Los aranceles, impuestos aplicados a los bienes importados, han sido una herramienta clave de la política comercial de Estados Unidos (EEUU). A pesar de que el país promovió el libre comercio durante gran parte del siglo XX, las políticas proteccionistas han resurgido con fuerza en años recientes, particularmente bajo la administración de Donald Trump. Esta política se centró en el lema «America First», reavivando el debate sobre los efectos de los aranceles en la economía y las relaciones internacionales. Este artículo analiza el impacto económico de los aranceles impuestos ya por EEUU y los potenciales incrementos de los mismos, evaluando sus efectos en los consumidores, los sectores productivos y las cadenas de suministro, así como el papel estratégico de las reglas de origen (ROO) en este contexto.
Aranceles en Estados Unidos
Desde su fundación, EEUU ha utilizado los aranceles como una herramienta para proteger su industria frente a competidores extranjeros. En el siglo XIX, los aranceles fueron cruciales para el desarrollo manufacturero del país. Ejemplos significativos de proteccionismo incluyen el arancel de 1828, conocido como el «Arancel de las Abominaciones», y la Ley Smoot-Hawley de 1930, que exacerbó la Gran Depresión.
Tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU adoptó políticas de libre comercio, liderando la creación del GATT y la OMC, además de firmar acuerdos como el NAFTA (hoy USMCA). Sin embargo, la administración Trump retomó el proteccionismo económico, especialmente con aranceles unilaterales, lo que tensó las relaciones comerciales y desafió el consenso global sobre el libre comercio.
Impacto reciente
Entre 2018 y 2020, la administración Trump impuso aranceles a productos provenientes principalmente de China, pero también de países aparentemente aliados como Canadá y la Unión Europea. Los objetivos de estos aranceles eran reducir el déficit comercial, proteger sectores estratégicos y fomentar el empleo industrial. No obstante, los resultados fueron mixtos.
- Aumento de costos y precios. El impacto más inmediato fue el encarecimiento de los productos importados. Sectores como el automotriz y el tecnológico enfrentaron mayores costos, que se trasladaron al consumidor. Según estudios, para 2019, los aranceles representaron un sobrecosto anual de aproximadamente 800 dólares por familia en EEUU. Este aumento afectó el poder adquisitivo de los consumidores y la competitividad de las empresas estadounidenses.
- Repercusiones en el empleo. Aunque sectores como el del acero y aluminio vieron aumentos en producción y empleo, otros, como los que usan metales como insumo, reportaron mayores costos y pérdidas de empleo. La Reserva Federal concluyó que el impacto neto sobre el empleo fue negativo, ya que las pérdidas en sectores consumidores superaron las ganancias en los sectores protegidos.
- Golpe al sector agrícola. El sector agrícola fue otro de los principales damnificados. China impuso aranceles a productos como la soja, el cerdo y los lácteos, afectando las exportaciones agrícolas de EEUU Para mitigar estas pérdidas, el gobierno aprobó paquetes de ayuda por más de 28.000 millones de dólares, el mayor rescate al sector desde la Gran Depresión.
- Disrupciones en las cadenas de suministro. La imposición de aranceles interrumpió las cadenas de suministro globales. Algunas empresas reubicaron operaciones en EEUU (reshoring), mientras que otras se trasladaron a países como Vietnam, India o México. Esto demostró que los aranceles no necesariamente reindustrializan el país, sino que pueden generar una reconfiguración de las cadenas de valor a nivel global.
Las reglas de origen determinan el país de origen de un bien y son esenciales para definir si un producto está sujeto a aranceles
Dimensión geoestratégica
Los aranceles no solo tienen implicancias económicas, sino también políticas y geoestratégicas. La confrontación con China refleja una rivalidad que va más allá de lo comercial, involucrando un enfrentamiento por el liderazgo tecnológico y geopolítico global. De hecho, EEUU utilizó y utiliza los aranceles como herramienta de presión para forzar cambios en el modelo económico chino, pero los resultados son limitados por el momento.
Internamente, el proteccionismo encuentra apoyo en sectores industriales y electorales afectados por la globalización, reforzando discursos nacionalistas. Sin embargo, esta estrategia debilita las relaciones con aliados históricos, como Canadá y la Unión Europea, y cuestiona la confiabilidad de EEUU como socio comercial.
Por otro lado, la administración Biden mantuvo muchos de los aranceles impuestos por Trump, complementándolos con políticas de subsidios e incentivos industriales para competir en sectores clave, como semiconductores y energías limpias. Esto refleja una preocupación continua por la competencia con China.
