La política comercial está de moda en los últimos tiempos. Pero no por la conclusión de acuerdos comerciales y la apertura de nuevos mercados para los productos españoles, sino por la imposición de aranceles desorbitados por parte de la administración del nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, a todos sus socios comerciales.
Una política comercial que se presenta como la clave de bóveda para conseguir los objetivos de política económica de la primera potencia mundial, y que se anunció de forma oficial a principios del mes de abril, si bien algunas decisiones de establecimiento de aranceles para determinados productos ya estaban vigentes desde el mes de marzo.
Desde entonces estamos asistiendo a una serie de erráticas decisiones a golpe de «tuit», con incrementos de tipos arancelarios y pausas en su puesta en vigor que han sumido a la economía mundial en un periodo de incertidumbre inédito. Especialmente por el hecho de haber sido «autoinfligido», es decir, debido a las propias decisiones de un determinado gobierno y no por eventos o sucesos externos.
Situación española
Ante este contexto, cabe preguntarse cuáles pueden ser los efectos para las exportaciones españolas y, por extensión, para la economía española.
En primer lugar, debemos mostrar dónde nos encontramos, ya que los anuncios de nuevas medidas son continuos y bastantes veces contradictorios unos con otros. Pues bien, las medidas anunciadas contra la Unión Europea1 comenzaron el 12 de marzo con la imposición de un 25 por ciento de arancel al acero y al aluminio. Posteriormente, durante abril y mayo se anunciaron aranceles de un 25 por ciento para los automóviles y los componentes. Finalmente, se anunció, también en abril, un arancel general del 20 por ciento para todos los productos, que fue suspendido posteriormente por 90 días, con el objetivo de entablar negociaciones para tratar de llegar a un acuerdo, plazo que, por tanto, finalizaría el 14 de julio.
A la hora de analizar los efectos sobre nuestras exportaciones a Estados Unidos (EEUU), debe conocerse cuál es nuestra actual relación comercial y los productos que estamos exportando. Una de las paradojas de este embrollo arancelario radica en que EEUU no tiene déficit comercial con España (que podría pensarse que sería el argumento para imponer los aranceles), sino que ha presentado tradicionalmente un superávit para el país norteamericano, que en 2024 fue de aproximadamente 10.000 millones de euros.
Una de las paradojas de este embrollo arancelario radica en que Estados Unidos no tiene déficit comercial con España
Sin embargo, al considerar como socio comercial a la Unión Europea (que, como se ha señalado, dirige la política comercial de todos los Estados miembros de la Unión) y, por el contrario, mantener déficits con esta, estaría justificado, de acuerdo con la retórica «trumpiana», la imposición de aranceles.
España exportó en 2024 bienes por valor de 18.179 millones de euros, que representan alrededor del cinco por ciento del total de la exportación española al mundo, siendo EEUU el sexto destino de exportación para las aproximadamente 1.500 empresas españolas que exportan a dicho país.
La mayor parte de las ventas de las empresas españolas comprenden productos industriales y tecnología, como maquinaria mecánica y eléctrica, turborreactores y turbinas de gas, materiales para rectores nucleares, calderas o material eléctrico. También exportamos grasas y aceites animales y vegetales, productos farmacéuticos o preparaciones de perfumería.
A pesar de que estaríamos hablando de un porcentaje relativamente reducido de nuestras exportaciones, debe tenerse en cuenta que, para algunos de los sectores exportadores, EEUU supone un porcentaje elevado del total de lo que venden al exterior: en este sentido, para 18 sectores representa más del cinco por ciento, y para cinco sectores supone más del 10 por ciento. Estos cinco sectores (equipos generadores de fuerza, grasas y aceites, buques, vino y otros productos químicos) serían, por lo tanto, los que se verían afectados en mayor medida.
Tipos de efectos
El primer tipo de efecto que hay que analizar son los denominados efectos directos: esto es, un arancel del 20 por ciento (si finalmente se llegara a establecer) tendría un resultado de una reducción del 20 por ciento en el volumen exportado, con los supuestos de que todo el arancel se traslada al precio final y de que la elasticidad de la demanda con respecto al precio final es de uno.
