En febrero, Tecnifuego renovó su Junta Directiva con usted como nuevo presidente. ¿Qué prioridades se ha marcado para esta etapa al frente de la asociación?
Para esta nueva etapa, o nueva gestión, hemos definido un decálogo de diez puntos que queremos desarrollar entre 2026 y 2030, que es el ciclo de la presidencia. En primer lugar, nuestro objetivo es dar continuidad a la trayectoria que ya veníamos desarrollando en Tecnifuego en legislaturas anteriores, en las que yo he estado como vicepresidente.
A partir de ahí, queremos reforzar especialmente la parte técnica y la comunicación. Asimismo, buscamos intensificar la relación con asociaciones del sector o asociaciones similares, de modo que podamos alcanzar objetivos comunes que, al estar alineados, puedan ser respaldados por la Administración.
Con la renovación de la junta directiva y la hoja de ruta definida hasta 2030, ¿qué cambios marcarán realmente esta nueva etapa respecto a la anterior?
En realidad no se trata de cambios muy diferentes o radicales, pero sí se han introducido algunos ajustes significativos. Por un lado, se han reorganizado las vocalías de la junta directiva, modificando su denominación para orientarlas más hacia ámbitos temáticos concretos, tal y como indica su propio nombre.
Por otro lado, queremos reforzar la comunicación, como ya he mencionado, con el objetivo de que se entienda mejor la gestión y la labor que realiza Tecnifuego, que consideramos muy relevante tanto a nivel técnico como profesional. No obstante, también queremos que la ciudadanía perciba la importancia de la protección contra incendios (PCI). En este sentido, estamos preparando un tríptico en el que se recogen recomendaciones claras sobre qué hacer y qué no hacer en caso de incendio.
Además, en la relación con la Administración, queremos seguir avanzando, pero incorporando un enfoque más técnico, para lo cual se han sumado nuevos vocales con perfiles especializados en áreas concretas del sector.
Tecnifuego mantiene un papel activo como interlocutor ante las administraciones públicas. En el contexto actual, ¿cuáles son las prioridades regulatorias más urgentes para reforzar la seguridad contra incendios en España?
En primer lugar, una de las cuestiones que consideramos más importantes, especialmente para la ciudadanía, es la detección de incendios en viviendas. Actualmente estamos trabajando este tema con el Ministerio de Vivienda, ya que entendemos que es necesario que exista un detector autónomo en los hogares. No es razonable que, en pleno siglo XXI, sigan produciéndose tantas víctimas mortales por incendios.
Por otro lado, vamos a reforzar el trabajo técnico en la actualización de normativas, tanto europeas como nacionales, adaptándolas a la realidad actual de la PCI.
Asimismo, estamos poniendo el foco en las centrales receptoras de incendios. De hecho, el pasado mes de febrero presentamos en SICUR la actualización de la guía de comunicación, y consideramos que es fundamental que estas centrales tengan una mayor conexión con el exterior. De este modo, cuando se produzca un incendio y se emita una señal, se podrá actuar con mayor rapidez que si la central está aislada en el propio edificio o en una nave industrial.
En cualquier caso, conviene recordar que el trabajo en los comités sectoriales es un proceso largo: la elaboración de normas UNE no se realiza en meses, sino en años, desde su redacción hasta su aprobación final.
“Es necesario avanzar y que exista una regulación específica para las centrales receptoras de incendios”
El reciente desarrollo normativo ha puesto el foco en la actualización del Reglamento de Instalaciones de PCI. ¿Considera que este marco responde ya a las necesidades reales del sector o siguen existiendo carencias?
El reglamento se ha actualizado respecto a la versión anterior, que databa de 2005, lo que implica que han transcurrido más de 20 años hasta esta revisión. En este sentido, valoramos positivamente que se haya llevado a cabo esta actualización, ya que incorpora gran parte de los productos y materiales que existen actualmente en el mercado.
Ahora bien, también es cierto que la tecnología y los avances en nuevos productos evolucionan a un ritmo mucho más rápido que la normativa. Por ello, desde el sector intentamos adelantarnos, trasladando a la Administración propuestas de actualización o guías antes de su publicación oficial en el BOE. Sin embargo, los procedimientos administrativos requieren su tiempo, por lo que, aunque avanzamos con mayor rapidez desde el ámbito técnico, debemos adaptarnos a esos plazos.
En paralelo, el sector está reclamando una regulación más clara para las centrales receptoras de incendios (CRI). ¿Cree que el actual marco normativo es suficiente?
