Desde su aparición en 1980, Seguritecnia ha sido más que una revista técnica. El sector de la Seguridad Privada, que comenzaba su andadura atomizado y disperso, con intereses contrapuestos en numerosas ocasiones, necesitaba un medio de prensa que diera visibilidad a sus avances; pero, sobre todo, necesitaba un referente que sirviera de aglutinante a las diferentes sensibilidades que iban conformando su naturaleza y su propia proyección.
Así pues, Seguritecnia no se limitó a dar cuenta de los acontecimientos y novedades que se producían en el sector, sino que emprendió el camino de intervenir en la configuración misma del modelo de seguridad que se iba desarrollando en torno a los operadores privados. Más de 500 números, más de 50.000 páginas, cientos de conferencias, jornadas y congresos y un largo etcétera de actividades constituyeron otros tantos foros de debate que permitieron compartir ideas y experiencias para promover buenas prácticas y elevar la calidad de los servicios privados de seguridad.
Tratando de inyectar estímulos al sector naciente, Seguritecnia instituyó los Trofeos Internacionales de la Seguridad que, en sus diferentes modalidades, vienen a premiar a las empresas, entidades, instituciones y profesionales del ámbito público y privado que se distinguen por sus buenas prácticas a lo largo de cada año. En la cúspide de estos premios se sitúa en los últimos años el Trofeo Ramón Borredá, que reconoce la labor de profesionales del sector de la seguridad (pública y privada) que destacan por sus valores éticos, su trayectoria profesional y su contribución a la seguridad en España.
Desde esta visión de su ámbito objetivo, Seguritecnia acumuló a lo largo de sus años de servicio al sector un exacto conocimiento de su situación real, así como de sus fortalezas y debilidades. Consecuencia de este conocimiento y de su acción divulgativa fue, además de las sinergias generadas, la toma de conciencia general de la necesidad de perfeccionar el modelo de seguridad mediante la coordinación de esfuerzos de todos los actores concernidos.
Nuestra revista siguió esta pauta de actuación durante más de 30 años con excelentes resultados, hasta que la tercera generación de la familia Borredá nos hicimos cargo de su dirección, con nuevas ideas, nuevos proyectos y fuerzas renovadas para ejecutarlos. El negocio de la comunicación seguía siendo prioritario, pero había que buscar la fórmula para aprovechar y potenciar el caudal de conocimiento acumulado y aplicarlo directamente a la mejora del sector desde los mismos parámetros de independencia, rigor y fiabilidad que nos legó mi abuelo, Ramón Borredá, fundador de Seguritecnia.

Nace así la Fundación Borredá como entidad con vocación de servicio al supremo interés de la seguridad, en todos sus ámbitos y profesiones. En sus estatutos se fija como objeto diseñar, promover, estudiar y llevar a cabo todas aquellas actividades relacionadas con la seguridad, tanto pública como privada. El plan establecido se centra en apoyarse en la experiencia de Seguritecnia, absorber su conocimiento y avanzar en la construcción de un referente para el sector, desde una óptica alejada de cualquier interés comercial, con el rigor por bandera.
El 14 de febrero de 2012, fecha en la que mi abuelo hubiera cumplido años, algunos de sus hijos y nietos fundamos este noble y querido proyecto, incorporando al patronato a su buen amigo Francisco Muñoz Usano que hizo de hilo conductor de la visión, pasión y compromiso de mi abuelo por la Seguritecnia y me permite comprender la magnitud de su legado y crear un espacio de profunda conexión que da sentido a mi vida profesional.

Así ve la luz la Fundación Borredá, coincidiendo con un momento de profunda transformación del mundo de la seguridad. Está iniciando su recorrido la Ley de Protección de Infraestructuras Críticas, que supone un vuelco total en las prácticas de seguridad conocidas hasta entonces: priman la corresponsabilidad y la planificación, mientras que la Administración acompaña a las empresas en la tarea de preparar su propia protección. Y todo ocurre sin necesidad de un régimen sancionador que imponga el cambio.
Colaboración público-privada
Desde el primer momento, comprendimos que fomentar la colaboración público-privada marcaría el destino de la Fundación, poniendo en marcha cuantas acciones divulgativas y formativas estaban a nuestro alcance.
Entre otras, la organización del Congreso anual de Protección de Infraestructuras Críticas junto al Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC), las Jornadas de Seguridad Aeroportuaria, en colaboración con la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), o las Jornadas de Seguridad Portuaria junto a Puertos del Estado llevan más de una década generando las mejores sinergias entre la Administración, el usuario final y la industria de calidad. A día de hoy, seguimos colaborando en su evolución hacia los nuevos requerimientos normativos, en particular de las directivas europeas sobre Resiliencia de las Entidades Críticas (CER) y sobre Seguridad de las Redes y Sistemas de la Información (NIS2), que se produce desde la misma visión de colaboración público-privada que inspiró su creación.
Seguridad integrada
Antes ya de la aparición de la normativa PIC, Seguritecnia fue pionera en apostar e impulsar un modelo de seguridad integral que cerrara la puerta a la formación de silos en la seguridad de las organizaciones, que dividen en lugar de multiplicar las capacidades de los actores de seguridad implicados. La línea de eventos conocida como Jornadas de Seguridad Integral (Seg²) apuntaba en esa dirección y constituyó un notable impulso a la concienciación sobre la necesidad de caminar hacia la convergencia de todas las seguridades, especialmente entre la seguridad física y la ciberseguridad.
El Sistema PIC, que preconizaba la adopción de un modelo de seguridad integral para las entidades críticas, vino a dar el espaldarazo definitivo a esta tendencia, pero el camino de la integración no resultaba fácil: directivas europeas divergentes, corporativismos trasnochados, resistencia al cambio y una acción de gobierno que confundió la transformación digital con la seguridad de las redes perturbaron la naciente cultura de integralidad que comenzaba a fraguarse en las organizaciones.

Desde la Fundación Borredá seguimos, no obstante, apoyando incondicionalmente un modelo integral de seguridad, conscientes de que no caben actuaciones aisladas cuando está en juego la seguridad de todos.
Ante este reto, nuestro papel se seguirá centrando en acercar todos los ámbitos relacionados con la protección, seguridad y la defensa, para que, a través del conocimiento mutuo, se fortalezca su colaboración.
Nuestra imbricación en diferentes ámbitos, a través de las publicaciones del grupo editorial Borrmart, nos coloca en una posición inmejorable para un adecuado análisis de la situación.
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