El 23 de julio de 2025, el Tribunal Internacional de Justicia emitió una «opinión consultiva» (advisory opinion) sobre una solicitud de ciertos activistas climáticos para que el Tribunal decidiera si los países que «no están protegiendo el clima1» son culpables de «conducta internacionalmente ilícita«.
Usted, lector, acaso se pregunte qué es el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ2) y qué tiene que decir en materia climática. Es una buena pregunta. Vamos a ver las respuestas.
El TIJ decide sobre controversias jurídicas entre Estados y emite opiniones consultivas3 sobre asuntos que le someta cualquier órgano o institución de la ONU4, a la manera de Juan Palomo.
El TIJ carece de fuerza obligatoria. Sus sedicentes sentencias son solo un envoltorio de las políticas de la ONU en algunas materias. En el caso que nos ocupa, pretende que las discrepancias sobre el antaño llamado «calentamiento global», ahora «cambio climático«, queden resueltas por decisión judicial. Siempre se puede ser más grotesco, pero no es fácil minimizar los efectos para los países miembros de la ONU de esta risible decisión de un organismo inane.
El fracaso de la ONU
Como ustedes saben, Naciones Unidas tiene un objetivo constitutivo: mantener la paz entre las naciones. Se lo he contado en varios artículos5. La conclusión es que el más rotundo fracaso la ha acompañado siempre. Si la ONU no ha seguido el camino de la Sociedad de Naciones, es porque los Estados Unidos forman parte de ella. Pero los Estados Unidos se han cansado. Lo han hecho desde hace décadas, pero solo ahora, durante la presidencia de Donald John Trump, se está evidenciando.
En este caso, la Corte Internacional de Justicia (ICJ, por sus siglas en inglés) fue preguntada si los países que no «protegen el clima6» eran culpables de no hacerlo. Y la ICJ dijo que sí, claro. Asegurando que «el medio ambiente7 es el fundamento de los derechos humanos«, la ICJ ha aseverado que la ciencia es, a la vez, inequívoca y consensuada8, sin importar lo que ocurra fuera de la sala en el Palacio de la Paz en La Haya. Y dio un paso más: ya que los países están moralmente obligados a abandonar los hidrocarburos, se les puede obligar a que lo hagan9 en realidad, así como a «reparar» los «daños al clima» y a reestructurar sus redes eléctricas.
Esto es socialismo judicial, un manifiesto político tras el frufrú de las togas. Para ser una opinión consultiva, parece que se les ha ido la mano. Y en cuanto al alcance, ya ven: todos los países miembros de la ONU deberían ir «caminito de La Haya», según la ICJ, cuyas carreras de miembros no son precisamente ejemplares en materia jurídica.
¿Basta con ser miembro de la ONU para estar obligado a seguir las excentricidades de la ICJ? No. Hay que ser miembro de la United Nations Framework Convention on Climate Change10 y, además, signatario del Acuerdo de París. ¿Y quién cree usted, lector, que son los países concernidos? El objetivo son los países de economía de mercado, como es de rigor. Y contra ellos va el conglomerado de intereses totalitarios que constituye la ONU hoy en día.
El caso de Estados Unidos
Esta no-sentencia no concierne a los Estados Unidos, que abandonaron la CIJ en 1986. Por cierto, los Estados Unidos no solo han dejado de estar sometidos a la CIJ, sino asimismo al Acuerdo de París, a la UNRWA (Agencia de la ONU para los refugiados palestinos), a la OMS (Organización Mundial de la Salud), al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y, a partir de agosto de 2026, a la UNIFIL, básicamente porque UNIFIL11 deja de existir. Parece evidente que salir por completo de la organización como un todo es cuestión de tiempo, probablemente el que tarde el presidente de los Estados Unidos en resolver los aspectos comerciales que le ocupan y en dejar pendiente de firma la paz en Ucrania.
Puesto que es obvio que la ONU ha perdido completamente su función originaria (nunca la ha cumplido, de hecho), constituye un enorme pozo sin fondo que absorbe recursos en beneficio únicamente de sus funcionarios y directivos, y está dominada por la República Popular China y la Conferencia Islámica (ahora Organización para la Cooperación Islámica). Así, más países seguirán el camino de los Estados Unidos y saldrán de la organización, que implosionará acto seguido al carecer de financiación suficiente12. Si el organismo sobrevive en versión reducida, dónde situará la nueva sede es un asunto irrelevante.
Un nuevo escenario
Todo esto dibujará un nuevo escenario internacional, caracterizado por la práctica desaparición de los vínculos multilaterales dominantes y su sustitución por polos de poder localizados en Estados Unidos y en la República Popular China, con excrecencias en Rusia, India y todavía en la Unión Europea, mientras perviva.
Estas son las perspectivas. Y ahora, la función: ¿en qué influye el marco internacional que se está dibujando en los procesos de toma de decisiones en materia de inteligencia y seguridad en la empresa que deben seguir los agentes económicos a la hora de efectuar sus aproximaciones a la globalización? O, dicho de otra manera, ¿cómo afectará este nuevo entorno a las empresas que aspiren a salir de España para operar en el exterior?
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