Cumbre OTAN Ankara: Los acuerdos que redefinen la seguridad europea

Gabriela Bustelo

La Cumbre de la OTAN en Ankara de 2026 ha pasado sin ningún sobresalto. El foco central ha sido la presión del secretario general de la alianza, Mark Rutte, y del presidente estadounidense, Donald Trump, para que Europa acelere la producción de su industria militar y asuma por completo su autonomía defensiva. El eje central de la cita fue el objetivo de transformar la multimillonaria escalada presupuestaria de los aliados en contratos y en material bélico propio.

Objetivos y exigencias a la industria de defensa

En sintonía con la urgencia trumpista, Rutte exigió a las grandes empresas armamentísticas europeas anunciar inversiones y firmar contratos para corregir el déficit crónico de producción para afrontar la ofensiva rusa. En la línea de otras reuniones previas, la Cumbre de Ankara sirvió para fiscalizar la aplicación del compromiso acordado en La Haya para que los aliados eleven el gasto militar hasta el 5% del PIB a medio plazo.

Otro asunto perentorio ha sido el escudo aéreo integral, para el que la OTAN reclama un incremento del 400% en la defensa aerospacial y los misiles atlánticos para proteger los cielos europeos. Con estos propósitos sobre la mesa, surgió el asunto de la eliminación de barreras comerciales para agilizar la consecución del rearme. La declaración final incluyó el compromiso de suprimir trabas comerciales de defensa internas entre aliados, beneficiando directamente a países como Turquía.

La respuesta financiera de Europa

Pese a la perseverancia de Donald Trump en su ya clásica letanía de que Estados Unidos financia la Alianza Atlántica, mientras el resto de los países miembros se aprovechan de la generosidad americana, Mark Rutte aseguró que Europa y Canadá ya promedian una inversión del 4% del PIB, al sumar el gasto militar básico y el vinculado a la seguridad. El líder de la OTAN recordó lo que a varios de los presentes les parecería una obviedad: este gigantesco desembolso de dinero público no debe ser un mero gasto contable, sino producir retornos directos en empleos, fábricas y capacidades militares construidas en suelo europeo.

El foco sobre España y las tensiones diplomáticas

Recién inaugurada la cumbre, el presidente estadounidense Donald Trump cargó con dureza contra España, llamándola «causa perdida» y amenazando con bloqueos comerciales bilaterales debido a su rechazo frontal del objetivo general del 5% acordado por todos los países miembros. Tanto el presidente español Pedro Sánchez como el secretario general atlántico Mark Rutte matizaron el caso español, recordando que el país ya estaría aportando el 2% del PIB en gasto militar básico. Hasta ahí, el guion fue el habitual, con los roles ya repartidos. Sin embargo, hubo un inesperado giro de última hora. Al terminar la cumbre, Trump suavizó el tono y proclamó que España se había «redimido por completo» por su actitud positiva durante las negociaciones.

Financiación e inversión industrial

Superado el «problema español», por usar el término del propio Trump, la Cumbre de Ankara retomó la  senda fijada el año anterior en La Haya para que los socios europeos dediquen a Defensa un 5% del PIB para 2035, repartido en un 3,5% para gasto militar básico y un 1,5% para infraestructuras. Evidenciando su sintonía con el actual gobierno estadounidense, Mark Rutte quiso reconfirmar este calendario mientras anunciaba nuevos contratos de compra de armamento valorados en más de 50.000 millones de dólares.

El fin último de la OTAN actual es forjar coaliciones internacionales de compra, eliminar las barreras comerciales de defensa entre los aliados y transferir una parte de la capacidad de producción estadounidense al territorio europeo. Con intención de diversificarse hacia el sector privado, la cúpula atlántica apeló a los grandes colosos financieros para sumar provisiones de capital privado destinadas a la innovación y la producción en el sector defensa.

Innovación tecnológica y nuevas estrategias

  • Drone Edge. Quedó acordado un paquete de inversión de 40.000 millones de dólares a cinco años, para desarrollar sistemas antidrones. Además, los aliados se comprometieron a multiplicar por cinco su número de operadores militares de drones para finales de 2027.
  • Megaconstelación HALO. Un presupuesto de 27.000 millones de euros servirá para modernizar oleoductos e infraestructuras de combustible en el sector oriental fronterizo con Rusia. Y se activó la constelación satelital HALO para potenciar la vigilancia desde el espacio.
  • Nube de combate y seguridad aérea IA. Despliegue de una nube de combate transatlántica interoperable y modelos avanzados de Inteligencia Artificial aplicados a la seguridad aérea y antimisiles.

Apoyo a Ucrania y criterio geopolítico

Los aliados blindaron un fondo de 70.000 millones de euros en asistencia militar para Ucrania. De este total, 30.000 millones proceden del préstamo de la Unión Europea y los 40.000 millones restantes de compromisos bilaterales. El bloque se comprometió a mantener niveles financieros equivalentes para el año próximo. La declaración final reafirma que considera a Rusia una «amenaza a largo plazo». En cuanto al flanco de Oriente Medio, se exige formalmente a Irán que respete de manera estricta la libre navegación en el estrecho de Ormuz, rechazando que el país pueda disponer de armas nucleares.