Las reglas de origen
En el contexto de una guerra arancelaria, las reglas de origen (ROO) son cruciales. Estas normas determinan el país de origen de un bien y son esenciales para definir si un producto está sujeto a aranceles. Las ROO establecen criterios específicos que un producto debe cumplir para ser considerado originario de un país, lo que incluye el lugar de fabricación, el porcentaje de componentes locales o el proceso de transformación.
Cuando se imponen aranceles dirigidos a un país, las empresas adaptan sus procesos para cumplir con las reglas de origen y eludir los aranceles. Esto puede incluir trasladar parte de la producción a países no afectados por los aranceles, lo que se conoce como triangulación. Este fenómeno puede reconfigurar las cadenas de valor, haciendo que las decisiones logísticas y de manufactura se basen más en criterios arancelarios que en eficiencia económica.
Las ROO han pasado de ser un simple tecnicismo aduanero a convertirse en un instrumento estratégico de competencia internacional. Las empresas deben interpretarlas correctamente para navegar eficazmente en un entorno comercial incierto. Además, los gobiernos deben garantizar que las reglas sean claras, verificables y armonizadas con los compromisos multilaterales, evitando abusos que perjudiquen la integridad de los acuerdos comerciales.
Países beneficiarios
En una guerra arancelaria, algunos países pueden beneficiarse indirectamente al convertirse en destinos alternativos para la producción y el comercio. Estos países pueden atraer inversión extranjera y aumentar sus exportaciones, ofreciendo un entorno comercial más favorable que los países afectados por los aranceles. Algunos ejemplos incluyen:
- Vietnam: ha sido un destino alternativo para empresas que trasladan operaciones desde China para evitar los aranceles de EEUU. Si un producto se transforma lo suficiente en Vietnam, puede ser considerado de origen vietnamita y no chino, evitando así los aranceles.
- México: gracias al T-MEC (USMCA), México tiene acceso preferencial al mercado estadounidense. Las empresas chinas, por ejemplo, pueden invertir en México para aprovechar las reglas de origen y vender a EEUU con tarifas preferenciales. Este es ya un fenómeno en marcha.
- Malasia, Tailandia, Indonesia y Filipinas: estas economías del sudeste asiático también pueden atraer inversión extranjera, sustituyendo a China en ciertas cadenas de suministro.
- India: como gran economía emergente, India se posiciona como una alternativa a la manufactura china, especialmente en sectores como la farmacéutica y la tecnología de la información.
- Países con Tratados de Libre Comercio con EEUU o China: países como Chile, Perú o Australia pueden beneficiarse si logran integrar productos a cadenas de suministro que cumplan con las reglas de origen, aumentando su participación en el comercio internacional.
La guerra arancelaria ha demostrado que, aunque pueden ser útiles, su uso excesivo genera costos económicos, políticos y diplomáticos significativos
¿Cómo funciona el beneficio?
El beneficio para estos países se basa en la reconfiguración de las cadenas de suministro. Si una empresa traslada parte de su producción a un país con un tratado comercial favorable y cumple con las reglas de origen de ese tratado, puede exportar sus productos al mercado objetivo sin pagar los aranceles aplicados en la guerra comercial. Este fenómeno se conoce como desvío de comercio.
Además, algunos países pueden aprovechar la reexportación con valor añadido, donde un producto fabricado en China, por ejemplo, se envía a otro país para ser ensamblado o manufacturado. Si este proceso cumple con las reglas de origen del país intermedio, el producto puede ser considerado originario de ese país y exportado sin aranceles.
Conclusión y perspectivas
La guerra arancelaria ha demostrado que, aunque los aranceles pueden ser útiles para proteger ciertas industrias o como herramienta de presión diplomática, su uso excesivo genera costos económicos, políticos y diplomáticos significativos. Los aranceles pueden distorsionar los mercados, reducir el bienestar de los consumidores y dañar las relaciones comerciales internacionales.
En este contexto, las reglas de origen han ganado protagonismo como recurso para mitigar los efectos de las guerras arancelarias. Lejos de ser un detalle técnico, hoy son una herramienta estratégica en la competencia global. Las empresas buscan aprovecharlas para minimizar el impacto de los aranceles, mientras que los gobiernos las utilizan para proteger sus intereses comerciales.
A medida que EEUU y otros países redefinen sus políticas comerciales, será esencial establecer mecanismos que proporcionen previsibilidad a los agentes económicos y fortalezcan un sistema comercial basado en normas claras y equitativas. La cooperación internacional sigue siendo crucial para la estabilidad y el crecimiento de la economía mundial.