No obstante, el resultado no tiene que ser necesariamente el mencionado. Si nos atenemos a lo sucedido en un escenario parecido, como fue la imposición de aranceles por la primera administración Trump a la exportación de acero español a EEUU (en concreto de un 25 por ciento) observamos que el efecto fue muy negativo, superior a ese 25 por ciento. Sin embargo, en aquel momento (entre junio de 2018 y octubre de 2021) el arancel se impuso únicamente sobre la Unión Europea mientras que en 2025 sería sobre todos los proveedores, lo que impediría que las empresas norteamericanas sustituyeran importaciones de países sujetos a aranceles por países no sujetos, y previsiblemente reduciría el efecto final sobre la exportación española.
Un segundo tipo de efectos a considerar son los indirectos. Se trata del efecto que los aranceles pueden tener sobre otros países cuya dependencia de EEUU es superior a la española, como es el caso de Alemania o de Francia, y que son importantes destinos de nuestras exportaciones (Francia es nuestro primer destino y Alemania el segundo). Para Alemania, EEUU es su primer destino exportador y para Francia el tercero, y mientras las exportaciones de bienes suponen el 1,1 por ciento del PIB español, representan por el contrario el 3,7 por ciento del alemán, el 1,6 por ciento del francés o el 3 por ciento del italiano. El efecto negativo para estas economías derivado de la reducción de sus exportaciones a EEUU tendría una repercusión muy desfavorable en la exportación de nuestros productos a dichos países.
La diversificación de mercados ha sido siempre uno de los objetivos de la exportación española, pero en un contexto como el actual es imprescindible
En tercer lugar, debemos mencionar el peaje que la errática política comercial de la administración Trump estaría teniendo sobre la economía española y la mundial, fundamentalmente debido a la dosis de incertidumbre que está introduciendo en la evolución económica. Las instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya han empezado a reducir las proyecciones de crecimiento, y en el caso de la economía española se calcula que el efecto puede ser de varias décimas, incluso llegando al medio punto del PIB.
Como cuarto punto, es necesario indicar que el efecto final sobre la exportación española, y más en particular sobre la economía española, va a depender en gran medida de dos partes. Por un lado, del resultado final de las negociaciones que están actualmente en curso y, por otro, de las medidas de respuesta de la Unión Europea, que, en función de su magnitud, podrían afectar en mayor o menor medida al desempeño económico de sus Estados miembros.
Capacidad de diversificación
A pesar de las sombrías proyecciones que se han puesto de manifiesto en este artículo, sigue habiendo razones para un cauto optimismo. Primero, porque, como hemos visto, si bien existen sectores altamente perjudicados, en su conjunto la economía española se vería menos afectada que las economías y las empresas de los países de nuestro entorno.
Segundo, porque según una reciente encuesta del ICEX a las empresas españolas exportadoras al país norteamericano, dos tercios de las que han respondido no prevén que su facturación se vea seriamente afectada y no esperan tampoco cambios en términos de empleo. Asimismo, más de la mitad prevé mantener su inversión y su presencia en el mercado americano y solo un siete por ciento prevé abandonarlo en el caso de que finalmente se establezcan los aranceles.
Por último, otra de las cuestiones más relevantes que determinará el efecto final sobre la exportación española vendrá dada por la capacidad de nuestras empresas exportadoras de encontrar mercados que en su caso puedan sustituir al mercado norteamericano; es decir, su capacidad de diversificación. La tradicional concentración de la exportación española en los países de la Unión Europea y la escasa presencia en los mercados asiáticos y los países emergentes podría pensarse que representa un obstáculo inicial, pero al mismo tiempo es una gran oportunidad, puesto que el margen de presencia y de incremento de la actividad exportadora es elevada.
En definitiva, la diversificación de mercados ha sido siempre uno de los objetivos de la exportación española, pero en un contexto como el actual, con decisiones impredecibles y cambiantes que incluso pueden producir una reorganización de los flujos de comercio internacional y de las cadenas de valor globales, se constituye como ciertamente imprescindible.
Nota al final
1. España no tiene competencias soberanas en política comercial, puesto que los Estados miembros de la Unión Europea han delegado la gestión de sus relaciones comerciales exteriores a la Comisión Europea. Esta delegación permite a la Unión Europea negociar acuerdos comerciales y adoptar políticas comerciales de forma conjunta, aumentando su poder de negociación.






