para mejorar su respuesta los fabricantes han propuesto soluciones diversas como la inclusión de otras tecnologías que, en combinación de algoritmos en la central o en el propio detector pueden anticipar también su tiempo de respuesta procurando una fiabilidad aceptable.

Con todo, el mayor esfuerzo se realizó en el desarrollo de sistemas más fiables. Detectores más específicos que tiendan reducir el problema de las falsas alarmas.

Sea por el tipo de regulación, sea por la cultura o tradición, en el resto de Europa existe una preocupación real por las falsas alarmas, sus costes y como estas perjudican a la fiabilidad y tiempo de respuesta. Estos han sido bastante activos relacionando el sistema de detección y alarma de incendios directamente con la intervención, han medido el efecto y los costes y, por ello, los propietarios y usuarios invierten más en la renovación o adopción de nuevas tecnologías.

En nuestro caso, las tecnologías combinadas son testimoniales, la renovación es comparativamente baja y se considera a los detectores meros interruptores binarios. La respuesta de los detectores se mide no sólo en densidad de partículas sino en tiempo de respuesta y esta puede variar sustancialmente con el tiempo debido al desgaste de los componentes o las condiciones ambientales.

Se han incorporado algoritmos de compensación que mejoran la eficacia del detector durante periodos más largos. Algunos sistemas miden el grado de compensación por suciedad, pero difícilmente resuelve el efecto del paso del tiempo sobre, por ejemplo: el LED emisor de luz o el condensador.

Periódicamente, debe considerarse, por tanto, no sólo que el detector es capaz de responder al fenómeno físico o si el humo puede alcanzar la cámara, debe verificarse que la respuesta del detector se realiza en tiempos aceptables con densidades de humo establecidas. Sólo un ensayo real de hogares tipo (como define la normativa) o limitado al tipo de carga de fuego del entorno donde está instalado podría dar una idea precisa de la eficacia de sistema incluso con el paso del tiempo y si los retrasos en la activación de los procedimientos de autoprotección ocurren con precisión y en los tiempos aceptable. Una demora de 5’ acumulado desde la ocurrencia del fuego hasta la intervención puede ser la diferencia entre la anécdota y el desastre.

Con la inclusión de los sistemas de aspiración se definen nuevas clases de sensibilidad, las clases A, B y C, donde la clase C se asocia a los niveles de sensibilidad de un detector puntual. Estas nuevas clases proveen anticipación en determinados usos críticos donde simplemente un detector puntual estándar tendría una respuesta muy tardía y por tanto sería ineficiente.

En el pasado los algoritmos decisorios para la detección se alojaban el equipo de control e indicación, central de incendios. El elemento de tratamiento de la información se alojaba en la central. Con el tiempo esto exigía recursos y comprometía la fluidez del sistema por lo que, con la inclusión de controladores en los detectores se empezó a hablar de inteligencia distribuida.

Detección y alarma de incendios.

Hoy, los sensores proporcionan más información, se analizan más datos para la toma de decisiones, se incorporan más tecnologías.  Es posible que otro tipo de sensores se incorporen en los sistemas de detección y alarma de incendios. Sensores proveyendo gran cantidad de información.

Las centrales han ido incorporando algunos mecanismo o algoritmos de ajuste que permiten adecuar la respuesta a las condiciones de la instalación. Condiciones de coincidencia o cooperación. En cualquiera de los casos se procura incrementar la fiabilidad y, cuando es posible, anticipar la respuesta en función del comportamiento de otros sensores instalados en el mismo entorno.

No es posible definir cual es la mejor tecnología, lo más probable es que una combinación de ellas sea la solución óptima. Sea cual sea la solución aplicar, es evidente que exigirá de sistemas de mayor capacidad de procesamiento de datos con un coste adicional.

En estas condiciones es muy probable que los sistemas de tipología convencional desaparezcan del mercado como ya lo han hecho en algunos mercados. Estos no ofrecen precisión alguna y no permiten un tratamiento posterior de la información. Las diferencias de costes entre sistemas no justificarán su existencia, más si se precisa la integración con sistemas externos.

Compatibilidad e integridad de los sistemas

La proliferación de soluciones que es posible interrelacionar o conectar crece constantemente. La complejidad de los sistemas que se integran requiere automatización de los procesos y gestión del flujo de datos. Es fácil comprender que en algunas ocasiones los elementos integrados serán suministrados por diferentes proveedores o fabricantes pudiéndose generar ciertos conflictos de compatibilidad. Podríamos suponer que esto no sucederá cuando el fabricante del producto es el mismo, no obstante, los certificados de aprobación particulares para cada producto no establecen ensayo alguno que verifique la consistencia de un sistema que debe ser eficaz en su conjunto.

El aplicador del sistema en estas circunstancias puede encontrarse con dificultades al asumir en primera persona la compatibilidad de las diferentes partes en el sistema, pero sobre todo, puede encontrarse en un serio aprieto cuando todos estos elementos se unen en un único sistema tal vez en red, seguramente integrado a un BMS o con la responsabilidad de gestionar innumerables procesos de control tanto en la gestión de alarma y evacuación como en la gestión de los fallos o de los procesos de mantenimiento.

El mejor sistema puede resultar ineficaz y por supuesto un enorme riesgo si no se describe un método que establezca la compatibilidad de cada una de las partes, la prioridad en su repuesta con relación a otros elementos o su comportamiento en caso de fallo, también con el resto del sistema.

Para ello, los fabricantes deben apoyarse en los requerimientos de la EN54-13 y establecer claramente los tipos y los límites. Esta declaración determina que elementos y con qué dimensión los elementos rendirán sin limitar la seguridad ni la estabilidad del sistema. Respondiendo o actuando dentro de unos tiempos operativos mínimos y respetando los criterios de seguridad en caso de fallo acordes con su tipo y las reglas de tolerancia a fallos y supervisión habituales para los sistemas de detección y alarma de incendios.

Podemos fácilmente cometer el error de dar por supuesta la compatibilidad de sistemas, sin embargo, la impresionante oferta de componentes de diferentes fabricantes o la complejidad de los sistemas generan innumerables dificultades sin una clara responsabilidad sobre la integridad del sistema y, lo que es peor, con un alto riesgo en caso de una alarma real.

Es preciso determinar la compatibilidad e integridad de cada uno de los componentes e incluirlo en un certificado extendido por un laboratorio acreditado, no sólo porque lo exige el reglamento que sea de aplicación, RIPCI, sino porque somos (fabricantes, ingenierías e instaladores) responsables de aplicar sistemas que con toda seguridad protejan a nuestros clientes y sus negocios.

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