No. Consideramos que es necesario avanzar y que exista una regulación específica para las centrales receptoras de incendios. En este sentido, y como primicia, recientemente fuimos recibidos por la Subdirección General Industrial del Ministerio de Industria, donde presentamos la guía actualizada de estas centrales y planteamos la posibilidad de que pudiera incorporarse, en algún momento, a una norma o desarrollo normativo. Además, es importante tener en cuenta que las centrales receptoras de incendios dependen del Ministerio de Industria, a diferencia de las centrales de intrusión, que corresponden al Ministerio del Interior.
Por otro lado, queremos dejar claro que no es incompatible que una central de incendios esté conectada a una central receptora de alarmas, siempre que dicha conexión sea independiente y que los procedimientos de actuación sean diferentes, ya que un incendio no tiene nada que ver con un robo.
En diciembre de 2025 se aprobó el nuevo certificado profesional de instalaciones de PCI. ¿Qué impacto cree que tendrá en el sector?
Para nosotros ha sido un éxito, ya que comenzamos a trabajar en este proyecto en 2019. Como ocurre habitualmente en este sector, se trata de procesos largos, por lo que han pasado varios años hasta que finalmente se ha aprobado y publicado en el BOE en 2025.
A partir de ahora, son las comunidades autónomas las que deben desarrollarlo para que pueda impartirse en los centros de formación profesional. En cualquier caso, consideramos que es una medida muy importante y necesaria, ya que el sector requiere un alto grado de especialización.
Además, entendemos que las nuevas generaciones pueden aportar conocimientos muy relevantes, especialmente en ámbitos como la electrónica, la informática o los sistemas digitales, que hoy en día son fundamentales en la PCI.
Nuevos escenarios como la electrificación o el almacenamiento energético están introduciendo riesgos distintos. ¿Está preparada la normativa vigente para dar respuesta a estos desafíos?
Se trata de una cuestión compleja, porque la respuesta no puede ser ni un sí ni un no rotundo. Actualmente, la aparición de nuevos productos, como las baterías, especialmente las de ion-litio, o las instalaciones solares, está generando una transformación importante en el ámbito de la PCI.
En el caso de las baterías, estamos empezando a tener una mayor concienciación, pero lo cierto es que se trata de incendios muy difíciles de extinguir. Por ello, la normativa debe adaptarse con mayor rapidez, algo que todavía no está ocurriendo al ritmo necesario, aunque sí se está avanzando en esa dirección. El objetivo, al menos, es poder controlar estos incendios para evitar su propagación a otros elementos.
En cuanto a las placas solares, el problema es similar. Los edificios, especialmente las naves industriales, no estaban diseñados para tener instalaciones activas en cubierta. Esto complica la intervención de los bomberos, ya que las placas pueden seguir generando electricidad incluso en caso de incendio, lo que dificulta el acceso a esas zonas. Precisamente por ello, desde Tecnifuego estamos trabajando de forma intensa en estos ámbitos. De hecho, en 2025 organizamos varias jornadas en cinco ciudades españolas, bajo el nombre de «Día del Fuego», centradas en incendios de baterías y placas solares.
¿Cómo valora la situación del talento en el sector de la PCI y qué falta para reforzarlo?
En estos momentos estamos empezando a notar la incorporación de nuevos talentos, especialmente personas jóvenes con una mayor preparación técnica que en años anteriores. Como ocurre en muchos sectores, la evolución tecnológica está impulsando esta tendencia, y la PCI se ha convertido en un ámbito con una base tecnológica muy relevante, en el que la electrónica se suma a la mecánica tradicional.
Además, con la puesta en marcha de formación profesional específica, esperamos que esta incorporación se refuerce en los próximos años. En este sentido, confiamos en que las nuevas generaciones puedan aportar conocimientos y contribuir al avance del sector.
No obstante, también es cierto que se trata de un sector poco visible, ya que los sistemas de PCI solo se perciben cuando fallan o cuando se produce un incendio. Aun así, desde Tecnifuego, como patronal del sector, somos optimistas y estamos esperanzados con esta evolución.
Para finalizar, si pudiera impulsar una única medida urgente para mejorar la seguridad contra incendios en España, ¿cuál sería?
Sin duda, sería reforzar la comunicación dirigida a la ciudadanía, en un nivel similar al que existe en materia de seguridad vial, por ejemplo, con las campañas de la Dirección General de Tráfico. Es fundamental que la población conozca pautas básicas de actuación ante un incendio. Por ejemplo, algo tan sencillo como cerrar las puertas puede resultar clave.
Mantener cerradas las puertas de garajes o de comunicación en los pasillos de viviendas evita, en primer lugar, la propagación del humo, que es el principal causante de fallecimientos por intoxicación, y, además, limita la expansión del fuego fuera de las zonas afectadas. Para nosotros, se trataría de una medida primordial y fundamental.






