Miguel Rodríguez, Instituto Gutiérrez Mellado
Miguel Rodríguez Artacho Subdirector académico Instituto Universitario Gutiérrez Mellado

Retos tecnológicos para la defensa de España en la era digital

El desarrollo y uso de la tecnología en los conflictos es uno de los principales factores que determinan la adaptación al cambio. La seguridad y la defensa se encuentran en un momento crucial influido por el definitivo colapso del marco de alianzas heredado de la Guerra Fría y donde las naciones se ven abocadas a aumentar su capacidad de disuasión para mantener la credibilidad y el respeto en el nuevo tablero geopolítico. España ya está evolucionando de manera decidida en proporcionar un marco de desarrollo de capacidades acordes con su responsabilidad internacional, con su industria de defensa y con los desafíos de un orden mundial incierto.

En este contexto cambiante, la transformación digital y el desafío tecnológico que nos rodea han supuesto un factor disruptivo que se ha acelerado por los recientes conflictos, que han puesto de manifiesto la modernización de los enfrentamientos y la dependencia de la tecnología que esto supone.

Los nuevos dominios de combate

Ante esta nueva circunstancia, el reto es anticiparse a las nuevas amenazas de una manera efectiva, en un escenario de cambio que abarca todos los dominios de combate. Y no solo eso, sino saber coordinar las capacidades en tiempo real en estos escenarios cambiantes y con respuestas adaptadas a la amenaza, de manera que sea posible tener una verdadera conciencia situacional mediante unos sistemas tecnológicos avanzados.

Aunque todos los dominios de combate involucran tecnología, los nuevos, el ciberespacio y el cognitivo, son virtuales y nativos digitales frente a los otros dominios físicos: terrestre, marítimo, aéreo y espacial. Es en estos nuevos dominios donde se centran los mayores retos, sin olvidar que la infraestructura de comunicaciones debe dar soporte y resiliencia a todos ellos. Por tanto, el dominio cibernético actúa en realidad como dominio horizontal y soporta la integración de todos los demás. La combinación de operaciones en este nuevo entorno precisa una coordinación de información que facilite y mejore una toma de decisiones efectiva y un mando y control coordinados entre ellos.

Hay que tener en cuenta también el reto que supone adaptarnos al concepto de las operaciones multidominio (MDO) que, en el marco de la OTAN, suponen una integración efectiva de fuerzas junto con capacidades de alto nivel tecnológico como defensa integrada aérea y antimisil, operaciones cibernéticas, mando y control, comunicaciones, sistemas de inteligencia, indicios y alertas, guerra electrónica y capacidades espaciales. En definitiva, una integración sin precedentes de capacidades, pero en último término, operaciones conducidas por datos que viajan por la red. Esta adaptación solo es posible mediante la creación de una infraestructura de red robusta, resiliente, segura y con mínima latencia que permita sobre ella dar soporte digital a las MDO y que implementen un C2 efectivo.

Dominios de combate: nube de combate

Aquí aparece, por tanto, uno de los nuevos conceptos derivados de la integración digital de las capacidades militares que es la nube de combate. Hablamos de una infraestructura de red esencial que garantiza el intercambio de información en tiempo real de manera segura, continua y descentralizada, y que va a ser el centro de gravedad de cualquier fuerza operativa, y, por tanto, un elemento crítico cuya vulnerabilidad compromete todas las operaciones. Sobre este concepto pivotan las operaciones MDO mencionadas anteriormente, que a su vez se alimentan, entre otras cosas, de medios ISR para obtención de inteligencia, vigilancia y reconocimiento que proporcionan el contexto de datos necesario para la toma de decisiones. Estamos, pues, en una fase muy avanzada de tener una infraestructura de nube similar a las de nuestros aliados y donde las futuras doctrinas harán realidad esta integración digital.

En el dominio espacial aún estamos simplemente como observadores, pero el verdadero reto es explorarlo como ámbito de operación propio

Dominio espacial

Para ello, pasando también al dominio espacial, España ha desarrollado con éxito varias misiones importantes en los últimos años y tiene por delante el reto de incrementar la autonomía estratégica que ya ha demostrado tener. Por un lado, la serie de satélites SpainSat NG I y II, que incrementan las capacidades de comunicación y de las MDO hasta el espacio, cubriendo casi la totalidad del planeta y adecuado a los requisitos OTAN, con capacidad de soportar el pulso electromagnético de explosiones nucleares, lo que nos posiciona en un club de muy pocos países capaces de un desarrollo similar. El primero de ellos ha sido lanzado hace pocos meses y el segundo está previsto para finales de este año 2025.

El otro satélite de enorme interés es el QKD-Geo, desarrollado en el marco de la European Quantum Communication Infrastructure (EuroQCI), que supone el primer sistema geoestacionario español de distribución de claves cuánticas que aseguran la confidencialidad mediante el intercambio de fotones polarizados y las propiedades de la mecánica cuántica, que detectan cualquier intento de compromiso. En este sentido, la investigación en computación y comunicaciones cuánticas son retos en los que podemos afirmar estar en la vanguardia tecnológica, si bien ningún país ha desarrollado todavía una tecnología madura, estando en cualquier caso muy lejos del mercado.

Es importante destacar que en el dominio espacial aún estamos simplemente como observadores, pero el verdadero reto es explotarlo como ámbito de operación propio. El objetivo a medio plazo sería el desarrollo de sistemas de protección de los satélites y la realización de operaciones que podrían ser de respuesta a amenazas desde tierra o desde el propio dominio espacial.

Integración en la era digital

Con todo lo anterior, el éxito de una integración tecnológica digital se basa también en la capacidad para una toma de decisiones que tenga en cuenta la ingente cantidad de información que podemos capturar, y que debemos procesar en tiempo real. Con la disrupción creada por la inteligencia artificial (IA), otro de los retos que tenemos por delante es el de tener autonomía en el desarrollo de modelos extensos de lenguaje (LLM) que nos permitan procesar el big data generado por todos los elementos de obtención de información mediante herramientas avanzadas de IA. El uso de sistemas propios potenciará la conciencia situacional de las operaciones y puede facilitar mucho las operaciones y llegar a tomar en muchos casos decisiones autónomas. Sin embargo, el uso de sistemas de armas autónomas requiere de unas salvaguardas que aún no están desarrolladas. Para ello es preciso la creación y entrenamiento de inteligencias artificiales libres de alucinaciones y de sesgos, que es algo que ya está en marcha y que requerirá todavía de amplia investigación en un futuro cercano.

Concluyo estas reflexiones con la creencia sincera de que en la era digital que vivimos, la autonomía estratégica de cualquier país se basa incuestionablemente en el talento propio y en el que pueda atraer. En el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado seguimos trabajando para poner al servicio de la sociedad una formación de alta calidad en colaboración con la Universidad y nuestras Fuerzas Armadas.